Lyon, Francia, 13 de septiembre de 1924 – Los Angeles, California, Estados Unidos, 28 de marzo de 2009

Maurice Alexis Jarre, compositor y director de orquesta francés mundialmente conocido por sus excelentes bandas sonoras para los filmes de David Lean, Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, 1962) y Doctor Zhivago (1965), con una importante carrera en la música de cine que lo colocó entre los más grandes compositores de todos los tiempos, en la que no solo desarrolló su talento para las orquestaciones sinfónicas tradicionales, sino que, en los años 80, se permitió experimentar con sonidos electrónicos.

Hijo de padres de ascendencia rusa, Gabrielle Renée y André Jarre, éste director técnico de la radio de Lyon, el joven Maurice no tenía conocimientos musicales y estaba más interesado en los deportes. Comenzó a estudiar ingeniería en la Sorbona, pero a los 16 años, luego de escuchar por primera vez la “Rapsodia Húngara” de Franz Liszt, se transformó en un apasionado por la música y decidió que sería director de orquesta, obligado a resistir la oposición de su padre que no consideraba seria la profesión musical. Contra la voluntad de éste, dejó la Sorbona y se inscribió en el Conservatorio Nacional de Música de París para estudiar composición y armonía, donde recibiría la influencia de sus maestros Jacques de la Presle, Louis Aubert y Arthur Honegger. En homenaje a este último compuso en 1956 una de sus obras más tempranas, “Passacaille”.

Uno de los requerimientos académicos del Conservatorio era que el alumno debía elegir cinco diferentes estilos musicales étnicos para profundizar sus estudios. Jarre se interesó en músicas exóticas de la India, Rusia, Japón, Sudamérica y Arabia. Curiosamente, todas ellas le resultarían esenciales y las aplicaría en sus partituras para el cine, otorgándoles una amplitud musical y un dominio que pocos músicos poseían.

Intentó aprender a tocar el piano, pero la edad que ya tenía le impedía ejecutarlo con la debida flexibilidad en los dedos, así que siguiendo el consejo del director de orquesta Charles Munch, se decantó por la percusión, que le permitió comprender la real importancia del ritmo, y se centró en perfeccionar sus estudios musicales. Según Munch tenía un excelente sentido del ritmo. Se graduó como timbalero y comenzó a tocar en orquestas de radio y sinfónicas. “Ser percusionista era ideal para mí. Podía escuchar todo lo que pasaba en la orquesta,  y en las largas pausas entre los platillos y los timbales podía descansar un poco y apreciar los otros instrumentos.”[1] 

Después de graduarse, conoció al compositor Pierre Boulez y trabajó con él durante cuatro años como adaptador de piezas musicales para el teatro para la compañía de Jean-Louis Barrault, y entre 1951 y 1963 fue director musical del Teatro Nacional Popular de Francia, que dirigía su fundador, el actor Jean Vilar. Allí tiene la oportunidad de escribir música para tablas basadas en libros de Albert Camus, Jean Cocteau y André Breton, y componer una amplia variedad de piezas para obras teatrales como “Lorenzaccio”, “Richard II”, “Prince de Houmbourg”, “Nuclea”, “Don Juan” y “Macbeth”, muchas de ellas protagonizadas por el propio Vilar, Gerard Philipe y Jeanne Moreau.

LOS INICIOS EN LA MUSICA DE CINE Y OBRAS DE CONCIERTO

Gracias a estas experiencias comienza una importante colaboración con el director Georges Franju, debutando en la música de cine con el cortometraje documental El hotel de los inválidos (Hotel des Invalides, 1952), relación que continuaría con las partituras para los filmes La cabeza contra la pared (La téte contre les murs, 1959), Ojos sin rostro (Les yeux sans visage, 1960), Pleins feux sur l’assassin (1961), Relato íntimo (Thérèse Desqueyroux, 1962) y Judex (1963). Entre fines de los años cincuenta y principios de los sesenta, trabajaría con muchos otros realizadores franceses y europeos, como Gérard Oury, Laslo Benedek y Henri Verneuil, y se lo consideraría el heredero espiritual de cierta música cinematográfica “a la francesa”.

