THE GREAT WALTZ (1938)

Johann Strauss II: Valses estilo Hollywood

por Eduardo J. Manola

La primera película estadounidense del prestigioso cineasta francés Julien Duvivier fue la adaptación muy libre a la pantalla grande de la vida de Johann Strauss (hijo). Tras las cámaras y sin acreditar estuvieron también Victor Fleming y Josef Von Stenberg, nada menos, que rodaron algunas escenas del film. El reparto fue internacional: el actor belga Fernand Gravey (que aparece acreditado como Gravet), encarna a Strauss, en un papel que fue rechazado por Charles Boyer. La actriz polaca Miliza Korjus (en su debut cinematográfico) interpreta a la soprano Carla Donner, y la francesa Luise Rainer hace las veces de la abnegada y sufrida esposa del compositor. Cabe aclarar que estos dos últimos son personajes de ficción. El gran vals ganó en 1939 el Oscar a la mejor fotografía y tuvo otras dos nominaciones, a Miliza Korjus como mejor actriz secundaria y al mejor montaje. 

La música del film, obvio es decirlo, se integra con las piezas más famosas de Strauss, pero en los arreglos y en la adaptación de los temas estuvo el célebre Dimitri Tiomkin, y el bajista y cellista ruso Mischa Bakaleinikoff, exiliado en Estados Unidos en 1926 y contratado por la Columbia desde 1944 hasta su muerte en 1960, que comenzó como músico en ese Estudio, pero su talento lo derivó a tareas como orquestador, conductor, y ocasionalmente, compositor de música para muchísimas películas, en la mayoría de las cuales no fue acreditado.

Por su parte, la letra de las canciones que se interpretan en el film estuvo a cargo de Oscar Hammerstein II, el autor de los grandes musicales americanos junto a Richard Rodgers, y el virtuoso violinista ruso Toscha Seidel fue contratado especialmente para grabar los solos de violín, comenzando allí su carrera en el cine que lo llevó a ser maestro concertista para la MGM y otros Estudios.

Dimitri Tiomkin

Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II

El argumento del film, repleto de licencias, cuenta que en 1845 en Viena, en una época en la que un vals no era considerado como música culta, Johann Strauss II ( Schani para sus amigos), prefería escribir e interpretar valses más que cualquier otra cosa, lo que le trajo no pocos inconvenientes, como, por ejemplo, ser despedido de su trabajo en un banco por distraerse con la música. Así, decide dar crédito a su pasión y formar una orquesta, componiendo algunas piezas que son escuchadas por algunos famosos cantantes de ópera, incluyendo a Carla Donner, que lo ayudan a exponerlas al público, a la realeza y al editor de música Julius Hofbauer. Strauss se hace famoso en el ambiente musical de Viena, mientras se devanea entre el amor a su fiel esposa y la pasión destructiva por la Donner.

Luego del éxito obtenido con Pépé le Moko (1937), la entretenida historia de un astuto gángster y maestro ladrón que vive en Argel, interpretado por el gran Jean Gabin, Julien Duvivier fue invitado por la MGM a dirigir El Gran Vals. A partir de este encargo, Duvivier se quedó en América y comenzó una breve carrera en Hollywood, mientras Europa sufría los estragos de la Segunda Guerra Mundial, lo que le ocasionó algunas críticas y cuestionamientos a su patriotismo cuando regresó a Francia terminada la contienda. Tampoco le resultó fácil hacer cine en Hollywood pues, por la forma en que se hacían las cosas allí en ese momento, hubo de someter sus películas al control artístico de los Estudios, cosa que no era del agrado de personalidades como el director francés, dueño de un prestigio ya consolidado en su país y con libertades creativas ya internalizadas.

Venerado por colegas legendarios como Ingmar Bergman y Jean Renoir, Julien Duvivier fue uno de los «Cinco Grandes» del cine clásico francés, junto a Jean Renoir, Rene Clair,  Jacques Feyder y Marcel Carne. Continuó trabajando en Francia durante el resto de su vida, recuperando finalmente el éxito con películas como la saga de Don Camilo, vehículo para el lucimiento de Fernandel. Murió a los 71 años en un accidente de tránsito cuando acababa de terminar la producción de su proyecto final, Diaboliquement vôtre (1967), dejando un legado viviente en el corazón de los verdaderos cinéfilos.

