Forbidden Planet (1956)

Planeta Prohibido

Louis y Bebe Barron: Sonidos fuera de este mundo

por Eduardo J. Manola

El inolvidable clásico de la ciencia ficción de los años cincuenta detenta una característica particular: es la primera película musicalizada con una partitura totalmente electrónica. La espeluznante banda sonora fue obra de un matrimonio de pioneros en dicha materia, Louis y Bebe Barron, cuyo trabajo terminó convenciendo a la MGM y su productor ejecutivo Dore Schary de que era mejor ese experimento innovador que una música orquestal convencional.

En 1955, los Barron estaban prácticamente en bancarrota, luego de años de intentar sacar adelante su estudio de grabaciones electroacústicas que, en cierto momento, había rendido frutos, más que nada con trabajos para artistas y personalidades del movimiento avant-garde, como los escritores Anaïs Nin, Henry Miller, Tennessee Williams y el compositor experimental John Cage.

Por casualidad se encontraron con Schary en una exposición de pinturas de la esposa de éste, que luego de conocerlos y apreciar sus técnicas los contrató, en principio, para crear tan solo unos veinte minutos de efectos sonoros. Sin embargo, luego de escuchar los primeros resultados del trabajo del matrimonio, Schary y los realizadores quedaron sorprendidos ante las posibilidades que esos efectos proporcionaban a nivel musical y decidieron asignarles una hora y diez minutos en total para ser distribuidos durante la película.

Dore Schary, productor de la MGM

LA PARTITURA DESCARTADA DE DAVID ROSE

Dirigida por Fred M. Wilcox y protagonizada por Walter Pidgeon, Anne Francis y Leslie Nielsen, Planeta prohibido se gastó buena parte del presupuesto en la realización de efectos visuales especiales de gran calidad para la época, entre los que se cuentan técnicas de animación de la casa Disney para las secuencias en que se ve al monstruo y para los disparos de las armas de los tripulantes de la nave al mando del Comandante Adams (Nielsen en su primer papel protagónico).

Por ello, el estudio decidió asignar un presupuesto muy reducido al ítem musical fichando a algún compositor barato. Así, se pensó en el ignoto y muy económico Harry Partch, pero finalmente se contrató los servicios de David Rose, cuyo cachet no era de los “caros”, si bien tenía sus pergaminos, había sido esposo de Judy Garland entre 1941 y 1943, y estaba muy ligado a la MGM. Compositor de música orquestal ligera como «Holiday For Strings», tema musical del célebre programa televisivo The Red Skelton Show (1951), y de la música de series protagonizadas por Michael Landon, como Bonanza (1959-1973), La casa de la pradera / La familia Ingalls (Little House on the Prairie, 1974-1983) y Autopista hacia el cielo / Escaleras al cielo (Highway to Heaven, 1984-1989), Rose había compuesto buena parte de la partitura para Forbidden Planet cuando Schary optó por rescindirle el contrato y reemplazarlo directamente por los Barron, que se vieron así ante la oportunidad de que su trabajo experimental fuera incorporado en forma de banda sonora integral.

La desilusión y el enojo de Rose hizo que éste destruyera las grabaciones de su trabajo, pero conservó una única pieza de su partitura original descartada, el “Main Title Theme” que había grabado en los estudios de MGM en Culver City durante marzo de 1956. Como una forma de que su trabajo fuera reconocido, Rose le propuso a la MGM incorporar ese tema en la edición discográfica de la banda sonora de la película. Sin embargo, el estudio del león se negó a lanzar un álbum cuando se estrenó la película, pero accedió a editar un disco simple (45 R.P.M.), con el “Main Title” de Forbidden Planet de Rose en un lado, y el tema principal de la película El cisne (The Swan, Charles Vidor, 1956) compuesto por Bronislau Kaper, en el otro. El single fue editado por MGM Records en 1956.

LA FANFARRIA DEL PLANETA PROHIBIDO

Un dato muy curioso es que, aparte de las tonalidades electrónicas compuestas por Louis y Bebe Barron, y de la partitura descartada de David Rose, hubo un interesante y poco conocido aporte a la historia musical de Forbidden Planet, de la mano de un gran compositor.

En efecto, en el trailer original de 1956 se incluyeron, debidamente editados por técnicos del departamento musical de la MGM, dos temas que André Previn había compuesto originalmente para las películas de MGM Scene of the Crime (Roy Rowland, 1949) y Conspiración de silencio (Bad Day at Black Rock, John Sturgess, 1955) y que el músico adaptó en dos partes: la de Scene of the Crime se escucha en el inicio (con una breve intro tomada de Conspiración de silencio), y la de Conspiración de silencio, en el final. La pieza integral se conoció como “Forbidden Planet Fanfare – Parts 1 & 2″ y nunca fue editada en disco, ni por supuesto, acreditada en el film.

