El vienés romántico que el viento se llevó

por Eduardo J. Manola

Viena, Austria-Hungría (hoy Austria), 10 de mayo de 1888 – Hollywood, Los Angeles, California, Estados Unidos, 28 de diciembre de 1971

Maximilian Raoul Walter Steiner, fue uno de los más prolíficos y prestigiosos compositores de música de cine de todos los tiempos, con más de 240 bandas sonoras en su haber, 24 nominaciones y 3 Oscars, considerado uno de los pioneros de la música incidental como parte integrante y funcional de la banda sonora, a la que revolucionó con la implementación de un estilo sinfónico y deudor del más puro romanticismo musical clásico. Ha gozado siempre de la admiración de un público muy fiel a su obra, venerado por el adicto a la banda sonora como si fuera una deidad. Con una impresionante capacidad para la melodía, sabía combinar música e imagen con gran criterio.

Nació en Viena, por aquel entonces una de las cunas de la música, en el seno de una familia judía bien acomodada y muy vinculada al mundo teatral y a la sociedad vienesa. La madre era bailarina y Johann Strauss fue padrino de Max. Luego de abandonar la Universidad Tecnológica, dadas sus inclinaciones artísticas, ingresa en la Academia Imperial de Música, donde su enorme talento es advertido por grandes compositores como Gustav Mahler y Robert Fuchs, que se ofrecen a darle clases particulares. Estudia armonía, composición, contrapunto y aprende a tocar varios instrumentos.

Rápidamente destaca como compositor de opereta y como director de orquesta, viaja a Moscú y a Hamburgo, y obtiene un gran éxito dirigiendo “Die lustige Witwe” de Franz Léhar, hecho que hace que sea invitado a dirigirla en Londres en 1906. Así, Steiner se muda a esa ciudad y trabaja como compositor y director de obras teatrales y de sinfonías hasta 1914, pues al estallar la Primera Guerra Mundial es considerado enemigo por los ingleses, por ser austriaco, y pierde su trabajo. Gracias a su amistad que tenía con el duque de Westminster, consigue un salvoconducto para salir de Inglaterra y huye América, llegando a Nueva York en diciembre de 1914 en situación de absoluta miseria. Sin embargo, allí logra empezar a trabajar en Broadway apenas llegado a Nueva York, no como compositor sino como director e incluso como arreglista y orquestador de comedias musicales de Victor Herbert, Vincent Youmans, Jerome Kerns y George Gershwin, para quien trabajará en “Lady Be Good” en 1924. En 1927 orquestará y dirigirá el musical “Rio Rita” de Harry Tierney. Dado el éxito, en 1929 será llamado a Hollywood por la RKO para dirigir la música de la adaptación cinematográfica del musical, así que se traslada de inmediato a Los Angeles, y allí comienza su carrera en el cine, que jamás abandonará y será con dedicación exclusiva. Firma contrato con la RKO y comienza, como todos sus colegas en los inicios del sonoro, dirigiendo y arreglando películas musicales, entre ellas varias de la pareja Fred Astaire-Ginger Rogers, alternando con alguna que otra composición. En esa época todavía la música de cine no tenía la incidencia que logró con el tiempo, sino que cuando se requería alguna música incidental, compuesta original y específicamente para un film, las partituras se reducían a unos pocos minutos. Pero así y todo, Steiner fue el director musical que más creaciones propias logró insertar en sus películas.

Entre sus primeros trabajos relevantes se cuenta el western Cimarron (Wesley Ruggles, 1931) y Ave del paraíso (Bird of Paradise, King Vidor, 1932), una cinta de aventuras que, atención, tenía como productor ejecutivo a David O. Selznick, quien ese mismo año le encargaría componer un tema para la apertura de La melodía de la vida (Symphony of Six Million, Gregory La Cava). Selznick queda encantado con el tema, así que le pide que escriba más música. Esta sería una de las primeras bandas sonoras largas compuestas para una película.

A partir de allí, seguirían Trece mujeres (Thirteen Women, George Archainbaud, 1932), Los conquistadores (The Conquerors, William A. Wellman, 1932) y El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, Irving Pichel y Ernest B. Shoedsack, 1932). En esta última conocería a Shoedsack, que en 1933 codirigiría con Merian C. Cooper la película que lo lanzaría al estrellato musical y haría aparecer el verdadero “estilo Steiner”: Era 1933 y nacía la octava maravilla del mundo: KING KONG.

