M*A*S*H

"Suicide is Painless"

Johnny Mandel: La canción más estúpida jamás escrita

por Eduardo J. Manola

En los inicios de su brillante carrera, Robert Altman arrastraba una reputación de ser un tipo difícil.  Mientras dirigía series de televisión como Maverick, Bonanza y Hazañas bélicas (Combat!) con gran éxito, fue despedido varias veces por «diferencias creativas» con sus productores. Si bien su talento era ampliamente reconocido, su temperamento irascible y una actitud rencorosa ante cualquier cuestionamiento que se le hiciera, provocaron que su trabajo se viera habitualmente regado de obstáculos. Pero en 1969, se le presentó la gran oportunidad, cuando la Fox le ofreció dirigir una versión cinematográfica de M*A*S*H, la novela que Hiester Richard Hornberger Jr., un escritor y médico cirujano durante la Guerra de Corea, había escrito en 1968 con el seudónimo de Richard Hooker. Basado en sus experiencias en esa contienda, el relato retrataba las desventuras de tres médicos militares en un Hospital Quirúrgico Móvil del Ejército (Mobile Army Surgical Hospital – MASH).

Altman no había sido la primera elección de la Fox, ya que más de una docena de directores habían rechazado la oferta, la mayoría por temor a involucrarse en un proyecto cuya temática se daba de bruces con la realidad de la época: la guerra de Vietnam, un tema muy controvertido al que M*A*S*H se acercaba peligrosamente y que hacía augurar un desastre de taquilla. Pero Altman, que no tenía mucho que perder y necesitaba el trabajo, aceptó el desafío y se puso manos a la obra, analizando el guión en profundidad como primera medida. Así, advirtió que el tema era una combinación muy arriesgada entre el más puro slapstick y la tragedia descarnada de la guerra, lo que lo colocaba, verdaderamente, en la cuerda floja. La salida la encontró a través de una escena puntual que le permitiría transmitir con claridad de qué iba el film: la denominó «La última cena» (The Last Supper), en la que el capitán Walter «Painless” (Polo Indoloro) Waldowski (John Schuck), evalúa suicidarse tras un vergonzoso fracaso en la cama y, por ello, sus colegas galenos beben y cenan con él frente a un ataúd en el que, un rato después, Waldoski practicará un falso suicidio.

La escena era tan absurda que Altman sentía que no funcionaba tal como había sido escrita. Le faltaba algo. Se le ocurrió que alguien cantara una canción de manera solemne, pero que fuera tan mala y estúpida que resultara divertida. Llamó para ello al compositor Johnny Mandel, que era amigo suyo y que había ganado un Oscar por su canción «La sombra de tu sonrisa» (The Shadow of Your Smile) de la película Castillos en la arena (The Sandpiper, Vincente Minnelli, 1965). Mandel dudó mucho antes de aceptar el encargo, pues la última película en la que había colaborado con Altman, Aquel día frío en el parque (That Cold Day in the Park, 1969), había sido un estrepitoso fracaso y, enfrentar otro yerro junto a su amigo, podía significar un triste final para su carrera.

El compositor Johnny Mandel

Altman decidió cambiar la costumbre imperante en Hollywood de montar la música en la etapa de postproducción, luego de la edición, y le pidió a Mandel que colaborara activamente en la planificación de «La última cena», y que escribiera una canción para que el actor Ken Prymus la cantara mientras tocaba la guitarra. Además, le exigió que se llamara «Suicide is Painless” (El suicidio es indoloro), y que fuera «la canción más estúpida jamás escrita».

Como es lógico, la consigna de que su trabajo “aspirara a la estupidez” no sería muy bien asimilada por cualquier compositor que se precie, y Mandel no fue la excepción, así que Altman, que se había dado cuenta de que el entusiasmo de Mandel brillaba por su ausencia, le dijo que se concentrara en la música y que de la letra se encargaría él mismo. Sin embargo, hasta la estupidez precisa del talento y Altman lo advirtió a poco que se enfrascó en la tarea. No podía escribir algo tan estúpido como lo que necesitaban, confesó días después, mientras los bollos de papel con letras frustradas se amontonaban en el cesto de basura.

Sin embargo, se le ocurrió que ese talento para la estupidez que le estaba jugando una mala pasada, lo podía encontrar en otra persona: su hijo de 14 años, Michael.

Así lo recordaba Mandel: «Bob iba a tratar con la letra, pero volvió dos días después y dijo: ‘Lo siento, pero hay demasiadas cosas en este cerebro de 45 años. No puedo escribir nada que se acerque a lo estúpido que necesitamos’. Instantes después, agregó: ‘Oye Johnny, no todo está perdido. Tengo un hijo de 14 años que es un completo idiota’. Así que Michael Altman, de 14 años, escribió la letra y luego yo le puse la música».

No es que el chico fuera estúpido de verdad, sino que su padre confiaba en que las “particularidades de la adolescencia” podían aportar el sin sentido que necesitaban. Lo cierto es que Michael no solo no lo decepcionó sino que la letra, que escribió en cinco minutos, encajaba perfectamente en la idea de la escena. Mandel no estaba tan seguro de ello y quedó muy mortificado cuando Altman decidió que la canción funcionaba tan bien que la usaría como tema principal de la película

La «estúpida canción» no solo aportaba lo suyo a “La última cena” sino que encajaba muy bien en las secuencias de heridos transportados en helicópteros, sangre, camillas y cirugías convertidas en carnicerías, jugando como una suerte de grotesco contrapunto del más puro humor negro.

Para sorpresa y posterior regocijo de Johnny Mandel, “Suicide is Painless” se convirtió en su mayor éxito. Pero el que más se benefició (se podría decir que “por su inspirada estupidez”) fue Michael Altman, que solo había pedido una guitarra cuando el productor Ingo Preminger le preguntó qué quería para escribir la letra, pero éste le hizo firmar un contrato estándar de compositor. Dado el éxito de la canción, Michael recibió durante años enormes dividendos por los derechos de la canción, varios millones de dólares, y a pesar de que quizás hubiera podido seguir escribiendo, se retiró de la composición y se dedicó a su pasión: la pintura. Por su parte, su padre pasó a ser un reconocido y respetado cineasta, aunque, en una aparición en The Tonight Show de Johnny Carson en la década de 1980 se quejó de que por dirigir M*A*S*H solo había cobrado 70.000 dólares, mientras su hijo se había hecho millonario.

Johnny Mandel también se enriqueció con la canción, que fue grabada por docenas de músicos, desde Henry Mancini a Marilyn Manson, llegó al puesto número 1 del Chart de Singles del Reino Unido en mayo de 1980, y se usó luego, en distintas versiones instrumentales, para la también exitosa serie televisiva de M*A*S*H (1972-1983).

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