En los inicios de la década del sesenta, le pondría música a dos películas no totalmente francesas, ambas dirigidas por Richard Fleischer, Una grieta en el espejo (Crack in the Mirror, 1960), protagonizada por Orson Welles, Juliette Grecó y Bradford Dillman, y La gran apuesta (The Big Gamble, 1961), con Stephen Boyd y, otra vez, Juliette Grecó. Eran producciones de la 20th Century Fox norteamericana y el magnate Darryl Zanuck, en las que trabajaron actores y técnicos galos.  

Pese a la gran demanda que lo ceñía al cine, Jarre encontró tiempo para componer música para concierto, siendo muchos de sus trabajos de ese período piezas experimentales y de naturaleza avant garde, y algunos ballets en los que demostró su sensibilidad dramática y romántica como “Masques des Femmes” (1952), “Maldoror” (1957), “Facheuse rencontré” (1958), “Le poete assassine· (1963) y “Notre Dame de Paris” (1965), este último coreografiado por Roland Petit.

Otros trabajos concertísticos incluyen la ópera para radio “Ruisselle” (1954), con la que ganó un premio; “Mouvements en relief” (1954), una suite para percusión y piano; “Concerto for Percussion and Strings” (1956); “Polyphonies concertantes” (1959); “Ronde de la nuit” (1960); Fanfares d’Alexandre” (1960); “Mobiles” (1961), escrita para el violinista Devy Erlih y orquesta; “Cantates pour une demente” (1964), para soprano, contralto, coro y orquesta, sobre textos de auténticas cartas escritas por internos de asilos de locos; dos obras de teatro, “Loin de Rueil” (1961) y “Ubu” (1964); y su concierto en cuatro movimientos para el instrumento de válvula electrónica denominado E.V.I. (1995).  

DAVID LEAN Y LA CONSAGRACION

1962 sería el año en el que Maurice Jarre pasaría del cine intimista francés directamente a las superproducciones de Hollywood y el cine británico. Sería el año de El día más largo (The Longest Day), multiestelar y gigantesco clásico del cine bélico que recreaba el desembarco en Normandía, el Día D en la Segunda Guerra Mundial, otra vez para la Fox de Zanuck y, muy especialmente, Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia), del legendario cineasta británico David Lean, cuya maravillosa e inspirada partitura, además de conseguirle su primer Oscar de la Academia, lo catapultaría a la fama y al estrellato en la música de cine, además de iniciar una colaboración con el director tan fructífera como las de Hitchcock y Bernard Herrmann, Sergio Leone y Ennio Morricone, o Spielberg y Williams. De esta colaboración nacerían sus espléndidas bandas sonoras para Doctor Zhivago (1965), con su extraordinaria y famosísima melodía compuesta para el “tema de Lara”, el personaje protagonista encarnado por Julie Christie, que le granjearía su segundo Oscar y en la que hizo una profusa utilización de la balalaika[2]; La hija de Ryan (Ryan’s Daughter, 1970), para la que decidió evitar la música tradicional irlandesa y su canción “It Was a Good Time” fue versionada por artistas como Eydie Gorme y Liza Minnelli; y Pasaje a la India (A Passage to India, 1984), una partitura cuestionada por muchos por descolorida y repetitiva en su estructura y motivos, con la que, sin embargo, obtendría su tercer Oscar.

TALENTO, VERSATILIDAD Y UN SONIDO MUY PERSONAL

Su filmografía incluye más de 140 películas para cine y televisión y abarca todos los géneros: drama, aventuras, thriller, western, bélico, policial, ciencia ficción, terror, comedia, épico, lo que demuestra su versatilidad y enorme talento.

