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CRITICA CINEMATOGRAFICA

EEUU 2018

Dirección: Bradley Cooper.

Reparto: Bradley Cooper, Lady Gaga, Sam Elliott, Rafi Gavron, Andrew Dice Clay, Anthony Ramos, Bonnie Somerville, Dave Chappelle, Michael Harney, William Belli, Rebecca Field, D.J. Pierce, Steven Ciceron, Andrew Michaels, Jacob Taylor, Geronimo Vela, Frank Anello, Germano Blanco, Ron Rifkin, Alec Baldwin.

Si tu idea era que ibas a ver una gran película, pues más te vale relajarte y no crearte falsas expectativas. Nace una estrella es una buena película, nada más. Y nada menos. Pero de ninguna manera se justifica su inclusión en las nominaciones a los premios de la Academia de Hollywood, la que ya nos tiene acostumbrados a este tipo de selecciones un tanto forzadas de filmes que entran como consecuencia de un “boom” momentáneo y luego caen en el arcón del olvido. Hay películas que nunca más vas a volver a ver, y ésta es una de ellas, como tantas otras nominadas y premiadas. Alguien se acuerda de Shakespeare in Love?

Pero vamos a lo nuestro.

La historia no es original. Hubo tres versiones anteriores de este cuento de hadas hollywoodense, que comenzó en 1937 con la producción de David O. Selznick, con Janet Gaynor y Fredric March, dirigidos por William Wellman, donde los personajes protagonistas no eran músicos sino actores. En 1954, George Cukor dirigió a una inolvidable Judy Garland, en la que fue la versión más crítica de un Hollywood oscuro, y Barbra Streisand y Kris Kristofferson se metieron en la piel de la cantante en ascenso y el rockero en declive, en la versión de 1976 de Frank Pierson, que aprovechó el apogeo de la era disco y la gran popularidad de la estrella femenina, para conectar con el público y recaudar mejor en taquilla, aunque el resultado fuera un tanto fallido. Un dato curioso: los nombres de los personajes en las dos primeras versiones fueron los mismos: Vicki Lester y Norman Maine. Pero en la de 1976 se llamaron diferente: Esther Hoffman y John Norman Howard. Y en la última, la protagonista es Ally, y el rockero alcohólico, Jackson Maine.

Bradley Cooper debuta como director, y es justo reconocer que lo hace de manera solvente, teniendo en cuenta que es su ópera prima y la falta de experiencia, pero no logra sorprender con nada fuera de lo común. Su utilización de la cámara es ordinaria, no destaca ni inventa nada y, por el contrario, abusa de exagerados primerísimos planos y del recurso de mover el equipo para dar a la filmación un estilo pseudo-documental, lo que en la jerga se denomina “cámara al hombro”. En algunos casos, ese recurso se justifica por una cuestión artística y dramática, como por ejemplo en las extraordinarias escenas de batalla de “Rescatando al Soldado Ryan”, en las que Spielberg lograba un realismo nunca visto, pero de un tiempo a esta parte, se ha convertido en una herramienta común y repetida hasta la saciedad, en escenas que no la necesitan.

Por otra parte, desaprovecha la oportunidad de complementar o mejorar las anteriores versiones, de introducir alguna crítica al ambiente de la música y sus sórdidos recovecos a la hora de permitir el ascenso a la fama, de aportar algo nuevo, incluso, al tema de las diferencias de género y la manipulación de la mujer, tan en boga en la actualidad. Sin embargo, intuyo, y aquí le doy la derecha a Cooper, que no era ése el objetivo, sino simplemente conmover, con la música y la voz de Lady Gaga, con una historia de amor, adicción y fama, fórmula de éxito asegurado que, de paso, le permitiera cosechar alguna estatuilla, así como “La La Land” lo hiciera en 2017 con una fórmula parecida.  

Para destacar, la actuación de Sam Elliott, como el hermano mayor de Jackson, siempre sobrio y efectivo, pero que aquí suma momentos de una emotividad que lo alejan de su perfil de “duro”, y una banda de sonido con algunos temas que necesariamente pasarán a engrosar la colección de los fanáticos. “Shallow”, “Is That Allright” y muy especialmente “Always Remember Us This Way”, son realmente para atesorar.

Sin duda, un acierto de Cooper, que también ficha como co-guionista, compositor de algunos temas y cantante, fue la elección de Lady Gaga para el papel de Ally, una chica común y corriente como tantas otras que, dueña de un talento innato que nadie reconoce, alterna como cantante de un antro de artistas trans, mientras se revuelve entre los miedos derivados de la relación con su padre, cantante frustrado, y un reprimido sueño de éxito personal, hasta que el encuentro casual con Jackson Maine la hará, de la noche a la mañana, “nacer como estrella”.

La química entre Jackson y Ally es, por lejos, lo más destacable de la cinta, así como la impronta personal, el carisma y la voz áspera y estremecedora de una Lady Gaga que se muestra como una  actriz-revelación, con una promisoria carrera si se le ocurriera insistir en esas lides. La relación entre ellos es el corazón de la película, pero el noble músculo late solo mientras la historia recorre las secuencias de la seducción, el escarceo romántico y la introducción de Ally al mundo de los shows rockeros de la mano de su mecenas enamorado, que alcanza la más alta cota en la escena en la que la lleva a cantar, improvisada y sorpresivamente, su primer tema, por ella compuesto y que él había arreglado con su banda, sin decírselo. Cuando la película ingresa en la etapa de la consagración de la estrella, se desploma sin remedio en una sucesión de lugares comunes, de convencionalismos evitables, de una puesta en escena mediocre y cercana a lo cursi, de golpes bajos que solo tienen el objetivo lacrimógeno, como el desenlace y el último tema, interpretado entre sollozos por Ally.

Así, lo que parecía iba a ser una gran película, se convierte, sin más, en un melodrama del montón, repetido y previsible. Con sabor a más de lo mismo.