THE LONGEST DAY (1962)

Ludwig van Beethoven: La llamada del destino

La 5a. Sinfonía – Allegro con brío

por Eduardo J. Manola

Créame Lang,  las primeras 24 horas de la invasión serán decisivas…De su resultado dependerá el destino de Alemania…Tanto para los aliados como para los alemanes será el día más largo.

                                                                                                                                 El Mariscal de Campo Erwin Rommel a su ayudante.                                                                                                                                                                                            22 de abril de 1944

Con esta profética cita comienza el extraordinario libro del escritor y periodista irlandés Cornelius Ryan, “The Longest Day: June 6, 1944 D-Day” (El día más largo), publicado en 1959, considerado la mejor obra dedicada al decisivo desembarco de las fuerzas militares aliadas en las playas de Normandía, en la Francia ocupada por los alemanas, el célebre Día D, que tantas referencias ha cosechado en la cinematografía.

Creo que tengo un trabajo más duro que el que tuvo Ike el Día D. Al menos él tenía  el equipamiento,  yo tengo que encontrarlo, reconstruirlo y transportarlo a Normandía.                                                                                                                                                                                                 Darryl F. Zanuck

Y así se quejaba el mandamás de la 20th Century Fox y productor de la película que evocaría una de las batallas más sangrientas y trascendentales de la Segunda Guerra Mundial, uno de los hitos históricos de la humanidad, un impresionante esfuerzo bélico para terminar con el yugo nazi en Europa. El film adaptaba el libro de Ryan, y Zanuck, uno de los más prestigiosos productores de la Epoca de Oro de Hollywood, perfeccionista, obsesivo, manipulador y autoritario como pocos, se había propuesto aproximarse lo más posible a la autenticidad histórica en un tono casi documental, y al mismo tiempo realzar la superproducción con un elenco multiestelar e internacional nunca antes reunido: John Wayne, Robert Mitchum, Robert Ryan, Henry Fonda, Mel Ferrer, Eddie Albert, Jeffrey Hunter, Curd Jürgens, Peter Lawford, Sean Connery, Roddy McDowall, Edmond O’Brien, Robert Wagner, Steve Forrest, Kenneth More, Leo Genn, Richard Burton, Red Buttons, Gert Fröbe, Bourvil, Richard Beymer, Sal Mineo, Ray Danton, Arletty, Ron Randell, George Segal, Rod Steiger, Tom Tryon, Stuart Whitman, Jean-Louis Barrault, Hans Christian Blech, Wolfgang Büttner, John Gregson, Paul Hartmann, Donald Houston, Alexander Knox, Fernad Ledoux, Christian Marquand, Dewey Martin, Michael Medwin, Richard Münch, Frank Finlay, y las estrellas juveniles de moda, Paul Anka, Fabian y Tommy Sands. No por nada se la llamó la “película de las 48 estrellas”.

Dirigida por tres directores, Ken Annakin para las escenas del ejército americano, Andrew Marton para las que mostraban los sucesos de los británicos, y Bernhard Wicki para los alemanes, filmada en treinta localidades diferentes, con gran despliegue de medios técnicos y asesores militares que habían participado en el Día D, The Longest Day contaba con el compositor francés Maurice Jarre en el aspecto musical, que escribió una partitura efectiva pero sin grandes motivos, y se apoyó en la melodía de la canción que Paul Anka logró imponerle a Zanuck luego de una larga insistencia. El productor no quería canciones en la película porque consideraba que eran para los filmes románticos, pero terminó aceptando la propuesta de Anka cuando escuchó lo que había creado y su instinto comercial le indicó que podía resultar un gancho interesante para la promoción y éxito del film.  

Maurice Jarre (der.) junto a David Lean

Jarre ya tenía una carrera construida en el cine francés, pero The Longest Day era su primera incursión en el cine americano, y en ese momento también había sido convocado por el productor Sam Spiegel para componer parte de la banda sonora, nada menos, que de Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, 1962), que dirigiría David Lean, y que lo lanzaría a la fama y lo colocaría en la lista de los más prestigiosos músicos de cine. El problema era que cuando Jarre aceptó el encargo de Spiegel, éste le había asignado una tercera parte de la partitura, pues las otras dos partes se las había encargado a dos compositores de renombre del ámbito de la música clásica: Aram Khachaturian para las melodías árabes y Benjamin Britten para las británicas, reservándole a Jarre las partes dramáticas. Por esa razón, tomando en consideración esas condiciones, el músico galo aceptó el trabajo para El día más largo, entendiendo que iba a poder con ambas tareas. Pero Khachaturian y Britten terminaron rechazando el encargo. Así, Spiegel y Lean recurrieron primero a Richard Rodgers, que entregó una partitura tan espantosa como inadecuada, y finalmente a Maurice Jarre que, de la noche a la mañana, se encontró con la responsabilidad de componer la música completa de Lawrence de Arabia.