Pero además, durante los sesenta y setenta, Jarre construye un estilo musical muy propio y personal, un régimen armónico y melódico de un perfil tan característico que hace que sus obras sean inmediatamente reconocidas como suyas, un verdadero “sonido Jarre” que, como contrapartida, lleva en su interior el vicio, muchas veces criticado, de su empleo indiscriminado y repetitivo en cualquiera de los géneros cinematográficos en los que el compositor se inmiscuyó. Sin embargo, no se puede negar su natural talento para adecuar su música a los diferentes países o localizaciones en los que se desarrollara la acción, y una especial aptitud para la música marcial o la fanfarria, que marcaría sus trabajos en películas como los westerns Los profesionales (The Professionals, Richard Brooks, 1966) y Villa cabalga (Villa Rides, Buzz Kulik, 1968), las bélicas ¿Arde París? (Paris brule-t-il? / Is Paris Burning?, René Clément, 1966) y La noche de los generales (The Night of the Generals, Anatole Litvak, 1967), y la impresionante Grand Prix (John Frankenheimer, 1966), con una marcha brillante y mundialmente famosa, ya icónica como motivo musical par identificar lo “deportivo”.

Ya consolidado como el más importante, famoso y respetado de los compositores cinematográficos europeos, tiene la oportunidad de trabajar con cineastas como Alfred Hitchcock en Topaz (1969)[3]; William Wyler en El coleccionista (The Collector, 1965) una de sus obras más reconocidas por sus fans; Karel Reisz en Isadora (1968); George Stevens en El único juego de la ciudad (The Only Game in Town, 1970); Luchino Visconti en La caída de los dioses (La caduta degli dei / The Damned, 1969); John Guillermin en El cóndor (1970); Arthur Hiller en Eso del matrimonio (Plaza Suite, 1971); Terence Young en Sol rojo (Soleil Rouge, 1971); Fred Zinnemann en Y llegó el día de la venganza (Behold a Pale Horse, 1964); Henry Hathaway en El póker de la muerte (5 Card Stud, 1968); Luis García Berlanga en Tamaño natural (Grandeur nature, 1974); Elia Kazan en El último magnate (The Last Tycoon, 1976); y Clint Eastwood en Firefox: El arma definitiva (Firefox, 1982).

COLABORACIONES HABITUALES Y EXPERIMENTACIONES ELECTRONICAS

Además de la mencionada relación con David Lean, Jarre destacó por su fidelidad a ciertos directores que lo convocaban con habitualidad, manteniendo interesantes colaboraciones con varios importantes cineastas:

Para John Frankenheimer compuso El tren (The Train, 1964), la mencionada Grand Prix, El hombre de Kiev (The Fixer, 1968), y The Extraordinary Seaman (1969).

John Huston le encargó El juez de la horca (The Life and Times of Judge Roy Bean, 1972), El hombre de Mackintosh (The MacKintosh Man, 1973), y El hombre que pudo reinar (The Man Who Would Be King, 1975).

Con su música para las dos megaproducciones épicas de Moustapha Akkad, Mahoma, el mensajero de Dios (The Message, 1976), por la que fue nominado al Oscar, y El león del desierto (Lion of the Desert, 1980), Jarre volvió a utilizar la orquestación oriental que tan buenos resultados le había dado en Lawrence de Arabia;  

En la década del ochenta, quizás influenciado por el éxito de su hijo, el conocido tecladista Jean-Michel Jarre, Maurice incursiona en la música electrónica, a la vez que comienza otra fructífera relación con un director que marcará su carrera en los años siguientes, el australiano Peter Weir, para quien crea música caracterizada por sus connotaciones atmosféricas y construidas sobre la base de sintetizadores con los que estaba experimentando, en cintas como El año que vivimos peligrosamente (The Year of Living Dangerously, 1982), Unico testigo (Witness, 1985), La costa de los mosquitos (The Mosquito Coast, 1986), El club de los poetas muertos (Dead Poets Society, 1989), por la que ganó un premio de la Academia Británica, y Sin miedo a la vida (Fearless, 1993).