El cineasta francés Julien Duvivier

El Gran Vals fue una de las películas más queridas del período americano de Duvivier, con una banda sonora repleta de las piezas célebres de Strauss, que destacaba por sobre las inexactitudes y enormes licencias que los realizadores se habían tomado a la hora de contar la historia del compositor. Además, la exquisita dirección de arte de Cedric Gibbons y el diseño de vestuario de Adrian le imprimieron un aura visual de categoría notable para la época.

De El Gran Vals pasó a la historia del cine una escena, en la que Strauss y Carla Donner pasean en coche por los bosques de Viena y diferentes sonidos llevan al músico a encontrar, casi por casualidad, la melodía que se convertiría en uno de sus valses más famosos: “Cuentos de los bosques de Viena” (Tales from Vienna Woods). Entre el canto de los pájaros, el traqueteo del caballo, las flautas de pastores y las trompetas de un carruaje que los cruza, Johann Strauss, con una pequeña ayudita de Carla Donner y el cochero, termina ensamblando la estructura musical del vals, en un claro ejemplo de música diegética utilizada con efectividad como lenguaje narrativo y sentido del espectáculo

Johann Baptist Strauss, conocido como Johann Strauss II,  nacido en Neubau, el 25 de octubre de 1825 fue hijo de Johann Strauss y hermano de los también compositores Josef y Eduard Strauss. Fue el más famoso de la familia Strauss debido a sus valses, y a él se debe la popularidad de esas piezas musicales en la Viena del siglo XIX, a las que revolucionó llevándolas de una danza campesina a un entretenimiento apto para la Corte Imperial de los Habsburgo. Sus inclinaciones musicales encontraron la oposición de su célebre padre, que quería apartar a su hijo de los rigores de la vida de músico o, como sostienen algunos, pretendía evitar que se convirtiera en su rival, dado el talento que en él venía descubriendo su progenitor. Esa férrea oposición paterna hizo que Johann Jr. no consiguiera que ninguno de los teatros y salas de concierto lo contratara, temerosos de la furia de Strauss Sr. Finalmente consiguió un contrato y la rivalidad entre padre e hijo fue la comidilla de la prensa local, la que se hizo mucho más profunda cuando Viena fue asolada por la Revolución Burguesa de febrero de 1848, pues Johann II decidió apoyar a los revolucionarios, mientras Strauss padre se mantuvo leal a la monarquía del Danubio y compuso su famosa “Marcha Radetzky”, dedicada al mariscal de campo Joseph Radetzky von Radetz, que sería una de sus obras más conocidas.

Cuando Strauss padre murió de escarlatina en Viena en 1849, el joven Strauss  compuso una serie de marchas patrióticas dedicadas al nuevo monarca Francisco José I, probablemente para congraciarse con él, luego de que subiera al trono de Austria tras la mencionada Revolución de 1848.

Tras convertirse en uno de los más populares compositores de valses de su época, las comisiones y los encargos fueron tantos que no podía asumirlos, así que trató de convencer a sus hermanos Josef y Eduard para que lo ayudaran, pero éstos se mostraron reacios, pues tenían sus propias carreras. Fue su madre, Anna Strauss, la que terminó por convencerlos, y así Josef asumió el mando de la orquesta Strauss, creándose esta vez una nueva rivalidad entre los tres hermanos que no hizo más que propiciar y acrecentar el desarrollo del vals. De todas formas, Johann Strauss II se consolidó como el “Rey del Vals” con su exquisito «Danubio Azul op. 314», que nació como un vals coral con texto escrito por un poeta local.

Johann Strauss II fue admirado por otros prominentes compositores como Richard Wagner, Richard Strauss (que no tenía nada que ver con la dinastía familiar) y Johannes Brahms. Murió de neumonía en Viena el 3 de junio de 1899 a la edad de 73 años.

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