Pintura original de Gabriela Rodas para la Expo «NASCHY: Una Autobiografía en Imágenes» Beldurrezko Astea – Semana Terror Donostia – octubre 2019

La música en el cine de terror de Paul Naschy (capítulo I)

por Eduardo J. Manola

Un viaje a las profundidades del fantaterror español a través de la música de algunas de las películas más recordadas del gran Jacinto Molina

Los amantes del cine de terror de todas las latitudes atesoran, sin duda alguna, la impronta de las garras del primer hombre lobo del cine español, el pionero del fantaterror, el Lon Chaney ibérico. Paul Naschy (Jacinto Molina) supo aunar en su prodigiosa carrera toda la iconografía del más clásico horror cinematográfico, combinando sus hitos y símbolos, sacándole partido a cada elemento y utilizando toda su pasión cinéfila para crear personajes que ya se han ganado un lugar en el panteón universal de los monstruos.

Debutó como extra en la superproducción bíblica americana Rey de Reyes (King of Kings, 1961, Nicholas Ray), como un siervo egipcio de Herodes Antipas que encarnara magistralmente Frank Thring, y también como un soldado romano, ambos papeles sin acreditación. Así también apareció en El Cid (1961), 55 días en Pekín (1963) y el péplum ítalo-francés El último gladiador (L’ultimo gladiatore, 1964) de Umberto Lenzi, con Richard Harrison.

Paul Naschy extra junto a Hurd Hatfield (Poncio Pilatos) en Rey de Reyes

Pero el alba de su prolífica incursión en el mundo del cine se produjo cuando debutó como guionista, en colaboración con Enrique López Eguiluz, para LA MARCA DEL HOMBRE LOBO (1968), película que fue el germen del fantaterror español, rodada en 3D y sonido estereofónico en el Castillo de San Martín de Valdeiglesias. El film fue dirigido por López Eguiluz, y Molina se vio además obligado por las circunstancias a protagonizar el film para salvar su realización, forzado por la productora germana, ya que la primera opción para encarnar al hombre lobo había sido el mismísimo Lon Chaney Jr., pero éste, aquejado por un cáncer de garganta, viejo y demacrado, hubo de rechazar la oferta.

Además, el licántropo original dibujado por Naschy, que en su guion era oriundo de Galicia o Asturias, tuvo que trocarse en uno de nacionalidad polaca y cambiar su nombre, ya que la censura no permitía tal historia situada en España ni con un personaje central hispano que fuera un monstruo.

Así nació Waldemar Danisky, el noble polaco licántropo, que se convertiría en una marca de fábrica del actor, director, guionista, decorador, dibujante y levantador de pesas español.  El maquillaje del formidable José Luis Ruiz, basado en dibujos del propio Molina, se realizó en los estudios Ballesteros e incluyó unos colmillos fabricados con trozos de patatas. También aquí nació “Paul Naschy”, ya que la distribución internacional no aceptaba el nombre Jacinto Molina para encabezar el reparto. Así que Jacinto, en treinta minutos, tuvo que elegir un nombre artístico. Sobre la mesa había un periódico en el que vio al papa Paulo VI, y eligió llamarse Paul. El apellido lo construyó con el de un viejo amigo, el campeón de pesos gallos de Viena 1961, el húngaro Imre Nagy. Germanizó el apellido y lo transformó en Naschy, que fue aceptado inmediatamente por la producción alemana. La película se estrenó en Valencia y pasó luego por Barcelona y Madrid, sobrepasando los 800.000 espectadores y una taquilla de 26 millones de pesetas.

La música de La marca del hombre lobo fue compuesta por Angel Arteaga, músico nacido en 1928 en Ciudad Real, que edificó su trayectoria musical entre España y Alemania. Fue alumno de maestros españoles como Victorino Echevarría, Francisco Calés Otero y Julio Gómez García, y en Münich se cultivó bajo las enseñanzas de los compositores Carl Orff y Harald Genzmer. Escribió unas treinta partituras para el cine y un centenar para series de televisión, además de obras orquestales como Sinfonietta (1961) o Divertimento (1967). Compuso para Naschy también la música de El último kamikaze, Los cántabros, Madrid al desnudo, El huerto francés, El caminante, Todos los gritos del silencio. Murió prematuramente en Madrid a los 55 años, dejando una carrera trunca en plena madurez musical.

LOS MONSTRUOS DEL TERROR de 1970, fue dirigida por Tulio Demicheli y Hugo Fregonese (no acreditado). En realidad, fue Fregonese el que comenzó tras la cámara, pero por cuestiones de presupuesto se alejó y fue reemplazado por Demicheli, amigo de Naschy. Robert Taylor, que estaba en España promocionando una marca de televisores, y había leído el guion, se mostró interesado en interpretar el papel protagónico del Dr. Odo Warnoff. Llamó a Naschy y cenaron en el hotel Hilton. Naschy estaba tremendamente entusiasmado de que semejante estrella de Hollywood se uniera al reparto, pero la Warner ya había decidido darle el papel a Michael Rennie, el legendario protagonista de Ultimátum a la tierra (The Day the Earth Stood Still, 1951) de Robert Wise. Rennie sufrió mucho en el rodaje, ya que padecía de asma agudo y solo podía filmar en planos cortos o medios.

