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HALLOWEEN (1978)

John Carpenter: el Hombre Orquesta

por Eduardo J. Manola

La película más célebre de John Carpenter fue, es y será, sin lugar a dudas HALLOWEEN (1978) (Arg. “Halloween” / Esp. “La Noche de Halloween”). Al tremendo impacto del film y a todo lo que significó para el mundo del cine, hay que sumarle como activo trascendente, un valor agregado poco común: la banda de sonido compuesta por el propio director. 

Obligado por los bajos presupuestos con los que contó en sus inicios como realizador, y consciente además de que el terror es una experiencia multisensorial, John Carpenter se impuso y reservó la tarea de componer y ejecutar las partituras para muchas de sus películas.

Así lo hizo, en el origen mismo de su frondosa carrera, para sus primeros dos films: “Dark Star” (1974) (Arg. “Estrella Oscura” / Esp. “Aluniza como Puedas: Dark Star”) a los 26 años, y “Assault on Precint 13” (1976) (Arg. “Asalto al Precinto 13” / Esp. “Asalto en la Comisaría del Distrito 13”), lo que le permitió reducir costos y tiempos de producción.

Pero fue en “Halloween”, su tercer largometraje, donde el cineasta logró un impacto con su creación musical, imponiendo un estilo que fue copiado por otros realizadores del género, de la misma forma en que la película abrió el camino a una vertiente cinematográfica dentro del género del horror que se denominó “slasher” (anglicismo derivado de la palabra slash = cuchillada).

A pesar de provenir de una familia de músicos, John no tuvo una educación musical clásica y nunca pudo aprender a leer un pentagrama. Sin embargo, desarrolló una innata capacidad para crear los “scores” para sus películas de la manera más primitiva: sentándose frente al teclado para buscar y encontrar los sonidos que se ajustaran a las escenas que quería filmar y ya tenía en mente. Así creó algunos de los temas principales (main themes) más memorables de la historia de las bandas sonoras, como por ejemplo los de “Escape from New York” (1981) (Arg. “Escape de Nueva York” / Esp. “1997: Rescate en Nueva York”) y “The Fog” (1980) (Arg. “La Niebla” / Esp. idem).

HALLOWEEN – Tombstone (with FX) – JOHN CARPENTER

En una entrevista que dio a Matt Grosinger en octubre de 2017, en el website Pitchford.com, Carpenter dijo que muchos de los temas musicales se le aparecían en su mente, los percibía, los “escuchaba” antes de ver las escenas: “Es una parte compartimentada de mí que hace la música para películas. La saco cuando tengo que filmar, luego la guardo y disfruto de mi vida, porque de lo contrario me persigue”. Alguien me dijo una vez que la música, o la falta de ella, puede hacerte ver mejor una película. Yo lo creo así”, refirió.

En la misma entrevista, Carpenter contó que allá por la década de 1950, a una edad muy temprana, se vio muy presionado para aprender a tocar el violín. Es que su padre, Howard Ralph Carpenter, era profesor de música y presidía el departamento de esa asignatura en la Western Kentucky University, y quería que su hijo siguiera su mismo camino. John asistió a esa institución antes de trasladarse a la Escuela de Cine de la Universidad del Sur de California, en la que comenzó su carrera cinematográfica.

El problema con John violinista era que, según él mismo admitió: “No tenía talento”. Así, forzado por las circunstancias y el fracaso asumido ante dicho instrumento, encaró una transición al teclado y la guitarra, que le resultaban más amigables.

Fanático de Elvis Presley y su rock’n’roll clásico (lo que lo llevó a filmar en 1979 la TV movie “Elvis” protagonizada por su frecuente colaborador y amigo Kurt Russell), es también amante de los Beach Boys y The Beatles, detractor de la voz de Frank Sinatra y de la banda Steely Dan, a la que considera “rock suave con alucinógenos”.

John Carpenter de niño y en una lobby card de la época del estreno

El tema principal de Halloween, el más famoso y reconocible, nació de un simplísimo ejercicio de percusión en bongós que el padre de Carpenter le había enseñado en 1961, cuando tenía solo trece años, y se convirtió en uno de los elementos más importantes que, entre otros logros, contribuyeron al tremendo éxito que cosechara el film.

Carpenter tardó tres días en componer la partitura completa de la película, y dado el escuálido presupuesto que tenía a su disposición también para esta producción, optó por interpretarla él mismo, como ya había hecho en sus anteriores trabajos.

