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La música en el cine de terror de Paul Naschy (capítulo II)

por Eduardo J. Manola

Segunda parada en el camino a los confines del fantaterror hispano a través de la música de algunas de las películas más recordadas del gran Jacinto Molina.

Pintura original de Diego Fiorucci realizada para la Expo “NASCHY: Una Autobiografía en Imágenes” en la Beldurrezko Astea – Semana Terror Donostia – octubre 2019

LA FURIA DEL HOMBRE LOBO (1972), fue una película traumática para Paul Naschy, quien definió a su director, José María Zabalza, lisa y llanamente como un “desastre”, entregado a la bebida desde primeras horas de la mañana, y que se presentaba alcoholizado al set, convirtiéndolo en un infierno. El guion de Naschy fue destrozado por Zabalza, quien llegó, incluso, a asignar, de manera inconsulta, su reescritura a su sobrino, un crío de catorce años, cuestión que sacó de quicio a Naschy. El rodaje de la película se desbarrancó, llegándose a insertar con descaro muchas escenas de La marca del hombre lobo, lo que provocó que en una misma secuencia el personaje apareciera ataviado con camisa blanca o negra. También se contrató a un doble para Naschy, bajo la excusa de ahorro de presupuesto (?), pero la forma de caminar del stuntman era totalmente distinta a la de Naschy, y la diferencia quedó muy en evidencia en la cinta.

La furia del hombre lobo contó de nuevo con la participación de Angel Arteaga para la banda sonora, pero esta vez con la colaboración de una compositora femenina: Ana Martha Satr Torres, conocida como Ana Satrova. Oriunda de Argentina, abordó la música de cine en el viejo mundo, en España específicamente, más que nada por su matrimonio con el director José María Zabalza, por lo que podemos suponer que su participación en esta película fue impuesta por el realizador. Es más, la vinculación profesional de Satrova con el mundo de la música de cine se limita exclusivamente a películas dirigidas por su esposo, quien luego de abandonar sus estudios de Ciencias Económicas creó la productora Haz Films en 1955 y se lanzó a ganarse la vida con el cine, produciendo y dirigiendo un puñado de films de distintos géneros, olvidables y olvidados. Zabalza participó en proyectos de bajo coste y coproducciones hispano-italianas del oeste y también en cintas de terror. Satrova lo acompañó en todas ellas componiendo partituras de tan pobre calidad como las propias películas de su marido, en las que llama la atención la escasa inserción de fragmentos musicales. El concreto aporte de la Satrova a La furia del hombre lobo es, cuanto menos, dudosa, teniendo en cuenta la presencia de Arteaga en el ítem musical, que ya había trabajado con Naschy y contaba con mayor experiencia en el medio. El estilo de la Satrova, que se aprecia en las patéticas películas de Zabalza, era inexistente, y sus herramientas se limitaban a alternar elementos tonales y atonales, colocando éstos últimos en las secuencias de misterio o suspense, haciendo además un uso insulso y mediocre del sintetizador en combinación con la orquestación de instrumentos clásicos. Por otra parte, tanto la compositora como Zabalza, demostraron nulo interés por la estética musical, llegando a cortar la música aún cuando la escena a la que apoyaba no había concluido, atentando contra la sincronía básica que debe existir entre imagen y música. Era, además, típico de esta peculiar pareja, emplear los mismos temas musicales en sus películas, aunque organizados de manera diferente en cada una.

Además de la banda sonora original de Arteaga / Satrova, La furia del hombre lobo incluyó un fragmento de la Toccata in D Major de Johann Sebastian Bach.