En esta etapa fue objeto de algunas críticas que lo acusaban de que la pretendida experimentación en los sintetizadores tenía su motivación en la comodidad más que en la estética. Lo desmintió puntualizando que su trabajo en Witness, por ejemplo, había resultado mucho más laborioso que si hubiese sido orquestal.

MAS TRABAJOS EN CINE Y TELEVISION – DECLIVE

Otras partituras para el cine, importantes en su carrera fueron El tambor de hojalata (Die Blechtrommel, Volker Shlöndorff, 1979), Taps, más allá del honor (Taps, Taylor Hackford, 1981), En nombre de todos los míos (Au nom de tous les miens, Robert Enrico, 1983), Top Secret (Jim Abrahams, David Zucker, 1984), La gran huida (Dreamscape, Joseph Ruben, 1984), Mad Max, más allá de la cúpula del trueno (Mad Mad III: Beyond Thunderdome, George Miller, 1985)[4], Enemigo mío (Enemy Mine, Wolfgang Petersen, 1985), No hay salida (No Way Out, Roger Donaldson, 1987), Atracción fatal (Fatal Attraction, Adrian Lyne, 1987), Gorilas en la niebla (Gorillas in the Mist, Michael Apted, 1988), La escalera de Jacob (Jacob’s Ladder, Adrian Lyne, 1990) y Un paseo por las nubes (A Walk in the Clouds, Alfonso Arau, 1995).

Párrafo aparte merece la banda sonora que compuso para Ghost (Más allá del amor) (1990) de Jerry Zucker, por la que obtuvo una nueva nominación al Oscar, ya que se hizo popular la canción “Unchained Melody” interpretada por The Righteous Brothers a quienes la memoria colectiva adjudicó la autoría. Sin embargo, la canción no era de dicho grupo y tampoco la había escrito Jarre, sino uno de los grandes compositores de música de cine, Alex North, para el film Unchained (Sin cadenas), un film noir de clase B de 1955 dirigido por Hal Bartlett. North fue nominado al Oscar por dicho tema.

En televisión deja su impronta en más de 25 producciones, como la tv movie Enola Gay: The Men, the Mission, the Atomic Bomb (David Lowell Rich, 1980), pero se lo recordará más que nada por sus partituras para las miniseries de tremendo éxito Jesús de Nazaret (1977) producida por Dino de Laurentiis, protagonizada por Robert Powell, y Shogun – Señor de Samurais (Shogun, Jerry London, 1980), con Richard Chamberlain y Toshiro Mifune, basada en el best seller de James Clavell. En 1986, Jarre le pondría música a otra novela de Clavell llevada al cine, Tai-Pan, dirigida por Daryl Duke y con Bryan Brown y Joan Chen en los papeles estelares.

Su producción musical decae a partir de la década del noventa, mientras se dedica más a su labor como director de orquesta ofreciendo conciertos de sus bandas sonoras por todo el mundo.

PREMIOS

Jarre fue nominado 9 veces al Oscar de la Academia y lo ganó en 3 oportunidades como ya vimos: Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago y Pasaje a la India. También tuvo 10 nominaciones a los Globos de Oro, que ganó 4 veces.

La música de Jarre de las tres películas mencionadas, más La hija de Ryan, fueron incluidas en la lista de las más grandes bandas sonoras de todos los tiempos del American Film Institute.

En 1994 recibe la Legión de Honor francesa por su importante contribución a la música y la estrella número 2001 con su nombre, es instalada en el Paseo de la Fama de Hollywood. En 1996 es homenajeado por la Sociedad para la Preservación de la Música de Cine en una cena ofrecida por la Universidad del Sur de California. En 2003 anunció su retiro definitivo de la composición musical para el cine.

