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SUPERCAR (1961 - 1962)

Barry Gray

El hilo musical de las marionetas

por Eduardo J. Manola

Pese al interés que había despertado en la televisión su anterior programa infantil de marionetas, Four Feathers Falls (1960), el joven escritor y productor británico Gerry Anderson estaba en problemas. Su productora APF, cofundada con Arthur Provis, estaba al borde de la bancarrota, y Granada Televisión, que le había financiado aquel programa no estaba interesada en apoyar ninguna otra propuesta basada en títeres. Anderson, que ya se había visto obligado a archivar sus sueños de convertirse en productor cinematográfico y a enfocar su carrera en la televisión, había encontrado una veta en la producción de ese tipo de programas para niños, y se había empecinado en hacerlos de calidad y a solucionar los problemas técnicos que traía aparejado el trabajo con marionetas y maquetas. No se iba a entregar sin luchar. Tenía entre manos un nuevo proyecto que necesitaba convertir en éxito.

Supercar theme song – Barry Gray – perf. by Mike Sammes

Gerry Anderson

Ese proyecto fue SUPERCAR, la inolvidable serie infantil de marionetas protagonizada por un vehículo ultrasecreto desarrollado por un equipo de científicos, el Dr. Horatio Beaker y el profesor Rudolph Popkiss en un laboratorio en el desierto de Nevada que, tripulado por el piloto de pruebas Mike Mercury, podía volar hasta el límite del espacio y también sumergirse en las profundidades del océano, con el objetivo de ayudar a quienes lo necesitaran. Al mismo tiempo, el equipo luchaba para mantener el secreto contra Masterspy, el principal villano de la serie que, asistido por su incompetente secuaz Zarin, no cejaba en sus intentos de robar el Supercar. Estos dos personajes se inspiraron en los actores Sydney Greenstreet y Peter Lorre en sus famosos roles para ese icono del film noir que fue El halcón maltés (The Maltese Falcon, John Huston, 1941). Incluso el argumento del tercer episodio de la primera temporada, “The Talisman of Sargon”, está basado, con licencias, en la historia de ese clásico del cine negro americano.  

Imposibilitados de financiar en solitario el programa, Anderson y Purvis se lo presentaron a Lew Grade de la ITC (Incorporated Television Company), quien venía creciendo en el medio y se convertiría en pocos meses en un poderoso pope de la televisión inglesa con series como El Santo (The Saint, 1962-1969) con Roger Moore, y Cita con la muerte (Danger Man/Secret Agent, 1964-1967) y El prisionero (The Prisoner, 1967-1968) ambas con Patrick McGoohan. Grade aceptó de inmediato financiar el programa y ordenó la producción de 26 episodios, pero con una condición: reducir el presupuesto estimado de 3.000 libras por episodio a la mitad. Para Anderson y su equipo esta exigencia era inaceptable porque hubiera significado bajar el estándar de excelencia en la producción que se habían impuesto y por el que habían trabajado muy duro. Le contraofertaron un recorte de un 25%, que Grade aceptó, haciendo gala de su instinto comercial y espíritu ganador, que no lo traicionó y le permitió, a través del éxito de Supercar y de los siguientes programas de Gerry Anderson, ser nombrado caballero (Sir Lew Grade) por su contribución a la producción televisiva, y ganar muchísimo dinero con las ventas en todo el mundo.   

Sir Lew Grade manager de ITC 

Anderson, por su parte, daría con Supercar el gran salto a la popularidad y consolidaría y perfeccionaría su sistema de animación de marionetas, que luego llamaría SUPERMARIONATION, una combinación de las palabras “super”, “marionettes” y “animation”, que aparentemente se inspiró en el nombre DYNAMATION, con el que se conocía la actividad de efectos especiales del gran artista del stop-motion Ray Harryhausen, creador de criaturas que han quedado en la antología del cine, como las que aparecen en filmes como El monstruo de los tiempos remotos (The Beast from 20.000 Fathoms, Eugene Lourie, 1953), Jason y los argonautas (Jason and the Argonauts, Don Chaffey, 1963) y El valle de Gwangi (The Valley of Gwangi, Jim O’Connolly, 1969) entre tantos otros.