José María Zabalza en un fotograma del documental Director Z (2018, Oskar Tejedor)

Paul Naschy junto a Carlos Aured (foto de la colección de Angel Gómez Rivero)

En 1972 Naschy le encarga a Anton García Abril la banda sonora de DOCTOR JEKYLL Y EL HOMBRE LOBO, para la que éste contará además con la colaboración del compositor argentino Adolfo Waitzman, seguramente por sugerencia de su compatriota León Klimovsky, que estaba a cargo de la dirección del film. Waitzman, nacido en 1932 en Buenos Aires, como Adolfo Waitzman Goldstein, de origen judío, se afincó en España y allí desarrolló toda su carrera profesional desde principios de los años sesenta. Fue especialmente conocido por componer melodías tanto para cine como para televisión (más de setenta películas cuentan con su música), entre ellas Diferente (1961), La gran familia (1962) con Alberto Closas, Atraco a las tres (1962), la comedia negra de Luis García Berlanga El verdugo (1963), con Nino Manfredi, para la que escribió un twist típico, La violación de la señorita Julia (Pensione Paura, 1978, Francesco Barilli), con claras influencias del Morricone de la etapa del giallo, a la que incorpora reminiscencias tangueras, y Zampo y yo (1966), en la que destaca su canción El mundo mágico, interpretada por una Ana Belén casi en pañales en su debut como actriz.

La violación de la señorita Julia (Pensione Paura, 1978, Francesco Barilli), con claras influencias del Morricone de la etapa del giallo, a la que incorpora reminiscencias tangueras, y Zampo y yo (1966), en la que destaca su canción El mundo mágico, interpretada por una Ana Belén casi en pañales en su debut como actriz.

Para TVE compuso la sintonía de series y programas, y fue con la melodía con la que daba inicio el programa Un, dos, tres…responda otra vez, con la que Waitzman adquiriría cierto reconocimiento. La célebre sintonía cantada por la Calabaza Ruperta, un dibujo animado al que le puso su voz el mismísimo director del concurso Narciso Ibañez Serrador, ha quedado grabada en la memoria colectiva de los españoles que vivieron las décadas de 1970, 1980 y 1990.

Narcizo Ibañez Serrador con uno de los muñecos de Un, dos, tres…Responda otra vez

JACK EL DESTRIPADOR DE LONDRES (1972), dirigida por José Luis Madrid, coproducción con Italia cuyo título en ese país fue Sette cadaveri per Scotland Yard, se rodó casi enteramente en Londres y en los ferrocarriles ingleses, y le valió a Naschy su primer premio en el Festival Internacional de Sitges. La cinta es un giallo español cuyo guion, del propio Naschy, tenía un potencial que la magra dirección de Madrid malogró.

La música le fue confiada al célebre Piero Piccioni, compositor nacido en Turin, fanático del jazz desde niño, único músico italiano que tocó con Charlie Parker, autodidacta y amante del cine norteamericano, influenciado por la música de Alex North y sus bandas sonoras para Un tranvía llamado deseo de Elia Kazan y Spartacus de Stanley Kubrick. Trabajó para los grandes de Italia, como Michelangelo Antonioni, Luchino Visconti, Bertolucci, Rossellini, De Sica, y recorrió distintos géneros destacando en la comedia, el péplum y el terror.

El compositor italiano Piero Piccioni en Venecia

La banda sonora de Jack el destripador de Londres, mereció dos ediciones discográficas diferentes. La de Beat Records de 1996 que contenía una selección de 11 temas creados en exclusiva para el soundtrack, e incluía además cortes de la música que Francesco De Masi había escrito para 7 Hyden Park: la casa maledetta. La otra edición fue la de Quartet Records de 2012, mejorada y ampliada a 22 temas, con material inédito que incluía nuevas variaciones de “Seven Murders”, el tema más memorable del score, de raíz jazzística y parcialmente inspirado en la famosa tonada medieval Dies Irae. Piccioni fusiona música urbana y funk con cortes de atmósfera sombría y de misterio, a ratos experimental, que tiene como defecto el resultar repetitiva ya que no desarrolla diferentes temas sino que se limita a ejecutar variaciones del tema principal. En la película no funciona del todo bien, pero a pesar de ello me arriesgaría a decir que es una de las mejores bandas sonoras compuestas para la filmografía de Naschy.

