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House of Wax (1953)

por Eduardo J. Manola

Artículo publicado en el nº 10 de la revista CINEFICCION editada por Darío Lavia

“El monstruo debe ser mayor que la vida y el doble de terrorífico. Hay una extraña relación entre la imagen del monstruo como una máscara que lleva el artista, y el monstruo que el artista puede ser para sí mismo. Los problemas de la cara en el espejo siempre parecen mayores y más terroríficos que los de la realidad”

THE HOUSE OF WAX (1953) música de David Buttolph

Con estas elocuentes frases definía Vincent Price su percepción sobre el trabajo que debía realizar un actor cuando se metía en la piel de un monstruo. Y fue eso, exactamente, lo que hizo con su inolvidable personaje de Henry Jarrod, el desquiciado escultor de House of Wax (Arg. Terror en el museo de cera, Esp. Los crímenes del museo de cera, 1953) de André de Toth, soportando sesiones de maquillaje de tres horas para su colocación y otras tres para quitárselo. Durante las casi diez horas en que lo llevaba puesto, solo podía ingerir líquidos, y debía soportar el calor de los reflectores del estudio, rogando para que la escena se hiciera en una sola toma.  

El ya indiscutible clásico del cine de terror, fue la elección que Price concretó cuando se le presentó la disyuntiva entre esta cinta y un papel liviano en My Three Angels, una comedia de Broadway que iba a dirigir José Ferrer, que había evaluado como posibilidad porque quería salirse del encasillamiento en personajes de villano. Sin embargo, su decisión lo catapultó, justamente, al firmamento de la estrellas del horror, del que nunca más se bajó.

La película, remake de Mystery of the Wax Museum (Los crímenes del museo, 1933) de Michael Curtiz, con Lionel Atwill y Fay Wray, tenía un valor agregado, un componente de atracción generado porque se filmaría en 3D. En 1952, la United Artists había producido una intrascendente y barata cinta de aventuras y safari, Bwana Devil (Bwana, diablo de la selva), con Robert Stack y Bárbara Britton, dirigida por Arch Oboler, cuyo único logro fue que introdujo la técnica del 3D (Dimension Naturalvision). La Warner quiso sacarle jugo a la novedad con House of Wax, y redobló la apuesta, agregando un avance en el rubro sonoro, el WarnerPhonic Audio, que sería el precursor del Surround Sound.

Subido a estos avances técnicos, David Buttolph se encontró con la tarea de componer la música de una película que llamaría mucho la atención del espectador en lo visual, así que su trabajo debía lograr que el nuevo sistema audiofónico de alta fidelidad también se apreciara en toda su magnitud. Pese a haber participado en la música de más de 300 films, Buttolph nunca logró posicionarse en el ranking de los más encumbrados compositores de Hollywood, aunque su nombre aparece asociado a películas de gran repercusión popular, como Kiss of Death (El beso de la muerte, 1947), de Henry Hathaway, el clásico de Hitchcock de 1947 Rope (La soga), y The Beast from 20.000 Fathoms (El monstruo de tiempos remotos, 1953) de Eugene Lourie. Su paso por la televisión dejó temas memorables como la canción de la inolvidable serie protagonizada por James Garner, Maverick (1957), considerada la pieza musical más popular de su carrera, con letra de Paul Francis Webster, y música para distintos episodios de series como 77 Sunset Strip, The Alaskans, Adventures in Paradise (Aventuras en el  paraíso), The Virginian (El virginiano), Wagon Train (Caravana), The Twilight Zone (La dimensión desconocida), Laramie, e incluso para dibujos animados como The Huckleberry Hound Show y The Ruff & Reddy Show.

David Buttolph

Nunca logró establecer un estilo musical definido ni reconocible, y trabajó en la mayoría de los géneros cinematográficos, aunque recaló en mayor medida en el western, donde destaca su partitura para The Horse Soldiers (Arg. Marcha de valientes, Esp. Misión de audaces, 1959) de John Ford, con John Wayne y William Holden. También es de recordar la música, de gran exotismo y colorido orquestal, que compuso para Secret of the Incas (Esp. El secreto de los Incas, Arg. La leyenda del Inca, 1954), film cuyo personaje principal, protagonizado por Charlton Heston, ha sido inspiración iconográfica del Indiana Jones de Spielberg en más de un aspecto (sombrero, chaqueta y dirección artística).