La RKO en principio no tenía intención de utilizar una partitura completa para King Kong, pero los resultados de los efectos especiales eran tan decepcionantes que imaginaron que el público se rajaría en carcajadas al ver en acción los muñecos de Willis O’Brien movidos con la rudimentaria técnica del stop-motion, así que llamaron a Steiner y le dieron vía libre para componer una extensa partitura que apoyara todo el film. Fue una apuesta riesgosa ya que en esos tiempos se evitaba incorporar música que acompañara los diálogos de los personajes, por temor a que estos se perdieran, criterio al que se oponían Steiner y su colega Alfred Newman, que consideraban que la música podía realzar las emociones del film, además de ayudar a ambientarlo. Ambos lucharon por ello, y fueron pioneros en la creación de la música de cine tal como se la concibió a partir de ese momento, con una gran riqueza cromática y temática.

La costumbre de insertar en las películas música solo para los títulos principales y finales, y alguna música diegética en el tronco de la trama, se iría trastocando hacia la construcción de una partitura completa, y finalmente derivando a un extremo en el que la música invadía prácticamente todo el metraje, sin interrupción, colándose hasta en los diálogos. Mujercitas / Las cuatro hermanitas (Little Women, George Cukor, 1933) sería una de esas películas en las que todavía la música de Steiner no tendría tanta intromisión.

En 1934, recibiría sus dos primeras nominaciones a Mejor Música, ya en la nueva tendencia de “música integral” creada por él mismo: La alegre divorciada (The Gay Divorcee, Mark Sandrich) y La patrulla perdida (The Lost Patrol), una partitura ambiciosa para ese film bélico de John Ford ambientado en Mesopotamia, con unos ritmos irregulares que amplifica la tensión y que volverá a utilizar en otras películas como, por ejemplo, Casablanca.

En 1935 ganaría su primer Oscar por El delator (The Informer, John Ford), aunque no recibirá él personalmente la estatuilla sino el director musical, lo cual era costumbre en esa época. Durante este año compone La diosa de fuego (She, Lansing Holden & Irving Pichel) para el productor Merian C. Cooper, y Por la dama y el honor (The Three Musketeers, Rowland V. Lee).

Poco después, Selznik abandona la RKO y se lleva consigo a Steiner, que en 1936 compone la partitura de El jardín de Alá (The Garden of Allah, Richard Boleslawski), que le valdrá una nueva nominación al Oscar, y ese mismo año firma un contrato de excelentes condiciones con la Warner, comenzando una larga y fructífera asociación que se mantendrá hasta la década de los cincuenta, y que dará como resultado, en sus primeros tiempos, un promedio de ocho películas por año, prueba de su fecundidad máxime teniendo en consideración que sus partituras sinfónicas no bajaban de los 50 minutos de duración. Su primer trabajo para el Estudio será La carga de la brigada ligera (The Charge of the Light Brigade, Michael Curtiz, 1936), protagonizada por Errol Flynn y Olivia de Havilland, en el que ya comienza a mostrar su talento para subrayar las escenas bélicas y a utilizar el método del mickey mousing, recurso característico de los cartoons que replica con música cada movimiento o acción de los personajes o situaciones, y que Steiner llevaría al paroxismo en el cine.

La Warner tenía en su nómina de compositores, además de a Steiner, al gran Erich Wolfgang Korngold, un prestigioso compositor clásico recién llegado a Hollywood en 1935, que gozaba de un contrato privilegiado que le permitía limitar su tarea a una partitura al año y extremar entonces la calidad de sus obras. Steiner no tenía esa ventaja, trabajaba a destajo y llenaba todos los vacíos de todas las películas cuya música se le encargaba, y ello no mellaba su calidad, lo cual es de destacar pues, como dijimos, componía muchas partituras por año. Así, para Warner escribiría en esos tiempos La vida de Émile Zola (The Life of Emile Zola, William Dieterle, 1937) con Paul Muni, el film noir Angeles con caras sucias (Angels With Dirty Faces, Michael Curtiz, 1938) con James Cagney, Las hermanas (The Sisters, Anatole Litvak, 1938) y La patrulla del amanecer (The Dawn Patrol, Edmund Goulding), ambas con Errol Flynn, y Jezabel (Jezebel, 1938), una gran película de William Wyler protagonizada por Bette Davis y Henry Fonda, que le ofrece la oportunidad de escribir un bellísimo vals de ritmo vienés como tema principal y otro más intenso de sonoridad eslava, dejando al descubierto las claras influencias clásicas centroeuropeas de Steiner.