LOS BARRON MANOS A LA OBRA

La propuesta futurista de la película (basada en la adaptación de un texto original de Irving Block y Allen Adler escrito en 1952 llamado “The Fatal Planet”, a su vez lejanamente inspirado en “La tempestad” de William Shakespeare, y retitulado por Cyril Hume como “Forbidden Planet”), y el millonario presupuesto asignado por el estudio, nada usual en aquellos tiempos para el género de la SciFi, habitualmente limitado a la clase B, era una plataforma de trabajo ideal para los métodos de composición electrónica de los Barron que, además, tuvieron la oportunidad de crear muchos de los efectos de sonido del film.  

Louis y Bebe Barron se pusieron a trabajar en el soundtrack durante tres meses, único y perentorio plazo que les había otorgado Dore Schary, que además quería que se trasladaran a Hollywood, donde se producían las bandas sonoras de los filmes en ese momento. Pero la pareja se negó, no querían moverse de New York ni de su estudio en Greenwich Village, en el que tenían todos los equipos necesarios para realizar sus experimentaciones y componer su singular música. Schary accedió y autorizó que, en la Navidad de 1955, se les enviara una copia completa de la película en 35mm en Eastmancolor, que los Barron recién recibieron una semana después, en el año nuevo de 1956, y a la que todavía le faltaban muchas secuencias de efectos visuales.

Mientras ellos trabajaban en la banda sonora en su estudio, la película estaba en postproducción en Culver City, California pero, a pesar de la distancia, estuvieron en permanente conexión con los realizadores, que les pidieron fortalecer determinadas situaciones de la película en las que necesitaban puntualmente generar miedo: “¿Podéis hacer miedo?”, le preguntaron a Bebe. “Bueno, pues eso es todo lo que podemos hacer, en realidad, es eso: miedo«, respondió, según contó en 2005 en una entrevista para la National Public Radio.

En tiempos en que el sintetizador moderno ni siquiera figuraba en la mente de quienes lo inventarían, la pareja de pioneros creaba circuitos electrónicos que producían tonos y sonidos que alteraban y mezclaban mediante tres grabadoras de cinta. Las salidas de dos de ellas se sincronizaban manualmente y se introducían en la entrada de la tercera. En futuros trabajos cinematográficos, la sincronización se realizaría mediante dos proyectores de 16 mm que se conectaban a un magnetófono de 16 mm que, por tanto, funcionaba a la misma velocidad.

Louis solía construir los circuitos mientras Bebe recogía los pitidos, burbujas y bucles en una partitura que incluso ellos mismos eran reacios a llamar «música» y que, como veremos, en tal sentido, les traería algún sabor amargo. Después de grabar los sonidos, los Barron manipulaban el material añadiendo efectos, como reverberación y retardo de cinta, invirtiendo y modificando la velocidad de ciertos registros.  Mientras Louis pasaba la mayor parte de su tiempo construyendo los circuitos y era responsable de toda la grabación, Bebe se encargaba de la composición, clasificando muchas horas de cinta que, como ella decía, «sólo sonaban como un ruido sucio». Con el tiempo, desarrolló la habilidad de determinar qué sonidos podrían convertirse en material utilizable y de interés. Esos circuitos que ellos exigían hasta la combustión, provocando algún incendio, sumados a los bucles que generaba la grabación en cinta, les procuraron un ritmo a los sonidos obtenidos, que luego mezclaban creando los extraños y extraterrestres paisajes sonoros electrónicos que requería Forbidden Planet.

Louis y Bebe explicaban sus métodos de trabajo: “Diseñamos y construimos circuitos electrónicos que funcionan electrónicamente de manera notablemente similar a la forma en que las formas de vida inferiores funcionan psicológicamente…En la banda sonora de Planeta prohibido, como en todo nuestro trabajo, creamos circuitos cibernéticos individuales para temas particulares y leitmotivs, en lugar de utilizar generadores de sonido estándar. En realidad, cada circuito tiene un patrón de actividad característico, así como una «voz»…Estábamos encantados de oír a la gente decirnos que las tonalidades de Planeta prohibido les recordaban a cómo suenan sus sueños…

La música y los efectos sonoros asombraron a la audiencia. Durante el preestreno de la película, cuando los sonidos de la nave espacial que aterriza en el planeta Altair IV llenaron el teatro, el público estalló en un aplauso espontáneo.

El trabajo de los Barron a través de sus novedosos circuitos cibernéticos, configuraba también un elemento importante para apoyar la historia, crear climas y delinear personajes. Uno de esos personajes es el monstruo desatado por el subconsciente del profesor Morbius (Walter Pidgeon), que se denominaba Id. Bebe recordaba: “Realmente ese fue el circuito Id / monstruo, que podías simplemente escucharlo pasando por las agonías de la muerte y dejándote llevar…Fue el mejor circuito que tuvimos. Nunca pudimos duplicarlo”.

