THE HAUNTED PALACE (1963)

Ronald Stein: Un romántico al servicio del cine clase-B

por Eduardo J. Manola

The Haunted Palace (1963) (Arg. El Palacio Encantado, Esp. El Palacio de los Espíritus), dirigida por Roger Corman, se insertó en el excelente ciclo que el prolífico y ahorrativo realizador estadounidense dedicara a la obra de Edgar Allan Poe. Y digo “se insertó” porque en realidad, la película no se basó en ningún cuento del notable escritor de novela gótica, sino en “El Caso de Charles Dexter Ward” (The Case of Charles Dexter Ward), novela corta escrita entre 1927 y 1928 por otro ícono de la narrativa fantástica como lo fue H.P.Lovecraft.

Pese a ello, los productores de la American International Picture decidieron, por cuestiones comerciales y para aprovechar el éxito de las otras películas del ciclo, bautizar la cinta con el título de un poema de Poe, The Haunted Palace, publicado en la revista Nathan Brooks’ American Museum, y que el novelista bostoniano había incluido en el cuento La Caída de la Casa Usher, haciéndolo pasar por una poesía escrita, con ese título, por el personaje protagónico, Roderick Usher.

En el film, como bien lo señalan Teresa Llácer y  Joaquín Vallet Rodrigo en su excelente libro Roger Corman: Poe, Monstruos y Extraterrestres, cuya lectura les recomiendo, solo la última estrofa del poema de Poe aparece citada, en dos momentos: tras la muerte de Curwen (personaje interpretado por Vincent Price) y en el desenlace:

La banda sonora de The Haunted Palace se le confió al compositor americano Ronald Stein, que había tenido una larga relación con las productoras American International Pictures y Allied Artists.

Nacido en St. Louis el 12 de abril de 1930, Stein estuvo inmerso en el ambiente musical desde niño. Su madre, Cecilia Stein, pianista de teatro y de acompañamiento de películas mudas en los orígenes del cine, le enseñó no solo música, sino su amor por el séptimo arte, y le ayudó a apreciar la incidencia de la música en las películas.

RONALD STEIN y el logo de la productora AMERICAN INTERNATIONAL PICTURES que lo tuvo como compositor habitual

Recibió una educación más profunda en los prestigiosos Leo C. Miller Music Studios desde los 8 y hasta los 17 años, y asistió luego a la Universidad de Washington en St. Louis, donde compuso algunas piezas menores. Más tarde trabajó como pianista de ensayo y como director asistente en el Teatro Municipal de Opera de la ciudad. Apenas ingresado en Yale, fue reclutado a filas y se pasó el siguiente año escribiendo y dirigiendo espectáculos militares con el uniforme puesto.

Relativamente poco conocido, Stein nunca logró ingresar en la cofradía de los grandes autores que idolatraba, como Max Steiner, Alfred Newman, Miklos Rozsa, Erich Wolfgang Korngold o Bernard Herrmann, integrantes de la “Edad de Oro” de la música de cine, cuyas obras había absorbido ya que había tenido la suerte de crecer durante su apogeo. Es más, en sus inicios, fue rechazado por todos los departamentos musicales de los estudios cinematográficos en los que intentó ingresar. Finalmente, logró hacerse un lugar en las películas denominadas de “clase-B”, aprovechando su ingenio como compositor y director de orquesta al trabajar respetando las exigencias de tiempo y bajísimos presupuestos que se le asignaban.

En el verano de 1955 tuvo la fortuna de cruzarse con Roger Corman, que estaba buscando alguien que compusiera la música para una película de bajo presupuesto que estaba comenzando a filmar. Así, Stein le entregó en septiembre de ese año, la que sería su primera partitura cinematográfica, para el western Mujer Apache (Apache Woman), demostrándole que podía componer y dirigir la orquesta para la grabación de la banda sonora a gran velocidad y con calidad. La película, lanzada por la AIP, con la que Stein firmó un contrato por cinco años, no fue un éxito, pero era entretenida y fue bien recibida por la crítica.

ROGER CORMAN director de THE HAUNTED PALACE

Stein se vio así conectado con Corman, con quien trabaría una estrecha relación y trabajaría en varias de sus siguientes producciones: los westerns The Oklahoma Woman (Méx. La tigresa de Oklahoma) y Gunslinger (El sheriff de Oracle) ambos de 1956, el péplum Atlas (1961), y dentro del género de la ciencia ficción El día del fin del mundo (Day the World Ended, 1955), Conquistaron el mundo (It Conquered the World, 1956), Emisario de otro mundo (Not of this Earth, 1957) El ataque de los cangrejos gigantes (Attack of the Crab Monsters, 1957) y La última mujer sobre la Tierra (Last Woman on Earth, 1960).

Cabe destacar también que colaboró con Fred Katz en la música del clásico de Corman The Little Shop of Horrors (Esp. La pequeña tienda de los horrores / Arg. La tiendita de los Horrores) 1960, pero sin ser acreditado. También desarrolló un tándem director/compositor con otro especialista de la clase-B, Edward L.Cahn, para quien compuso, entre otras, las bandas de sonido de La criatura (The She-Creature, 1956) y la famosa e icónica La invasión de los hombres del espacio (Invasion of the Saucer-Men, 1957), como así también dos películas bélicas: Jet Attack (Méx. Los jets atacan) y Batallón suicida (Suicide Battalion), ambas de 1958.