El Supermarionation aportó la primera forma sofisticada de sincronización del movimiento de labios y ojos de las marionetas. Ese sistema eléctrico ya se había visto en Four Feathers Fall y se encajaba en la cabeza de los títeres, pero en Supercar fue perfeccionado. En los programas posteriores como Captain Scarlet, se encajaba en el cuerpo.  

Sin embargo, allí estaban los entrañables hilos que sujetaban a los títeres, tan visibles y evidentes como artesanales, pese a que se los intentaba ocultar con unos sprays y aerosoles especiales y a que se habían reemplazado los originales de algodón por unos mucho más finos de nylon. Parte del encanto de estas series de marionetas estaba, justamente, en esos efectos rudimentarios que se repetían asimismo en los dioramas de localizaciones y edificios, y en las naves, incluido el propio Supercar, al que también se le veían los hilos que lo sostenían en sus vuelos. Un verdadero deleite para nostálgicos.

Todos estos prodigios fueron posibles gracias al extraordinario equipo que Gerry Anderson supo armar: su mujer Sylvia, Graydon Gould, David Graham y George Murcell en la creación de las voces de los personajes, el diseñador de producción Reg Hill, titiriteros de excepción como Chrstine Glanville y Mary Turner, y Derek Meddings en los efectos especiales, años después reconocido por su trabajo en varias películas de la saga Bond, Superman de 1978 y el Batman de Tim Burton de 1989.

Muy importante, por supuesto, fue la música compuesta por Barry Gray, cuyos temas principales se convirtieron en iconos musicales de varias generaciones. En el caso de Supercar, tuvo que demostrar todo su talento en escasísimo tiempo y con un presupuesto muy limitado, así que se concentró en la canción de los títulos principales, que interpretó el cantante de sesión Mike Sammes en la primera temporada, y en la segunda, la canción fue regrabada por The Mike Sammes Singers, el grupo vocal que Sammes formó para la ocasión aprovechando el éxito de la serie.

El compositor Barry Gray y los Mike Sammes Singers

Con el tema principal Barry Gray identifica al Supercar, y para el resto compone una serie de temas para apoyar lugares, situaciones y personajes, con una base de orquesta de 40 músicos y la utilización del ondes martenot, instrumento típico de la música electrónica de la que Gray fue uno de los precursores en la televisión. Con dicho instrumento se producían interesantes sonidos que remitían al espacio y a otros mundos.

Supercar - Letra y música Barry Gray

Supercar… Supercar…
With beauty and grace,
as swift as can be,
watch it flying through the air.
It travels in space,
or under the sea,
and it can journey anywhere.

Supercar… Supercar…
It travels on land,
or roams the skies,
through a heavens stormy rage,
It’s Mercury-manned,
and everyone cries,
“it’s the marvel of the age!”

Supercar… Supercar… Supercar!

Supercar… Supercar…
Con belleza y gracia,
tan rápido como se puede,
ver cómo vuela por el aire.
Viaja por el espacio,
o bajo el mar,
y puede viajar a cualquier lugar.

Supercar… Supercar…
Viaja por tierra,
o vaga por los cielos,
sorteando la furia de la tormenta,
Mercury tripula,
y todo el mundo exclama,
“¡Es la maravilla de la época!”

Supercar… Supercar… ¡Supercar!

Supercar – tema climático con Ondes Martenot – Barry Gray

También la banda sonora se completó con varios cortes típicamente incidentales para subrayar la comicidad de algunas escenas, en especial las protagonizadas por las tropelías del mono Mitch, y otros que buscaban ambientar secuencias con base jazzística.

Mike Mercury

Doctor Beaker

Masterspy

Jimmy Gibson

En la primera temporada, además, la partitura de Gray se complementó con música de archivo (stock music) de Edwin Astley, compositor británico ligado a las mencionadas series de ITC, El Santo y Cita con la muerte, y también El barón (1966-1967) protagonizada por Steve Forrest (S.W.A.T.). Para la segunda temporada se usó exclusivamente música de Gray, la que serviría a su vez como stock music para los siguientes programas que Gerry y Sylvia Anderson crearían para regocijo de los millones de niños que tuvieron, como nosotros, la fortuna de disfrutar en esa pequeña caja mágica que fue la vieja televisión.

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