La música fue encargada a Franco Salina, seguramente por sugerencia de Demicheli. Salina no era un compositor muy prolífico, contando en su haber solo diez bandas sonoras, entre las que se cuentan Los leopardos de Churchill (I Leopardi di Churchill, 1970, Maurizio Pradeaux) y 36 horas en el infierno (36 Ore All’inferno, 1969, Roberto Montero), como las más destacables. La partitura se completó con la intervención de Rafael Ferrer-Fitó, compositor catalán nacido en Sant Celoni, cuya especialidad fueron las sardanas (danza popular considerada el baile nacional de Catalunya) y las zarzuelas. Tocaba el trombón y fue catedrático de violín en el Conservatorio Municipal de Música de Barcelona, ciudad en la que se estableció y llegó a ser director de la orquesta de Radio Nacional de España y de la Orquesta Sinfónica de Barcelona, entre otras. Su incursión en la música de cine comenzó en 1940, cuando se incorporó a los recién nacidos Dibujos Animados Chamartin, estudios de animación de Barcelona que tenían su sede en la famosa Casa Batlló de Gaudí. Ferrer-Fitó se especializó en musicalizar cortos de animación aunque también escribió música para algunos largometrajes, siempre dentro de España.

El compositor Rafael Ferrer-Fitó

LA NOCHE DE WALPURGIS (1971), significó el inicio de la amistad de Naschy con el director de origen argentino León Klimovsky, que supo mover con mucha habilidad la cámara lenta para mostrar el mundo de las tinieblas a través de la acción de vampiros, hombres lobo y demás monstruos, técnica que fue imitada luego cientos de veces. Jacinto Molina consideró que este film supuso la piedra fundamental del “estilo o sello Naschy”, cuyas fuentes de inspiración bebían de los viejos seriales, los monstruos de la Universal, el estilo victoriano de la Hammer, el expresionismo alemán y la escuela italiana, el folklore ancestral y las culturas milenarias, el romanticismo de los cuentos de fantasmas británicos, la phantasmagoria teutónica, la épica y las consejas medievales.

La película contó con la música del prestigioso  Anton García Abril. Compositor nacido en Teruel, Aragón, fue catedrático de Composición y Formas Musicales del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, y entre sus muchos galardones cuenta con el Premio Nacional de Música de España. En 2014 recibió el premio FIMUCITE del Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife que, además, desde dicha edición lleva su nombre. Compuso obras orquestales, música de cámara y obras vocales, y destacó en la música de cine con bandas sonoras como Los pájaros de Baden-Baden (1975), de Mario Camus, Gary Cooper que estás en los cielos (1980), y El crimen de Cuenca (1980), ambas de Pilar Miró, y La colmena (1982), de Mario Camus. También escribió la música para dos spaghetti westerns, Texas, adiós (Texas, addio,1966, Ferdinando Baldi) protagonizado por Franco Nero, y Manos Torpes (1969) del cineasta madrileño Rafael Romero Marchent. En televisión participó en Curro Jimenez, serie emitida entre 1977/1979, El hombre y la tierra, Los camioneros, Fortunata y Jacinta, Brigada Central, entre muchas otras. En el género del terror hispano, además de sus trabajos con Paul Naschy, destacan sus partituras para la tetralogía de los templarios, la mítica saga del director español Amando de Ossorio.

Hay una escena en La noche de Walpurgis que, es de suponer, inspiró a Amando de Ossorio a escribir La noche del terror ciego (Tombs of the Blind Dead, 1972) que éste rodó solo unos meses más tarde. Un zombie esquelético ataviado como un monje ataca a una víctima en un cementerio, con un gran parecido con los Caballeros Templarios que de Ossorio inmortalizaría en sus películas de los «Blind Dead». En su momento llegó a rumorearse sobre un proyecto de ambas franquicias para enfrentar al Hombre Lobo con los Templarios. Una verdadera lástima que la idea no se hiciera realidad. 

CONTINUA en CAPITULO II….

Ilustración de Diego Puglisi para NASCHY: Una autobiografía en imágenes en la Beldurrezko Astea – Semana Terror Donostia – octubre 2019

Ilustración de Esteban Tolj para NASCHY: Una autobiografía en imágenes en la Beldurrezko Astea – Semana Terror Donostia – octubre 2019

por Eduardo J. Manola

Segunda parada en el camino a los confines del fantaterror hispano a través de la música de algunas de las películas más recordadas del gran Jacinto Molina. LA FURIA DEL HOMBRE LOBO (1972), fue una película traumática para Paul Naschy, quien definió a su director, José María Zabalza, lisa y llanamente como un “desastre”, entregado a la bebida desde primeras horas de la mañana, y que se presentaba alcoholizado al set, convirtiéndolo en un infierno. El guion de…

Ultima estación en el recorrido por la música del fantaterror hispano en el cine de Paul Naschy. El año 1973 siguió siendo sustancioso en films de terror para Paul Naschy. Su participación en LAS RATAS NO DUERMEN DE NOCHE, dirigida por Juan Fortuny, resulta cuanto menos curiosa, porque son escasas las escenas en las que interviene. La película supone un intento, más bien burdo, de conjugar el Euro-crime o la Euro-exploitation de moda en ese momento…

Deja una respuesta