El score fue terminado y enviado a la MGM el 1 de abril de 1956.

UNA GRAN DESILUSION

Como la música se hizo directamente en cinta, los Barron no tenían partituras para Forbidden Planet, y no la escribieron ni anotaron de ninguna manera. Ni siquiera consideraron el proceso como una composición musical. El sonido generado por los circuitos no era tratado como notas musicales sino como “acciones”. Así, en la banda sonora, cada circuito se manipularía según las acciones del personaje subyacente en la película.

Por ello, llegó a cuestionarse si su trabajo debería llamarse “música”, ya que su creación compartida, parecía ser más científica que compositiva. Por otra parte, Louis y Bebe Barron no eran miembros del Sindicato Estadounidense de Músicos, por cuya razón una demanda de la Federación Americana de Músicos exigió que el crédito de pantalla original de la película, que debía decir «Música electrónica de Louis y Bebe Barron», fuera cambiado en el último momento. Para no entrar en conflicto con el sindicato, la asociación con la palabra música tuvo que ser eliminada, y el estudio los calificó como proveedores de efectos de sonido. Por ello, los Barron fueron acreditados por “tonalidades electrónicas” y no por música.

En consecuencia, su trabajo no fue nominado para un Premio de la Academia. Los Barron demandaron sin éxito al estudio para que se les otorgara el crédito apropiado, lo que efectivamente terminó su carrera cinematográfica comercial.

LA BANDA SONORA SE EDITA, FINALMENTE

Los Barron recién vieron cumplido su anhelo de lanzar su banda sonora de Forbidden Planet en 1976 como un álbum LP para el 20º aniversario de la película, y tuvieron que hacerlo a través de su propio sello discográfico Planet Records, luego cambiado a Small Planet Records, y le confiaron la distribución a GNP Crescendo Records, sello que detentaba una importante experiencia en la producción y comercialización de bandas sonoras de películas de ciencia ficción. El productor ejecutivo del álbum, miembro de GNP, Neil Norman, había proclamado la película (y la banda sonora) como sus favoritas.

El LP se estrenó en la MidAmeriCon, 34ª Convención Mundial de Ciencia Ficción, celebrada en Kansas City, durante el fin de semana del Día del Trabajo de 1976, como parte de la celebración del 20º aniversario de la película que tuvo lugar en dicha Convención Mundial. Los Barron estuvieron allí promocionando el primer lanzamiento de su álbum, firmando todas las copias vendidas en la convención.

Una década más tarde, en 1986, su banda sonora fue lanzada en un CD de música para el 30º aniversario de la película, con un folleto en color de seis páginas que contenía imágenes de la película, además de notas de los compositores y de Bill Malone.

EPILOGO

Los historiadores de la música y musicólogos han señalado lo innovadora que fue la banda sonora de Planeta prohibido en el desarrollo y evolución de la música electrónica. Los Barron lograron crear un paisaje sonoro que nadie podría haber imaginado. En la actualidad los avances tecnológicos y los programas de digitalización de sonido permiten trabajar fácilmente y crear infinidad de variaciones y figuras, pero en aquella época, nada de eso existía, todo estaba por ser inventado. Era fundamental el trabajo de los pioneros.

La banda sonora de Forbidden Planet «puede haber hecho más que ninguna otra para popularizar la música electrónica, que hasta el estreno de la película pertenecía exclusivamente al estudio de grabación académico y vanguardista”, escribió el crítico musical Mark Swed en The Times en 2006.

En su reseña de 1956 de Planeta prohibido, Philip K. Scheuer escribió en el Times que las «tonalidades electrónicas» con las que se acreditó la partitura, acentuaban «el misterio y el terror» de la vida en otro planeta.

Por su parte, el historiador de música de cine Jon Burlingame, que enseña en la Universidad del Sur de California, dijo también al Times que: «El trabajo de los Barron fue enormemente innovador. La partitura fue un logro extraordinario. Mostró el camino para que la música y el diseño de sonido se fusionaran. Cuando escuchas la banda sonora de ‘Forbidden Planet’, no sabes cuándo estás escuchando los efectos de sonido o la música. La línea que los separa es borrosa«.

Sin duda, Louis y Bebe Barron habían construido un estilo propio, exclusivamente suyo, indivisible de la tecnología que usaban y en la que experimentaban de manera constante.

Habían creado la prototípica banda sonora electrónica de la Ciencia Ficción. Lo que siguió, ya forma parte de la historia de la música de cine.

Además de la importancia que Ultimátum a la tierra tuvo en la historia del cine en general, y del estadounidense en particular, contó con un valor agregado en la banda sonora que corrió a cargo del prestigioso Bernard Herrmann…

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