En lo que hace al género del terror musicó otras cintas de Corman: La no muerta (The Undead, 1957), La obsesión / Entierro prematuro (Premature Burial, 1962), El terror (The Terror, 1963) y finalmente El palacio de los espíritus (The Haunted Palace, 1963), cuya banda de sonido analizamos aquí. El guión nos lleva a la historia de Charles Dexter Ward (Vincent Price) que viaja con su esposa Ann (Debra Paget), a tomar posesión de un caserón que ha heredado de su tatarabuelo Joseph Curwen, un brujo discípulo del diablo que maldijo a los pobladores locales al ser quemado vivo en la hoguera cien años atrás. Los habitantes son hostiles a Ward, al que culpan de la maldición que ha provocado mutantes en el pueblo, lo que se complica cuando éste es poseído por su sádico antepasado con el objetivo de vengarse de los descendientes de aquellos que lo asesinaron.

Vincent Price no había sido la primera elección de la producción para el papel de Ward, sino Ray Milland. El papel de Ann se había destinado a Hazel Court, pero finalmente quedó en manos de Debra Paget, que se retiró de la actuación con esta película. Y en su única actuación en un film de Corman, aparece el célebre Lon Chaney Jr., cuyo personaje había sido ofrecido a Boris Karloff, que no lo pudo encarnar porque se había enfermado mientras filmaba en Italia Las tres caras del miedo (I tre volti della paura / Black Sabbath, Mario Bava, 1963).

Izq. Debra Paget y Vincent Price en una escena de THE HAUNTED PALACE - der. Lon Chaney Jr. en su papel de Simon Orne

LA BANDA DE SONIDO

Los títulos de la película abren con el tema principal que Ronald Stein compuso con notable inspiración. Es un leitmotiv de imponente orquestación y estilo clasicista, que se repetirá en varios fragmentos de la banda sonora, y que resulta deliciosamente pegajoso en su apreciación melódica, de esos temas que, después de escucharlos, uno no puede dejar de repetirlos mentalmente o tararearlos de forma recurrente.

En la edición del CD del sello Percepto (que se completa con el score de The Premature Burial también de Stein), el tema principal se presenta en tres cortes. El primero unido a la fanfarria de la AIP, no es el que se escucha en el film sino una versión más corta y editada, ya que la versión original ha desparecido. El segundo, que es una versión interpretada en vivo del original (se escuchan sonidos de los preparativos de los músicos y el director diciendo “take one” al inicio), fue incluido como bonus track, porque los productores de la editora consideraron que el corte era imperfecto. Personalmente no le encuentro nada malo a la grabación. El tercer corte, olvidable e innecesario por cierto, es una versión en órgano, que no aporta nada y desmerece el conjunto.

Los siguientes temas combinan el leitmotiv con fragmentos más oscuros, necesarios para las escenas de suspenso y terror, sutiles e imaginativos, con un interesante trabajo de los bronces, que convierten la partitura en un buen ejemplo de lo que es componer para una cinta de horror, con un desarrollo temático inteligente y buen equilibrio entre melodía y disonancias. Bien podríamos permitirnos apreciar que la música de Stein, de corte romántico, fue escrita para un melodrama de los años cuarenta más que para un film de terror de los sesenta.

Como dato curioso podemos advertir que la melodía del tema principal de The Haunted Palace parece haber sido calcada, varios años después, por el grupo de rock TOTO en las primeras cuatro notas y el tempo del “main theme” de la banda sonora que compusieran para la película Duna (Dune, 1984) de David Lynch. Asimismo, Danny Elfman utilizó la melodía de Stein como inspiración para el tema principal de la banda de Scrooged (Esp. Los fantasmas atacan al jefe / Arg. Los fantasmas contraatacan, 1988) de Richard Donner, aunque la similitud no es tan pronunciada ya que Elfman la varía y enmascara con sus usuales coros y cascabeles.

La prolífica carrera de Ronald Stein le permitió colaborar en algunas obras interesantes, como por ejemplo, la ópera prima de Peter Bogdanovich, Targets (Esp. El héroe anda suelto / Arg. Míralos morir, 1968), protagonizada por un Boris Karloff de 80 años, en una de sus últimas apariciones. Asimismo, en razón de la reputación obtenida durante la década del sesenta, logró trabajar en algunas producciones de mejor clase para cineastas más importantes, como Llueve sobre mi corazón (The Rain People, 1969) de Francis Ford Coppola, para quien ya había trabajado en la música de su debut cinematográfico Demencia 13 (Dementia 13, 1963) y que, curiosamente, había colaborado con diálogos adicionales en el guión de The Haunted Palace.

La obra musical de Ronald Stein seguramente no será recordada como la de otros grandes compositores cinematográficos, pero es justo su reconocimiento por la tarea desplegada, por la cantidad de bandas sonoras producidas (más de setenta), algunas muy ricas e inspiradas y, especialmente por haber sabido agregarle valor a las imágenes de muchas películas de bajísimo presupuesto, reforzando su efectividad visual con el aporte de su música, siempre influyente en el producto final.

Sin duda, el ataque de los cangrejos gigantes, la obsesión por el entierro prematuro de Ray Milland y los tétricos pasadizos del Palacio Encantado no serían lo mismo sin el sonido de Ronald Stein.

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