LA ORGÍA DE LOS MUERTOS (L’orgia dei morti, The Hanging Woman, 1973), coproducción con Italia, del realizador madrileño José Luis Merino, contó con música del prestigioso compositor romano Francesco de Masi, de formación eminentemente clásica que brilló en numerosos péplums en la edad dorada de ese subgénero, con orquestaciones sinfónicas y marciales, y también en el spaghetti western, para el que utilizó baladas cantadas y muy pegadizas. Incursionó en el film romántico, al que imprimió su particular sentido de la melodía. Entre sus scores más célebres cabe destacar Ese maldito tren blindado (Inglorious Bastards, 1978), El destripador de New York (1982), Lobo solitario McQuade (1983) y Escape del Bronx (1983). La música que De Masi despliega para La orgía de los muertos contiene rasgos característicos de la puesta en escena histórica y el marco rural presentes en las producciones de la casa británica Hammer, influencia que, por otra parte, la película no oculta sino que hace evidente, en concreto de La plaga de los zombies (The Plague of the Zombies, 1966), de John Gilling, el mismo que un año después junto al productor Quique Herreros (hijo) le birlaría a Naschy la idea de La cruz del diablo, un guión que había escrito con mucho esfuerzo basado en las Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer, dejándolo además fuera del reparto. De Masi recupera asimismo para esta banda sonora algunos temas que él mismo había compuesto para Lo Spettro (The Ghost, 1963), de Riccardo Freda, protagonizada por la reina del terror Barbara Steele.   

Música de La orgía de los muertos

Música de Lo Spettro 

EL RETORNO DE WALPURGIS (1973) de Carlos Aured, es el séptimo film que tiene a Waldemar Daninsky como personaje central y presenta la particularidad de dejar de lado los eventos ocurridos en las seis películas anteriores, relatando un nuevo origen del Hombre Lobo que comienza en la época medieval, con maldición incluida, para centrarse luego en algún momento no especificado del siglo XIX. Aured, que fuera ayudante de dirección en La noche de Walpurgis, dirige aquí con cierto abuso de recursos básicos como el plano/contraplano convencional y el zoom, pero también muestra lo mejor de sus condiciones y logra algunas tomas muy destacables, como aquella imagen onírica de Waldemar en plano medio con la luna llena como fondo, y en especial toda la secuencia inicial de la película, con el muy digno plano general que incluye el castillo, la condesa Bathory en la hoguera y varias brujas ahorcadas colgando del puente. La música se encargó otra vez a Anton García Abril, quien mantiene su estilo sobrio pero se juega un tanto la partida sinfónica en las escenas medievales, incorporando percusión y bronces para ambientar el clima feudal y el combate cuerpo a cuerpo entre los caballeros ricamente ataviados con armaduras en un despliegue de atrezzo y vestuario no usual en este tipo de producciones. La partitura de García Abril, sin ser brillante, cumple bien su función y potencia las imágenes históricas del origen de la maldición de Waldemar, aunque más adelante, peque de cursilería al apoyar las escenas románticas o eróticas, que las hay, o de sincronización incorrecta en las tomas en exteriores en bosques o campiñas, que necesitaban otro tipo de apoyo, otro estilo de música.  

Por su parte, el maestro Carmelo Alonso Bernaola fue el encargado de dar vida musical a las siguientes tres películas de Paul Naschy, las tres de 1973. EL JOROBADO DE LA MORGUE y EL GRAN AMOR DEL CONDE DRACULA, ambas dirigidas por Javier Aguirre, y EL ESPANTO SURGE DE LA TUMBA, otra vez de Carlos Aured.