Max Steiner junto a su colega Adolph Deutsch

Simultáneamente, sigue trabajando con Selznik en El pequeño Lord (Little Lord Fauntleroy, John Cromwell, 1936), Ha nacido una estrella (A Star is Born, William A. Wellman, 1937) y Las aventuras de Tom Sawyer (The Adventures of Tom Sawyer, Norman Taurog, 1938), en la que muestra su capacidad para representar la música americana que dominaba por su experiencia de sus primeros años en los musicales de Broadway.

Selznik será quien lo elevará al Olimpo de la música de cine, con su siguiente, ambicioso y monumental proyecto: LO QUE EL VIENTO SE LLEVO (Gone With The Wind, 1939), la adaptación de la novela de Margaret Mitchell, dirigida originalmente por George Cukor y luego Victor Fleming, con algún aporte de Sam Wood, y protagonizada por Clark Gable y Vivien Leigh. Les contamos en profundidad la historia de esta magistral banda sonora de Steiner en artículo aparte: “Gone with the Wind: Max Steiner: La música que llegó con el viento”, al que pueden acceder en este enlace directo o en la caja que encontrarán al pie de esta biografía. En 1939, Max Steiner compondría Dodge, ciudad sin ley (Dodge City, Michael Curtiz) western con Errol Flyn y De Havilland, La solterona (The Old Maid, Edmund Goulding) con Bette Davis, Intermezzo (Intermezzo: A Love Story, Gregory Ratoff) con Ingrid Bergman, y Cuatro esposas (Four Wives, Michael Curtiz), todas para Warner, y recibirá dos nominaciones al Oscar, por Lo que el viento se llevó y por Amarga victoria (Dark Victory, Edmund Goulding, 1939), nuevamente para Bette Davis, con quien colaboraría en 18 películas en total, la reina indiscutible del melodrama, género en el que Steiner se mostró singularmente seguro y cómodo. Incomprensiblemente, se irá a casa sin ninguna estatuilla, que recayó en Herbert Stothart por su partitura de El mago de Oz.

La efectividad del trabajo de Steiner se basaba en un dispositivo que le permitía ver la película montada y cronometrar exactamente los tiempos de las escenas que necesitaba musicar, mientras desarrollaba los leitmotivs que, una vez compuestos, los adaptaba al tiempo señalado por el cronómetro, haciéndolos encajar perfectamente con las imágenes que pretendía subrayar. Este método le prodigó impactantes resultados en sus obras. Por otra parte, es del caso mencionar, que debido al cúmulo de trabajo que se le encargaba, Steiner se limitaba a la composición, dejando las orquestaciones en manos de Hugo Friedhofer, hasta que éste comience a ganarse un lugar como compositor y sea sustituido por Murray Cutter.

En 1940 destacará La carta (The Letter, William Wyler), de nuevo protagonizada por Bette Davis, partitura en la que recurrirá a sonoridades orientales que contribuyen a la ambientación de la película en el exótico Singapur, y por la que será nuevamente nominado al Oscar. Durante ese año compondrá también otros dos westerns para Flynn y dirigidos por Michael Curtiz, Oro, amor y sangre (Virginia City), en el que aparecía un Humphrey Bogart descolocado en su papel de cowboy, y Camino de Santa Fe (Santa Fe Trail), otra para la Davis, El cielo y tú (All This, and Heaven Too) y otro film noir de Cagney, Ciudad de conquista (City for Conquest), ambas dirigidas por Anatole Litvak. Le seguirán en 1941 El sargento York (Sergeant York) dirigida por Howard Hawks y protagonizada por Gary Cooper, por la que sería nuevamente nominado, y dos nuevas películas para Errol Flynn, Bombarderos en picado (Dive Bomber, Michael Curtiz) y el mítico western Murieron con las botas puestas (They Died With Their Boots On, Raoul Walsh), en el que nuevamente hace un uso exhaustivo del leitmotiv y el mickey mousing, que destaca en las escenas de la batalla de Little Big Horn del final de la película, en la que se advierten perfectamente los temas que identifican a los indios Sioux y al Séptimo de Caballería de los Estados Unidos, para el que utiliza la canción tradicional “Garry Owen” que fuera adoptada por ese regimiento como himno.