Maurice Jarre

Aram Khachaturian

Benjamin Britten

Como era lógico, Jarre se concentró mucho más en esta película, pues la cantidad de música que tenía que componer era enorme y, además, la presión y exigencias de Spiegel y Lean lo agobiaban, por lo cual su trabajo para The Longest Day se vería comprometido. Afortunadamente para Jarre, la producción privilegió los efectos sonoros de las batallas en detrimento de la música, lo que redujo el trabajo del compositor. Además, la aparición de la canción de Paul Anka lo salvó, pues le evitó la tarea de crear un tema principal. Jarre tomó la melodía de la marcha del joven cantautor y la adaptó de diferentes maneras en la partitura, con distintas instrumentaciones y agregándole pasajes incidentales con solvencia, que resultaron efectivos, convirtiéndola en uno de los dos leitmotivs de la película. El otro sería la 5ta. Sinfonía de Beethoven.

BEETHOVEN Y LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Una de las circunstancias más curiosas e interesantes en lo que hace al ítem musical es la participación del celebérrimo Ludwig van Beethoven en la gran contienda. Por supuesto que esa participación no fue física, ya que el músico germano murió en 1827. Su espíritu e influencia estuvo presente a través de su música pero, no en las filas de sus compatriotas alemanes, sino en la causa de los ejércitos aliados.

Específicamente fue su “Sinfonía nº 5 en do menor” Op. 67 la que tuvo una especial incidencia. Compuesta entre 1804 y 1808, cuando su sordera iba en aumento y Europa se debatía entre las guerras napoleónicas, la agitación política en Austria y la ocupación de Viena por los ejércitos franceses, se la llama la “Sinfonía del Destino”, por su motivo inicial, el allegro con brío, que se inicia con cuatro notas: sol-sol-sol-mi, con la duración de tres corcheas y una negra. Con esta simpleza estructural, el genio beethoveniano crea uno de los efectos dramáticos más logrados en la historia de la música.

El sobrenombre de la sinfonía le fue atribuido al propio Beethoven quien, según su secretario y biógrafo, Anton Schindler, habría descripto las cuatro contundentes notas de inicio de la pieza como: “Así llama el destino a la puerta”, respondiendo a una pregunta del mencionado Schindler. Aunque hay musicólogos como Jens Dufner que dudan de la credibilidad de las palabras de Schindler en cuanto a la adjudicación del sobrenombre a Beethoven, lo cierto es que el concepto de “la llamada del destino” caló hondo en las ansias de libertad de las fuerzas aliadas enfrascadas en la lucha por reconquistar la Europa invadida por los nazis.

MORSE, BEETHOVEN Y LA "V" DE LA VICTORIA

En esos aciagos años en que el poder de Hitler parecía invencible, la letra “V” se convirtió en el símbolo de la victoria aliada contras las fuerzas del Eje, y fue el incansable Primer Ministro británico Winston Churchill quien la popularizó con su célebre signo con los dedos índice y mayor y la mano alzada. Sin embargo, no fue su creador. La idea original de la letra “V” fue inspirada por Victor Auguste de Laveyele, un antiguo tenista olímpico belga devenido en responsable de las emisiones de la BBC en francés para Francia y Bélgica, que el 14 de enero de 1941 sugirió a los aliados utilizar el símbolo de la “V” como campaña psicológica contra los nazis, argumentando que viendo esa señal, repetida indefinidamente, los invasores terminarían entendiendo que estaban rodeados por una inmensa multitud de enemigos aguardando la primera muestra de debilidad para vencerles. A través de sus emisiones radiales, Laveyele instaba a sus compatriotas a usar esa letra, entre otras cosas porque la palabra “victoria”, equivalía a “victoire en francés, “vrijheid” en belga y “victory en inglés, lo que facilitaba convertirla en un símbolo multinacional de solidaridad, además de que la letra “V” podía escribirse fácilmente en cualquier superficie con tan solo dos trazos.