VIDA PRIVADA

Maurice Jarre se casó cuatro veces. De su primer matrimonio en 1946 con Francette Pejot, que había combatido en la Resistencia francesa, nació su hijo, Jean-Michel Jarre , afamado compositor, teclista y productor musical, considerado uno de los pioneros en la música electrónica. Cuando Jean-Michel tenía cinco años, Maurice se separó de su esposa y se trasladó a los Estados Unidos, dejando a Jean-Michel con su madre en Francia. Se nacionalizó estadounidense y se radicó en Los Angeles. En 1965, se casó con la actriz francesa Dany Saval y con ella tuvon una hija, Stephanie Jarre. Dos años después se divorció y se casó con la actriz estadounidense Laura Devon, con la que adoptó un niño, Kevin Jarre, más tarde guionista en películas taquilleras como Rambo: Acorralado – Parte II (1985), Tiempos de gloria (1989), Tombstone: La leyenda de Wyatt Earp, (1993), La sombra del diablo (1997) y La momia (1999). Desde 1984 hasta su muerte estuvo  casado con Fong Fui Khong. Murió luego de una larga lucha contra el cáncer.

PREMIOS

Jarre con Laura Devon 

Con su hijo, el teclista Jean-Michel Jarre

Maurice con su última esposa Fong Fui Khong

EPILOGO

Por lo general, el mote de “leyenda del cine” se aplica a grandes actores, actrices y directores. Sin embargo, el tiempo ha hecho que esa denominación también se reserve para nombres ligados a la historia del cine en sus apartados técnicos. Así, se han convertido en legendarios los nombres de Ray Harryhausen, Willis O’Brien y Stan Winston por sus criaturas, Jack Pierce por sus maquillajes, Douglas Trumbull, John Dykstra y Dennis Muren por sus efectos visuales, o Vilmos Zsigmond, Vittorio Storaro y Freddie Young por su fotografía, entre muchos otros.

Por la enorme trascendencia de algunas de sus bandas sonoras, de gran inspiración y belleza, y por su contribución a la música del séptimo arte, Maurice Jarre se ha ganado el derecho a integrar esa exclusiva lista de leyendas del cine.

Referencias:

[1] Citado en el cuadernillo de la edición discográfica de Lawrence of Arabia de Silva America 1992.

[2] La balalaika es un instrumento de cuerda ruso de madera, característico por su aspecto triangular y su particular sonido. 

[3] Hitchcock no quedó satisfecho con Topaz, pero le dijo a Jarre: “No te he dado una gran película, pero me has dado un gran score”.

[4] Para Mad Max III, Jarre compuso una partitura para orquesta completa y coro, en la que utilizó cuatro pianos de cola, un órgano de tubos, didgeridoo (instrumento de viento originario de los aborígenes de Australia), fujara (enorme flauta de madera oriunda de Eslovakia), una batería de percusión exótica y tres Ondes Martenot.

Con los resultados tan frescos de El puente sobre el río Kwai, David Lean no dudó un minuto en volver a convocar a Malcolm Arnold, e intentó luego interesar a Sir William Walton, pero no pudo ser. Finalmente, el elegido fue Maurice Jarre, luego de que Lean y Sam Spiegel quedaran impresionados por su música de corte exótico para Sibila (Cybéle o Les dimanches de Ville d’Avray, 1962). Jarre comenzaba a ser reconocido como el nuevo Maurice Jabert de la música francesa.

Una de las circunstancias más curiosas e interesantes en lo que hace al ítem musical es la participación del celebérrimo Ludwig van Beethoven en la gran contienda. Por supuesto que esa participación no fue física, ya que el músico germano murió en 1827. Su espíritu e influencia estuvo presente a través de su música pero, no en las filas de sus compatriotas alemanes, sino en la causa de los ejércitos aliados…

Uno de los más populares temas musicales de la historia del cine bélico fue, sin duda, “The Longest Day March”, la marcha de la película El día más largo (The Longest Day, Ken Annakin, Andrew Marton, Bernhard Wicki, 1962), que contrariamente a lo que muchos creen, no fue compuesta por Maurice Jarre, que tuvo a su cargo la banda sonora de la película, sino por un joven cantante que…

Deja una respuesta