En la música que compone para Museo de Cera, Buttolph utiliza profusión de bronces (cornos, trombones y trompetas) para acentuar el carácter terrorífico de la cinta, al mismo tiempo que experimenta con el theremin para dotarla de una atmósfera siniestra y llena de misterio, aunque el uso de dicho instrumento está muy contenido, y aparece muy sutilmente en los títulos principales al inicio de la película, y en breves pasajes casi imperceptiblemente. La partitura, sin embargo, carece de un leitmotiv, una melodía que identifique al personaje central o que resulte reconocible para los oyentes, aunque, en el resultado final, no puede negarse su efectividad dramática, ni su solidez incidental en el subrayado de las escenas tanto de terror como de acción.

THE MAD MAGICIAN (1954) música de Arthur Lange y Emil Newman

En 1954, Vincent Price se encuentra otra vez encarnando a un artista con problemillas psicológicos, Don Gallico, un mago, más precisamente un inventor de trucos de magia, obsesionado con tener su propio espectáculo, que es humillado por un productor que le roba sus creaciones para dárselas a un mago de renombre, el cual, además, se queda con su esposa (Eva Gabor). Las consecuencias son obvias, Don Gallico pierde la cabeza y comienza su venganza “haciéndosela perder” al productor (lo decapita con una sierra circular), entregándose a una serie de asesinatos. Esta vez fue la Columbia la que salió a buscar a Price para aprovechar el éxito de House of Wax y la novedad del 3D, produciendo The Mad Magician, con dirección de John Brahm, pero en blanco y negro para abaratar costos. Nuevamente, el gran Vincent tuvo que soportar una máscara, aunque ésta no era tan complicada ni pesada, ya que se basaba más que nada en una prótesis de nariz y en unas cejas más pronunciadas. Sin embargo, el problema surgió en una escena en la que Price pelea con Patrick O’Neal y, por accidente se daña la nariz, que ya se había roto en sus años de universidad, obligándole a una cirugía estética correctora. El incidente contribuyó a la inflexión nasal que cada vez más distinguiría la voz de Vincent Price.

Arthur Lange, compositor, arreglista y conductor de orquesta, fue contratado para ponerle música al mago loco. No fue muy célebre ni alcanzó la notoriedad de otros autores de la época, pero poseía una frondosa carrera dentro del mundo del cine, con más de 100 bandas sonoras en su haber, y compartió una nominación al Oscar con Hugo Friedhofer para el clásico del cine negro The Woman in the Window (La mujer del cuadro, 1944) de Fritz Lang, con Edward G. Robinson. Fue individualmente nominado también en cuatro ocasiones más, pero nunca ganó la estatuilla. En sus inicios fue un prolífico arreglador de musicales de Broadway, y compartió presentaciones en el Cinderella Ballroom con los trompetistas Earl Oliver y Tommy Gott. Desde 1929 se convirtió en la cabeza del Departamento Musical de la Metro-Goldwyn-Mayer, y también asumió esa función en otros estudios, además de ser director musical del sello discográfico Cameo Records.

Arthur Lange

Entre 1947 y 1956 condujo la Santa Monica Civic Symphony, que él mismo había organizado. Emil Newman, hermano del gran compositor y director musical de la 20th Century Fox, Alfred Newman, colaboró con Lange en la partitura para The Mad Magician, pero realmente la música no revela inspiración alguna ni destaca en ningún aspecto. Es una obra menor y mediocre que no ha tenido trascendencia alguna, aunque sí funciona perfectamente en el film dirigido por John Brahm, que fotografiado en blanco y negro, a diferencia del brillante Warnercolor de Museo de Cera, mantiene el estilo modélico del realizador de películas de clase B de los años 40, jugando con un aspecto lavado monocromático que supuso uno de los puntos más fuertes de la cinta. Se puede suponer que la decisión de aplicar esta coloratura fue más artística que de presupuesto. Asimismo, Brahm utiliza el nuevo sistema 3D de manera más sutil que en House of Wax, lo que demuestra que no quería llamar la atención en ese aspecto a expensas de la historia. La actuación de Price, como siempre, soberbia.