Dos de las mejores bandas sonoras de su carrera aparecerán en 1942. CASABLANCA, dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Bogart, Bergman y Claude Rains, será uno de sus hitos musicales, quizás no tanto por su partitura, que es bellísima y efectiva en todo su registro sinfónico, aunque uno de sus temas recuerda demasiado al de La patrulla perdida, sino más que nada, por la inserción de “La Marsellesa”, que sirve como leitmotiv de la resistencia anti-nazi, y en especial, la adaptación del tema “As time goes by” de Herman Hupfeld como tema de amor y que se eternizará en el inconsciente colectivo como uno de los clásicos de siempre, que Steiner incluyó en lugar de una canción suya que quería utilizar pero que no pudo pues ya había finalizado el rodaje de la película y no se podían volver a filmar algunas escenas, ya que Ingrid Bergman se había cortado el pelo para rodar Por quién doblan las campanas y no se encontró ninguna peluca para imitar su cabello. Así, la canción que Steiner pretendía componer no pudo incluirse. Casablanca, el film, ganaría el Oscar en 1944 (pues no entró en la competencia en 1943 como hubiese correspondido) y Steiner, nominado por la partitura, lo perdería frente a su colega de la Fox, Alfred Newman, por La canción de Bernadette.

La otra banda sonora de 1942 es LA EXTRAÑA PASAJERA (Now, Voyager, Irving Rapper), otro film protagonizado por Bette Davis, de gran belleza melódica y clara influencia del romanticismo clásico europeo de vertiente gala en su estilo y sonoridad. Esta vez Steiner se alzaría con su segundo Oscar en la ceremonia de 1943, y se lo lleva a casa pues ya los premios se entregan personalmente a los compositores.

Ya en 1944 destacan sus trabajos para Pasaje a Marsella (Passage to Marseille), de nuevo con Michael Curtiz detrás de cámaras, y Humphrey Bogart, Claude Rains, Peter Lorre y Sidney Greenstreet en los papeles principales de este relato bélico con el que Warner pretendía repetir el éxito de Casablanca; Las aventuras de Mark Twain (The Adventures of Mark Twain) otra vez para Irving Rapper, con Fredric March y Alexis Smith, nueva nominación al Oscar; y su colaboración con Frank Capra en la comedia negra Arsénico por compasión (Arsenic and Old Lace), protagonizada por Cary Grant, con una inteligente y sutil combinación de melodías románticas, grotescas y cómicas, e intrigantes que encastran como un guante con esta curiosa y alocada obra del mítico y celebrado cineasta.

Y ese mismo año vuelve a trabajar para Selznik en DESDE QUE TE FUISTE (Since You Went Away, John Cromwell), un drama ambientado en la Segunda Guerra Mundial,  de esposas e hijos que sobrellevan la ausencia del padre combatiente, con Claudette Colbert, Jennifer Jones y Joseph Cotten. Su tema principal logra transmitir ese sentimiento de vacío familiar a nostalgia por el marido ausente, y remite por su estilo nostálgico y su orquestación al tema de Tara de Lo que el viento se llevó, destacando además otros temas de carácter diverso como el asociado al perro, de melodía cómica ejecutada al fagot, y las citadas adaptadas de la canción de cuna de Brahms y la marcha nupcial de Mendelssohn. Con esta excelente partitura obtiene su tercer y último Oscar.

En los siguientes años, sus mayores éxitos serían Rapsodia en azul (Rhapsody in Blue, Irving Rapper, 1945), biopic de George Gershwin; Noche y día (Night and Day, Michael Curtiz, 1946) biopic de Cole Porter, ambos nominados al Oscar; y el más importante El sueño eterno (The Big Sleep, 1946) el gran clásico del cine negro de Howard Hawks con Bogart y Lauren Bacall, para el que elaboró sugestivos temas líricos que contrasta con el resto del score, típico del film noir. En 1947 volverá a ser nominado por partida doble por el musical My Wild Irish Rose de David Butler con Dennis Morgan, biopic del tenor irlandés Chauncey Olcott, y por la comedia de Michael Curtiz con William Powell, Irene Dunne y Elizabeth Taylor, Recursos de mujer (Life With Father).