El símbolo fue adoptado inmediatamente por Churchill, quien además ordenó la campaña “V for Victory”, que la prensa del Ejército de Gran Bretaña, a través de la BBC, llevaría a cabo para elevar la moral y el ánimo de la población y los soldados ingleses y aliados en la Europa ocupada por los nazis. Churchill puso a cargo de la campaña al editor de noticias de la BBC Douglas Ritchie, quien salía al aire con el pseudónimo Colonel Britton e impulsaba a los escuchas a demostrar su apoyo a la causa aliada garabateando la letra “V” donde pudieran. Las palabras textuales de Ritchie, eran “Hagan salpicar la V de un extremo de Europa al otro” (en inglés: Splash the V from one end of Europe to another).

Por su parte, y para mayor significación, Ritchie se dio cuenta de que las tres notas cortas y una nota larga al comienzo de la Sinfonía Nº 5 de Beethoven (sol-sol-sol-mi), eran equivalentes a la letra “V” en clave morse, que se traduce como “tres puntos y una raya” (…-), y decidió comenzar sus alocuciones con la “intro” musical de esas cuatro notas del allegro con brío inicial de la Sinfonía nº 5 de Beethoven, los golpes secos y marcados por las cuerdas y los clarinetes, como si “el destino” llamara a la puerta de los Aliados y los llevara a la ansiada “Victoria”. Muy pronto, las emisiones de los boletines de prensa de la BBC y otras radios la adoptaron oficialmente.

En The Longest Day, las escenas iniciales son acompañadas musicalmente por esas mismas notas de la Sinfonía de Beethoven, ejecutadas con instrumentación percusiva metálica de tambores, tal como se las escuchaba en aquellos boletines militares de la BBC, convenientemente arregladas por Maurice Jarre, y seguidas de la emisión de frases que un locutor francés leía, dirigidas a los distintos grupos de la resistencia como códigos ocultos con diferente significación para cada uno de ellos, y cuyo fin era coordinar sus operaciones de sabotaje con el inminente desembarco aliado.

Jarre encontró así en la obra de Beethoven otra herramienta musical para aligerar la tarea de componer la partitura para la película, tal como lo había hecho con la utilización de la canción de Paul Anka.

longday2b

La música clásica, una vez más, había contribuido con su excelencia y prestigio a la cinematografía, así como lo había hecho, con su espíritu, a la causa de la libertad durante la Segunda Guerra Mundial, esa guerra que la película de Zanuck llevaba a la pantalla grande con particular verismo.

American actor Robert Mitchum on the set of The Longest Day, based on the book by Cornelius Ryan. (Photo by Twentieth Century Fox Film Corporation/Sunset Boulevard/Corbis via Getty Images)

Bibliografía

Fauvety, Juan Carlos. David Lean: El poeta del horizonte inalcanzable, T&B Editores, septiembre 2015.

Riambau, Esteve. Lawrence de Arabia, Libros Dirigido Colección Programa doble, 1994.

Tejero, Juan. Este rodaje es la guerra, tercera parte, T&B Editores, diciembre de 2005.

Ryan, Cornelius. El día más largo, Ineditaeditores, junio 2004.

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Contigo contigo en tu estupendo análisis. De hecho hace un par de años escribí un pequeño apunte cuando volví a ver la película. Con tu permiso me gustaría compartirlo contigo:

    BEETHOVEN, PAUL ANKA Y EL DESEMBARCO DE NORMANDÍA. Al comenzar “El día más largo” (VV. DD., 1962) se oyen cuatro golpes de timbal que reproducen el célebre motivo de la 5ª sinfonía de Beethoven. Sobre la arena de la playa de Omaha, el casco de un americano muerto en el desembarco. A lo largo de la película el motivo aparecerá varias veces más. Su significado, de acuerdo con la explicación que da un soldado a su compañero, es el siguiente: tres sonidos cortos seguidos de uno largo representan, en morse, la letra V (de “victoria”). Después de canturrearlo, pregunta: “¿Es que no has oído nunca la 5ª sinfonía?… “. El otro elemento musical de la película es la célebre canción-marcha escrita por el conocidísimo crooner canadiense Paul Anka, quien también tiene un papelito como soldado. Pero quien hace un verdadero papelón es Maurice Jarre, autor de una banda sonora que, exceptuando estos dos componentes, no tiene absolutamente nada más. A lo mejor el compositor francés estaba muy ocupado escribiendo la soberbia partitura de “Lawrence de Arabia”, estrenada ese mismo año, por la que obtuvo un merecidísimo Oscar.

    1. admin

      Estimado Lamberto, gracias por tu comentario. Siempre es un gusto leerte. Justamente la historia de la marcha de Anka lo traté en otra sección de la web, WAR MOVIE HITS, en un artículo que enlaza con éste que comentas. Un abrazo

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