CITY LIGHTS (1931)

Charles Chaplin: Iluminados por el plagio

por Eduardo J. Manola

En 1931 Charles Chaplin creó la que hasta ese momento sería su obra maestra, Luces de la ciudad (City Lights), película que, además, tiene la particularidad de ser su debut como compositor en solitario, aunque también, como en todos sus filmes, contó con la colaboración de un músico asociado que esta vez fue Arthur Johnston y detrás de bambalinas estaban los arreglos y la dirección musical del gran Alfred Newman.

Chaplin se tomó la tarea muy en serio y pese esas colaboraciones muy necesarias para transcribir sus ideas musicales al pentagrama porque no sabía escribir música, compuso toda la música para la película y también trabajó en su sincronización con las imágenes. A partir de allí Chaplin se convirtió en un obsesivo de esta técnica, que perfeccionó en cada nueva cinta demostrando altísima precisión descriptiva y músico-dramática en todas sus partituras. Según dice el  especialista Timothy Brook sobre este verdadero ejercicio de sincronización técnica y emocional tan específico y preciso en Chaplin: «la música nos hace ver por si sola los distintos pliegues y giros emocionales del film casi sin necesidad de las imágenes«.

Como era su costumbre, el método de trabajo que Chaplin implementó para componer la música de Luces de la ciudad consistió en tararear o tocar en el piano unas melodías que había imaginado a Arthur Johnston para que este las trasladara al papel pautado. Hasta aquí todo bien. Pero el problema de Chaplin a la hora de crear su música era que, las más de las veces, las melodías que tarareaba a sus músicos asociados se inspiraban tan fuertemente en diversas canciones famosas de la época que no se podía más que concluir que se trataba de plagios. 

En el caso de City Lights, Chaplin utilizó sin ningún reparo la melodía de , La violetera” una canción, técnicamente un cuplé [1], compuesta por el músico español José Padilla en 1914 con letra de Eduardo Montesinos que lo sedujo desde la primera vez que la escuchó, interpretada en violín en el musical «Little Miss Bluebeard» estrenado en agosto de 1923 en Broadway y que incluía canciones de Padilla y de George Gershwin entre otros. Según Eugenia Montero, sobrina de Padilla, en un excelente artículo para la web Melómano Digital que recomendamos [2], Chaplin se acercó al violinista Xavier Cugat a la salida de la obra y le dijo que después de escucharlo tocar «La violetera» esa música le había dado la idea para su próxima película. Cugat colaboraría con Chaplin en City Lights.

Xavier Cugat junto a Carmen Miranda

El compositor José Padilla

A su vez, “La violetera” fue popularizada por la cantante, cupletista y actriz española Raquel Meller que la interpretó en Nueva York en su gira por América en 1930. Allí también estuvo Chaplin  y quedó tan fascinado con la Meller que la tentó para que encarnara a la chica ciega en City Lights, pero no logró convencer a la artista y el papel fue para Virginia Cherrill.

Con un ritmo que recuerda a la habanera [3], José Padilla había compuesto La Violetera durante su estancia en París como director de la orquesta del casino de la capital francesa y la estrenó en Barcelona con la interpretación de la cupletista Carmen Flores, aunque quien popularizó verdaderamente el cuplé entre el gran público español y francés primero, y en el mundo luego, fue la mencionada Raquel Meller, alcanzando un éxito internacional impresionante.

Sin notificar ni pedir autorización alguna a Padilla, Chaplin utiliza “La violetera” adaptándola de manera instrumental e insertándola en varios pasajes de City Lights. Además la melodía la emplea como tema principal, como leitmotiv que representa a la florista ciega. 

En la fiesta que se lleva a cabo en el Hotel Carlton luego del estreno de la película en 1931 en el Dominion Theatre de Londres, Chaplin aparece abriendo el baile de gala acompañado por “La violetera”, extasiado con la música que había hecho suya en el film. Sin embargo, la felicidad le duró poco, pues Padilla se encontraba esos días en Londres dirigiendo unos conciertos en el London Coliseum y un allegado le avisa del plagio (4). Luego de finalizar sus presentaciones Padilla vuelve a París y sin demora denuncia a Chaplin por el uso fraudulento de su música y la falta de acreditación en los títulos del film. Tras un duro pleito los tribunales acabaron por darle la razón en julio de 1934 y condenaron a Chaplin al pago de una importante suma de dinero y a acreditar debidamente al autor de la canción en la película.

Según Eugenia Montero, el escritor cubano Pedro Cabrera Infante cuenta en uno de sus libros que Chaplin había intentado una defensa contando que tenía la costumbre de tararear la melodía de “La violetera” en la ducha. El juez le espetó “que usted cante una música en la ducha no le da derecho a hacerla suya”, y en la sentencia argumentó: “La Violetera ha sido grabada completa cuatro veces y quince veces parcialmente […] El uso no autorizado de La Violetera, convertida en leitmotiv por el uso repetido durante toda la película, constituye uno de los principales elementos de acción y de evocación […] El uso repetido de La Violetera proporciona a la película una armonía que la revaloriza […] En ningún caso se llevará a confusión respecto a su autoría en créditos, programas, prensa, etc.”

De todas sus canciones “La violetera” fue la que le ocasionó a Padilla mayores trastornos y la más litigiosa, con un total de 7 juicios.

REFERENCIAS

[1] El cuplé es un estilo musical ligero y popular que a veces puede resultar algo grosero y picante. La palabra viene del francés couplet, que a su vez procede del provenzal cobla, que significa “pareja de versos”. Según el lingüista Emile Littré, la palabra couplet en el siglo XIX significó en la jerga teatral “parlamento” o parte hablada.

[2] José Padilla: música de cine, Eugenia Montero en https://www.melomanodigital.com/jose-padilla-musica-de-cine/

[3] La habanera es un género musical originado en Cuba en la primera mitad del siglo XIX.

(4) El actor y humorista español Tony Leblanc ha afirmado que fue él quien le avisó a Padilla sobre el plagio de La Violetera en la película City Lights.

IR A:

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR:

Es bien conocido el talento de Charles Chaplin y la huella que ha dejado en la historia de la cinematografía. No queda mucho por decir ni por contar sobre la figura del gran Charlot. Sin embargo, una no menos virtuosa faceta es su extraordinaria y no tan conocida capacidad musical.  El mismo Chaplin compuso las partituras de sus películas, pese a que no sabía escribir música y a que sus conocimientos en esa materia los había adquirido de manera autodidáctica…

Deja una respuesta