1948 traería dos nuevos trabajos para películas de Humphrey Bogart dirigidas por John Huston, el film noir Cayo Largo (Key Largo), en la que logra captar la tensión permanente de la obra de Maxwell Anderson en la que se basa el film, y el drama de aventuras El tesoro de Sierra Madre (The Treasure of the Sierra Madre), con reminiscencias musicales mexicanas y una atmósfera opresiva que refleja la fiebre del oro. El burlador de Castilla (The Adventures of Don Juan, Vincent Sherman, 1948) lo hace entrar en un género que era privativo de Korngold, el de capa y espada, del que sale airoso con una partitura que reproduce la música tradicional española con el particular estilo hollywoodense. Belinda (Johnny Belinda, Jean Negulesco, 1948) es un drama que cuenta la historia de una joven sorda víctima de violación encarnada por Jane Wyman, cuyo tema principal, de exquisita belleza, transmite toda la inocencia de esta niña adulta como solo la sensibilidad musical de Steiner podía hacerlo. Logra una nueva nominación, y también al año siguiente, 1949, por la música de Más allá del bosque (Beyond the Forest, King Vidor) un nuevo vehículo para lucimiento de Bette Davis. De ese mismo año es la partitura de El manantial (The Fountainhead) también de King Vidor, con Gary Cooper, y en 1950 es nominado por otra magnífica partitura, la de El halcón y la flecha (The Flame and the Arrow) una cinta de aventuras medievales de Jacques Tourneur, con un atlético Burt Lancaster y su entrañable amigo saltimbanqui Nick Cravat, ambientada en el norte de Italia, para la que Steiner recurre a ritmos típicos italianos, como la tarantella, aunque hay quienes le critican su similitud con la Cuarta Sinfonía de Mendelssohn, conocida como la Sinfonía Italiana. También despliega toda su parafernalia musical para acompañar los saltos y volteretas de los protagonistas con un eximio uso del mickey mousing que tanto le gustaba.

A mediados de los 50 comienzan a cambiar los gustos musicales y la Warner empieza a requerir menos los servicios de Steiner y a cederlo a otras productoras. Así, sus trabajos se van intercalando en distintos Estudios, mientras va alternando géneros durante toda la década: en el épico, terreno cuya propiedad la detentaban Miklos Rozsa y Alfred Newman, compuso la música de El talismán (King Richard and the Crusaders, David Butler, 1954) y Helena de Troya (Helen of Troy, Robert Wise, 1956).

En el cine bélico, La flota silenciosa (Operation Pacific, George Waggner, 1951), con John Wayne, Más allá de las lágrimas (Battle Cry, Raoul Walsh, 1955), Los jóvenes invasores (Darby’s Rangers, William Wellman, 1958) y la partitura nominada de El motín del Caine (The Caine Mutiny, Edward Dmytryk, 1954), magistral drama militar basado en la novela de Herman Wouk, protagonizado por Humphrey Bogart y José Ferrer, para el que compone una espléndida marcha militar.

En el western le puso música a Dallas, ciudad fronteriza (Dallas, Stuart Heisler) y Cerco de fuego (Rocky Mountain, William Keighley) con Errol Flynn,  ambas de 1950; Tambores lejanos (Distant Drums, Raoul Walsh, 1951, con Gary Cooper, Hombres Violentos (The Violent Men, Rudolph Maté, 1955), El árbol del ahorcado (The Hanging Tree, Delmer Daves, 1959), y una de sus obras maestras, Centauros del desierto (The Searchers, 1956) la gran película de John Ford con John Wayne y Jeffrey Hunter, que insólitamente no fue nominada al Oscar. Ford prefería a Newman y a Victor Young, de estilos más sosegados, de menor presencia en el metraje, pero las circunstancias lo obligaron a recurrir a Steiner, que le entregó una partitura magistral, aunque puedan apreciarse claras referencias musicales a Murieron con las botas puestas en las sonoridades que dibuja para representar a los indios y en las secuencias de batalla.