Emil Newman

 

THE ABOMINABLE DR. PHIBES (1971) música de Basil Kirchin

Recién en 1971, Vincent Price volvería a calzarse una máscara, esta vez, nuevamente, para encarnar a un asesino vengador en la comedia de horror dirigida por Robert Fuest, The Abominable Dr. Phibes (El abominable Dr. Phibes). El Doctor Anton Phibes es un concertista de órgano y experto en teología dado por muerto en un accidente automovilístico cuando regresaba del entierro de su amada esposa Victoria. Horriblemente desfigurado y habiendo perdido la voz, utiliza una máscara terrorífica y un aparato fónico que él mismo desarrolla con sus conocimientos de acústica. La serie de asesinatos que encara el desquiciado Phibes contra todos aquellos a los que considera responsables de la muerte de su esposa en una fallida cirugía, es una verdadera delicia para los amantes del género, por su originalidad e intencionada ridiculez. Con la ayuda de su asistente muda Vulnavia, mata inspirándose en las plagas que sufrieran los egipcios por haber esclavizado a los hebreos. Price consuma una interpretación memorable, en la que demuestra no solo su talento sino también su suficiencia, ya que se mueve con una naturalidad que convierte en marca de fábrica, en la onda kitsch exacta de la película, una extraña mezcla de historia de terror y toques de humor negro, que hace gala de una dirección artística de estilo art déco con pinceladas de aire pop.

La banda sonora hace uso de la pieza clásica War March of the Priests que Felix Mendelssohn compuso para la tragedia del dramaturgo francés Jean Racine, Athalie, que Phibes toca al órgano. Ese instrumento era el órgano del teatro New York Paramount, y actualmente se encuentra en el Century II Center en Wichita, Kansas, y el intérprete fue el organista Dr. Robert Moore Strippy. 

La música incidental es creación de Basil Kirchin, baterista y compositor británico de jazz, considerado el “padre de la ambient music”, por su experimentación con la manipulación de sonidos pre-grabados, que participó en big bands de los 40 y 50, fue acompañante de artistas como Sarah Vaughan, grabó para Decca, y Parlophone con producción de George Martin, célebre manager de los Beatles. En los años 60 Kirchin, además de producir algún material para la editora De Wolfe, con músicos como Jimmy Page (Led Zeppelin), comenzó a trabajar en el desarrollo de piezas experimentales para lo que él llamó “bandas de sonido de films que todavía no se filmaron”, y obtuvo un premio del Arts Council of Great Britain, un grabador Nagra que inmediatamente utilizó para registrar sonidos de animales y de la naturaleza en el zoo de Londres, voces de niños autistas y todo tipo de sonidos. Con ese material como materia prima, varió las velocidades de las grabaciones obteniendo nuevos efectos de sonido. Todo ese trabajo, que luego editó en dos álbumes llamados World Within Worlds, lo financió con el dinero que obtuvo componiendo algunas bandas sonoras por encargo, como la cinta de horror The Shuttered Room (¿Por qué lloras, Susan?, 1967) protagonizada por Oliver Reed, el thriller I Start Counting (Empieza a cantar, 1970), ambas de David Greene, y la mismísima The Abominable Dr. Phibes.

Basil Kirchin

Como curiosidad cabe destacar que la película y su secuela, Dr. Phibes Rises Again! (El retorno del Dr. Phibes, 1972) también de Robert Fuest y nuevamente con Vincent Price en el mismo rol, influenciaron canciones de grupos como Kryst the Conqueror, cuyo tema que tenía el nombre de este film, se incluyó en el álbum Cuts from the Crypt de la banda The Misfits. También el grupo inglés Angel Witch editó el tema instrumental “Dr. Phibes” para su álbum Loser.

The abominable Dr. Phibes se convirtió con el tiempo en una verdadera pieza de culto, y es interesante recordar que la película casi no se realiza porque Price venía manteniendo una relación muy conflictiva con la productora American International Pictures de Samuel Z. Arkoff y James H. Nicholson, y quería romper su contrato, pero fue tan alta la seducción de las ideas bizarras del guión de Phibes, que tanto Price como la AIP limaron asperezas y se lanzaron a la producción. Por su parte, el director Robert Fuest consiguió convertir la historia en una comedia negra, paródica y extravagante, acostumbrado a jugar con la corriente colorida del pop que venía realizando en varios de los capítulos de la serie británica The Avengers (Los vengadores), en la que Emma Peel y John Steed lidiaban con personajes y situaciones de similar estilo.  

El gran Vincent nunca más se calzó una máscara de las características de las que había soportado en estas tres producciones.

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