La banda de sonido, obvio es aclararlo, no tiene carácter sinfónico (estilo que estaba de moda en esa época a partir de la música que el maestro John Williams había compuesto para “Star Wars”), sino que se decanta por una melodía de neto corte minimalista y sonido electrónico, apoyada en una base rítmica simplona sobre la que juega un disonante y repetitivo “riff” al piano en 5/4, hasta la entrada de los acordes más graves, ejecutados en sintetizador, que introducen lo que sería el “leitmotiv” y le imprimen el clima terrorífico, convirtiendo esa sencilla pieza musical en la etiqueta del personaje principal: Michael Myers.

Las notas que el cineasta/compositor utilizó para el tema dan la sensación de ser feroces puñaladas clavadas en el piano, extremadamente inquietantes a la hora de subrayar las apariciones del “serial killer” protagonista.

Resultaron tan efectivas, en su tosco primitivismo musical, que aún cuando el psicópata asesino no aparezca en la escena, la música de Carpenter lo hace omnipresente, efecto que llega al paroxismo en las tomas finales de la película en que la acción se apoya más que nunca en la fuerza del leitmotiv.

HALLOWEEN – Laurie’s theme – JOHN CARPENTER

Casi imposible resulta no comparar las notas de Halloween, en cuanto a su efectividad, con las que el gran Bernard Herrmann creó para la famosa escena de la ducha del clásico de Alfred Hitchcock “Psycho” (1960) (Arg. “Psicosis” / Esp. idem). Allí son las cuerdas de los violines y cellos las que desgarran el cuerpo y el alma de Janet Leigh, horadando la capacidad auditiva del público hasta la exasperación. En este aspecto se vislumbra la influencia del genial compositor neoyorquino, así como también la impronta del maestro italiano Ennio Morricone.

Ambos íconos de la banda sonora fueron fuente esencial para Carpenter como compositor, según él mismo lo reconoce en los comentarios que aparecen en la edición del “soundtrack” de Halloween de Varese Sarabande (VCD 47230-1985): “Mis mayores influencias fueron Bernard Herrmann y Ennio Morricone…La capacidad de Herrmann para crear una partitura poderosa e imponente con medios orquestales limitados, utilizando el sonido básico de un instrumento en particular, cuerdas altas o bajos graves, fue impresionante. Su “score” para Psycho, la película que inspiró a Halloween, fue primariamente todo instrumentos de cuerda”.

Bernard Herrmann

Arr.: Mike Oldfield

Izq.: Carpenter con Ennio Morricone

 

En cuanto a Morricone, con quien Carpenter se dio el lujo de trabajar unos años después en “The Thing” (1982) (Arg. “El Enigma de otro Mundo” / Esp. “La Cosa”), su incidencia se aprecia más que nada en la forma en que Morricone estructura sus temas, construyendo una melodía sobre una plataforma rítmica que se repite, modificando las tonalidades a medida que avanza y provocando sucesivos “crescendos” mediante la utilización de la sección de cuerdas, especialmente las de registros más bajos, herramienta que le permitía la creación de un “climax” persistente como refuerzo de las imágenes. 

Personalmente considero que también, si bien Carpenter no lo ha reconocido expresamente, resulta más que evidente la influencia del tema “Tubular Bells” de Mike Oldfield que fuera utilizado por William Friedkin para su obra maestra “The Exorcist” (1973) (Arg. “El Exorcista” / Esp. idem).

Con Herrmann y Morricone en mente, la grabación de Halloween comenzó a fines de junio de 1978 en los Sound Arts Studios, en aquel entonces un pequeño edificio de ladrillos en un callejón del centro de Los Ángeles, cuyo co-fundador era Dan Wyman, un especialista en programación de sintetizadores, doctorado en composición y etnomusicología en la Universidad de Natal, Sudáfrica, que trabajó con pioneros de la música electrónica como Paul Weaver, y empezó a componer para el cine al conocer a John Carpenter, colaborando con éste en Assault on Precint 13 y The Fog.

Wyman ofició de consultor creativo en la banda sonora de Halloween, programando los sintetizadores y supervisando la grabación de las interpretaciones de Carpenter, con frecuencia imperfectas según admite el propio cineasta: “A menudo, se unió a mí para interpretar una línea difícil o acelerar el proceso muchas veces interminable de sobregrabar un instrumento a la vez.”