En el final de la década del 50, Steiner acusa una considerable reducción del ritmo de su trabajo y, sin embargo, consigue gran éxito comercial con una nueva veta cinematográfica que se estaba abriendo camino a caballo de los gustos de las nuevas generaciones, especialmente de adolescentes. En ese espectro, una serie de melodramas dirigidos a ese público que tenían como protagonista a Troy Donahue, el guaperas de moda en aquellos tiempos, y a Delmer Daves detrás de cámaras, obtiene un éxito considerable. Era un momento en el que estaba cambiando radicalmente, además, la forma de entender las bandas sonoras, que acusaban los embates de las nuevas tendencias musicales como el jazz, introducidos por compositores jóvenes como Alex North, Jerry Goldsmith y Leonard Rosenman, y el cambio a conceptos sinfónicos combinados con instrumentaciones más modernas y sofisticadas que comenzó a imponer Bernard Herrmann, más que nada a partir de su colaboración en las películas de Hitchcock. El estilo clásico romántico y musicalmente empalagoso de Steiner ya no era aceptado, así que trató de adaptarse.

Delmer Daves se aseguró la participación de Steiner en el exitoso drama romántico En una isla tranquila del sur (A Summer Place, 1959), con Sandra Dee y Troy Donahue, y el compositor vienés acertó con una melodía pegadiza que lo presenta a esas nuevas generaciones de las que hablábamos, y que aunque está muy lejos de sus mejores obras, se convierte en un hit del momento, siendo versionada en los años subsiguientes por muchas orquestas, como la de Percy Faith. Buscando repetir este éxito, Daves vuelve a convocarlo para Parrish (1961), un drama protagonizado por Claudette Colbert, Karl Malden y, otra vez, Troy Donahue, también para Susan Slade (1961) con Donahue y Dorothy McGuire, y para Más allá del amor (Rome Adventure, 1962), de nuevo con Donahue, acompañado esta vez por Angie Dickinson y una nueva estrella, Suzanne Pleshette, para la que aprovecha temas del folklore italiano y los combina con temas propios. Finalmente para Daves escribe dos dramas, Fiebre en la sangre (Spencer’s Mountain, 1963), protagonizado por Henry Fonda y Maureen O’Hara, y Una mujer espera (Youngblood Hawke, 1964) con James Franciscus y la Pleshette.

Steiner hará una breve incursión en la televisión, escribiendo música para las series Intriga en Hawai (Hawaiian Eye, 1959-1963) y Vacation Playhouse (1963-1967), que sería su última partitura. Antes, sus últimos trabajos para la pantalla grande serían el western Una trompeta lejana (A Distant Trumpet, 1964) para Raoul Walsh, otra vez con el bueno de Donahue, una obra que recuerda demasiado a aquella marcha La carga de la brigada ligera; 2 en la guillotina (Two on a Guillotine, William Conrad, 1965) cinta de terror que fue un fracaso y quedó en el olvido, tanto como la música de Steiner; y la producción Disney La familia Calloway (Those Calloways, Norman Tokar, 1965), una partitura de nulo interés que cuenta con un grotesco tema para describir a los gansos que los Calloway quieren preservar construir una reserva. A partir de allí no tuvo más encargos y vivió olvidado y muchas veces humillado por productores que no valoraban su carrera ni sentían reconocimiento por su influencia en la banda sonora.

Se podría decir que el viento de los nuevos tiempos se lo llevó, como al viejo Sur de la película con cuya música él contribuyera a inmortalizar.

Steiner escribe una autobiografía en 1963 que jamás publicó, en la que se dice que revelaba hechos desconocidos de su infancia y de su vida privada, como el conflictivo divorcio de la primera de sus tres esposas. Sólo tendría un hijo, Ron, con su tercera esposa, Louise Klos, que tocaba el arpa. Su hijo murió en 1962, justo antes de comenzar a escribir sus memorias.

Retirado en sus últimos años, moriría de un infarto el 28 de diciembre de 1971 en Beverly Hills a los 83 años, siendo enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery de Glendale.

Con su impresionante trabajo realizado incansablemente durante décadas, Max Steiner ya tiene un lugar privilegiado en la historia de la música cinematográfica, esa que inició con su impronta de pionero del leitmotiv y la orquestación sinfónica, romántica y clásica, esa música que dominó magistralmente y que moldeó con sublime inspiración para crear varias de las partituras más memorables del Hollywood clásico. Es, sin ninguna duda, aún hoy día, uno de los referentes más importantes y significativos de los compositores de Hollywood de raigambre sinfónica, de los que fue el primero de todos.

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