CRITICA CINEMATOGRAFICA

EEUU 2018

Dirección: Ryan Coogler

Reparto: Chadwick Boseman, Michael B. JordanLupita Nyong’ODanai Gurira, Martin FreemanDaniel KaluuyaAngela BassettForest Whitaker,  Andy Serkis, Florence KasumbaJohn KaniWinston DukeSterling K. BrownLetitia Wright, Phylicia Rashad.

Cada vez que en el mundo en general, o en el mundo del cine en particular, se instala un clima especial, sea social, cultural o político, los vaivenes del Oscar se dirigen irremediablemente hacia ese lado. Así, películas que en algún otro contexto internacional no hubieran siquiera figurado en un listado de producciones mediocres, hoy, aprovechando una situación proclive a la diversidad y las luchas de género o de raza, se cuela en la entrega de los premios de la Academia sin mucho pergamino que agitar.

Es que Pantera Negra no deja de ser un producto standard, de los tantos a los que nos tiene acostumbrados Hollywood, con todos los ingredientes necesarios para que la receta rinda sus frutos en la taquilla. Efectos especiales impecables, lo cual no es ningún mérito actualmente, ya que cualquier producción medianamente importante presenta esa faz técnica sin fisuras; diseño de producción y vestuario, muy creativos e impactantes; una banda de sonido espléndida de Ludwig Göransson, el mismo de Creed, una revelación; actuaciones sólidas; y el sello Marvel que todo lo puede. Hasta aquí, todo bien.

El problema es que eso es todo. Cuando parecía que la fruta seguiría dando el jugo de la eterna juventud, nos encontramos con que se secó y no tiene nada más que ofrecer, más que la cáscara.

El director Ryan Coogler, que hiciera un trabajo excelente con la mencionada Creed, se desbarranca en esta cinta sin encontrar el rumbo, sin desarrollar lo que podría haber sido un film interesante, si el objetivo no hubiera sido, como está claro ha sido, ganar mucho dinero. Desperdició la oportunidad de crear una obra que trascendiera el universo Marvel, y se posicionara en otro lugar, más importante, de más nivel.

Sobre una base argumental simplona y típicamente “pochoclera”, y una estética pomposamente afrofuturista, Pantera Negra nos cuenta la historia de T’Challa (Chadwick Boseman), el rey de Wakanda, una nación de raza negra cuya riqueza depende del Vibranium, un metal de origen extraterrestre que, además, es la fuente de poder del rey, al que le permite convertirse en el superhéroe Black Panther. Lo que vendrá, obviamente, es una lucha por quedarse con el (no tan vil) metal, ya que algunos villanos de turno intentarán robarlo (Klaue, Andy Serkis, el recordado Golum de El señor de los anillos; y Killmonger, en la piel de Michael B. Jordan, el protagonista de Creed, lo mejor de la película).

Nadie puede negar que Pantera Negra se ha convertido en un acontecimiento cultural, mucho más aún en los Estados Unidos, ya que es la primera superproducción de superhéroes con el personaje central, director, y casi todo el elenco negro, donde además, las mujeres tienen un protagonismo, una fuerza y una trascendencia poco usual. Sin embargo, estas características, muy loables por cierto, no deberían nublarnos la capacidad de evaluarla objetivamente.

En primer lugar, resulta extremadamente autocomplaciente, pretenciosa, como consciente de que el trasfondo social y cultural la elevarán por sobre sus pares de Marvel. Flaquea por falta de frescura y humor, con un superhéroe que no convence (el peor de la franquicia) que destila morosidad hasta en la forma de hablar, casi como queriendo emular a Nelson Mandela, y que por eso agranda la figura del villano, que suma una carga personal como descendiente de esclavos, causa y efecto de su venganza.      

Pero lo que más molesta de Pantera Negra es que se ubica en el lote de películas que deben ser respetadas porque su temática es política o socialmente correcta, en el momento, en su época. Hay que premiarla porque responde a un modelo contestatario vigente, que rescata el derecho al trabajo de minorías étnicas en la industria cinematográfica, o expone el abuso sexual o económico del género femenino en las catacumbas sórdidas de Hollywood. Y no es que no haya que defender esos valores. El problema es que no importa si la película es buena o mala, solo importa que encuadre en el estereotipo de moda. La crítica debería ser otra cosa. La crítica no debe ser una herramienta para el fusilamiento de una obra de arte solo porque no responde a ese modelo socialmente impuesto, ni para su endiosamiento si se aviene a aceptarlo.

Por eso, si bien Pantera Negra reúne todos esos requisitos, si la miramos bien, a contraluz, le quitamos el maquillaje y la bijouterie, la despojamos de su vestimenta de etiqueta, y la pasamos por el tamiz del arte, del cine puro, lo más probable es que nos encontremos con una señora en batón y ojotas, con un esqueleto blanco, sin piel y sin alma. Después de encandilarnos con tanta parafernalia de efectos y colores, cuando se caiga el velo de lo “socialmente correcto”, descubriremos que no hay nada nuevo bajo el sol. 

(*) Esta crítica fue escrita para el dossier FESTIVALES - OSCARS 2019 publicado en EL ESPECTADOR IMAGINARIO

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