Si bien en los créditos finales aparece la Bowling Green Philharmonic Orchestra como intérprete, en realidad se trata del propio Carpenter que utilizó ese nombre de fantasía para no aparecer como el verdadero ejecutante. A su vez, la excelente tarea de Wyman hizo que Carpenter lo acreditara como coproductor musical de la banda sonora de Halloween. Su buen gusto y maestría musical pulieron las aristas de una partitura que se tornaba áspera en su tonalidad minimalista.

HALLOWEEN – The Shape Stalks – JOHN CARPENTER

Trabajaron juntos en lo que Carpenter denominó el modo “double-blind” (doble ciego) que significaba que la música se compuso e interpretó en el estudio de grabación, en seco, sin referencia ni sincronización con la imagen real del film. Tiempo después, Carpenter se asoció con Alan Howarth para producir la banda sonora de la secuela, Halloween II, quien lo indujo a componer mediante un sistema de cinta de video sincronizado, perfeccionando así el ensamble entre la música y las escenas a las que se aplicaba. Howarth, de extensa experiencia en el uso de sintetizadores, colaboró luego con Carpenter en sus siguientes “scores” para “Escape from New York”, “Halloween III”, “Big Trouble in Little China”, “Prince of Darkness”.

John Carpenter y Alan Howarth en el estudio de grabación

Las sesiones de grabación se llevaron a cabo durante dos semanas, porque eso era todo lo que el presupuesto permitía, siendo el tema de los títulos principales el primero en grabarse. Luego fue el turno de los temas asociados con los personajes de Laurie (Jamie Lee Curtis) y del Dr. Loomis (Donald Pleasence), ambos de raíces claramente “herrmannianas”. Y finalmente llegaron los efectos que Carpenter denominó “stingers” (aguijones), sonidos profundamente agudos creados a partir de los sintetizadores que utilizó para enfatizar la sorpresa visual ante alguna escena escalofriante y efectista, mezclados hábilmente con otros sonidos cortos y percusivos colocados en momentos oportunos para asustar a la audiencia, recurso éste que sería copiado y usado hasta el hartazgo por diferentes realizadores del género. Carpenter se mostraría avergonzado años más tarde al admitir que había grabado demasiados “stingers” para la película, abusando del efecto.

Asimismo, utilizó música no compuesta especialmente para el film, como por ejemplo un tema sin título de la banda The Coupe de Villes, integrada por el propio Carpenter en guitarras, teclados y voz, y sus amigos Nick Castle (director de películas como “The Last Starfighter” (1984) y “The Boy who Could Fly” (1986), que también estuvo tras la máscara de Michael Myers) también en teclados y voces, y Tommy Lee Wallace (que dirigiera “Halloween III: Season of the Witch” (1982), en guitarras. Con ellos también compuso e interpretó años más tarde la canción de “Big Trouble in Little China”.

El otro tema no compuesto para la banda sonora era la canción Don’t Fear the Reaper” del grupo de rock Blue Oyster Cult, que se escucha casi imperceptiblemente en la escena en la que Laurie viaja en el auto de su amiga Annie (Nancy Keys) camino a cuidar a Tommy Doyle (Brian Andrews).

La banda sonora fue editada por primera vez en Japón en 1979 por Columbia Records y en Estados Unidos en octubre de 1983 por Varese Sarabande / MCA. Fue editada en CD en 1985, re-lanzada en 1990, más una edición 20 Aniversario en 1998 y otra lanzada en el año 2000.

El crítico cinematográfico y escritor de novelas fantásticas James Berardinelli opinó que el score de Halloween era “relativamente simple y poco sofisticado”, admitiendo sin embargo que, a su vez, era uno de los activos más potentes de la película.​

Coincidimos con Berardinelli. La música de Halloween no será recordada como una partitura excelsa, ni tampoco por el virtuosismo en su ejecución (definitivamente Carpenter no es un gran pianista), sus limitaciones musicales están a la vista, o más precisamente “al oído”, y fueron reconocidas por el propio cineasta en un reportaje: “Puedo tocar casi cualquier teclado, pero no puedo leer ni escribir una sola nota”.

Sin embargo, la banda sonora ha sido reconocida como un hito del género del terror por la eficacia con la que logra incidir en las imágenes y por la inspirada creación de un tema principal icónico: el sonido Michael Myers. Halloween es un claro ejemplo del efectismo musical en el cine. En ese sentido es una obra maestra.

Tapa y contratapa del LP original del soundtrack de HALLOWEEN editado por Varese Sarabande

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