Nacido en Ochandiano, Vizcaya, en el país vasco, en 1929, Bernaola sufrió los bombardeos de la Guerra Civil y se trasladó con su familia a Medina de Pomar, Burgos, comenzando allí sus estudios musicales de solfeo, trompa y especialmente clarinete, instrumento al que se dedicaría profesionalmente. Incorporado como sargento en la Banda del Ministerio del Ejército en Madrid, coincidió con varios músicos miembros de la denominada Generación del 51, como Manuel Angulo, Cristóbal Halffter y Angel Arteaga, éste último como vimos, compositor de algunas de las bandas sonoras de Naschy. Profundiza sus estudios con maestros como Enrique Massó en armonía, Julio Gómez en composición y Francisco Calés Pina en contrapunto y fuga. En los inicios de la década del sesenta comienza su actividad en la banda sonora, tanto en cine como en televisión, que coincide con la fuerte evolución rupturista en todos los medios artísticos frente a la situación político social establecida por la dictadura de Franco.  A partir de ello, la música asimila rápidamente los nuevos estilos que España se había perdido en esos años, Stravinsky, Bartok, el atonalismo expresionista, el dodecafonismo, el serialismo integral, el grafismo y las técnicas electroacústicas. Bernaola compuso 82 bandas sonoras para cine, como Tormento (1974, Pedro Olea), Espérame en el cielo (1988, Antonio Mercero) y Pasodoble (1988, José Luis García Sánchez), con la que ganó el Premio Goya 1989 a mejor música original. En televisión destacó su recordada y popular melodía para la serie Verano azul, así como la sintonía del programa de debate La clave. Falleció en 2002 y está considerado como el introductor de la modernidad en la música clásica española, con su concepto de música flexible, basada en técnicas aleatorias, germen del movimiento progresista musical rechazado por el público purista y tradicional de la música culta.

El compositor Carmelo Alonso Bernaola

Para El Jorobado de la morgue, Bernaola expone una serie de temas de raíces populares y tonadas a base de acordeón para ilustrar las escenas pueblerinas y el título principal. La ambientación musical en los pasajes dramáticos de la película se distribuye entre una melodía romántica a base de piano y violines para describir la relación del monstruo Gotho con su amada Ilse y música incidental de corte trágico y terrorífico en apoyatura de las secuencias de misterio, asesinatos y horror.  

Para EL ESPANTO SURGE DE LA TUMBA se decanta por una banda sonora basada casi exclusivamente en el órgano o teclados, en la que subyacen reminiscencias de la Toccata y fuga in D minor BWV 565 de Bach, por supuesto, salvando las distancias. Al mismo tiempo, se puede apreciar cierta intención  experimental con la música electrónica que se queda a mitad de camino, en una muy magra ejecución de los sintetizadores.  

Aquí me permito disentir con Jacinto Molina cuando sostiene, en su autobiografía, que “…la música de Bernaola…subrayaba de forma contundente el horror…[1] Es muy pobre la banda sonora que el músico vasco escribió para este film, básicamente una sucesión de sonidos emitidos por el órgano o sintetizadores sin ninguna cualidad armónica y que, para peor, ni siquiera apoyan con solvencia las imágenes, que quedan huérfanas del sustento dramático que una obra musical eficaz les hubiera aportado y se convierten en un pegajoso acompañamiento, tan innecesario como insufrible en ciertos pasajes, por su exasperante reiteración. 

 

[1] Paul Naschy: Memorias de un hombre lobo, Alberto Santos Editor, Colección Nekrozine 2, noviembre 1997, pág. 99.

CONTINUA en CAPITULO III………

Ilustración de Miguel Angel Collado para la Expo NASCHY: Una autobiografía en imágenes en la Beldurrezko Astea – Semana Terror Donostia – octubre 2019 (https://www.facebook.com/miguelangel.collado.129)

Ultima estación en el recorrido por la música del fantaterror hispano en el cine de Paul Naschy. El año 1973 siguió siendo sustancioso en films de terror para Paul Naschy. Su participación en LAS RATAS NO DUERMEN DE NOCHE, dirigida por Juan Fortuny, resulta cuanto menos curiosa, porque son escasas las escenas en las que interviene. La película supone un intento, más bien burdo, de conjugar el Euro-crime o la Euro-exploitation de moda en ese momento…

por Eduardo J. Manola

Un viaje a las profundidades del terror español a través de la música de algunas de las películas más recordadas del gran Jacinto Molina. Los amantes del cine de terror de todas las latitudes atesoran, sin duda alguna, la impronta de las garras del primer hombre lobo del cine español, el pionero del fantaterror, el Lon Chaney ibérico. Paul Naschy (Jacinto Molina) supo aunar en su prodigiosa carrera toda la iconografía del más clásico horror cinematográfico, combinando sus hitos…

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