The End

APOCALYPSE NOW

The Doors: Preludio al infierno

por Eduardo J. Manola

Este es el fin”. Esa es la primera frase que se escucha en el impactante inicio de Apocalypse Now, la obra maestra del cine bélico (antibélico) dirigida por Francis Ford Coppola. La voz es la de Jim Morrison, el líder y alma mater de la mítica banda de rock psicodélico The Doors, que desgarrara con una intensidad tan potente como breve, el velo musical de mediados de los años sesenta. Su impronta se desarrolló entre 1965 y 1971, año en que Morrison falleció por una sobredosis de drogas y alcohol a los 27 años, y se convirtió una leyenda del rock. La canción es “The End” y su selección para aparecer en el inicio y el final de Apocalypse Now no fue una casualidad.

Coppola y su amigo John Milius, co-guionistas del film basado en la novela de Joseph Conrad “Heart of Darkness” (El corazón de las tinieblas), habían tenido la idea inicial de utilizar varios temas de The Doors como banda sonora en la primera versión de cinco horas y media de película que se montó, pero luego la descartaron. Walter Murch, el montajista del film, recordó: “En un principio estaba previsto que The Doors salieran en toda la película […]. Probamos muchas canciones, muchas, pero todo lo que poníamos en la película era tan adecuado que quedaba mal, daba en el clavo con tanta firmeza que parecía petulante e inmaduro. La única conexión que había era un vínculo muy estrecho entre la psique de Jim Morrison y la psique de esta película”[1]

Esa conexión que los realizadores percibieron en “The End” hizo que la canción sobreviviera a la excesiva y redundante obviedad que advertían en los demás temas, y que fuera insertada en los dos momentos más importantes del film, el principio y el final, como hilo conductor que complementa el sentido de la narración.

“The End” era una canción muy larga, con doce minutos en su versión de estudio, e incluso llegó a extenderse aún más en algunos conciertos, cuando Morrison comenzaba a divagar e improvisar inmerso en su histrionismo alucinógeno. Hay una versión que alcanza 18:01 minutos grabada en el Madison Square Garden de Nueva York en 1970. Pero la extensión del tema también obedecía a otros motivos, como lo señala Ray Manzarek, tecladista y compositor destacado de The Doors, al recordar el primer contrato para actuar en público que el grupo consiguió en 1966: “Tuvimos la oportunidad de trabajar temas como “Ligtht My Fire”, “When The Music’s Over” o “The End”, que era originalmente una pieza muy corta, pero como teníamos que llenar las actuaciones, empezamos a extender las canciones llevándolas a áreas que ni siquiera nosotros habíamos imaginado… tocábamos colocados todas las noches. Era el famoso verano del ácido y eso nos hacía improvisar mucho realmente[2].

Por supuesto, las drogas tienen una incidencia fundamental en la creación de “The End” y en otras canciones de la banda. The Doors y Morrison en especial, utilizaban el LSD de moda en esa época como vehículo para alucinar. La secuencia del inicio de Apocalypse Now, como también otras escenas del film, reflejaban esos estados de alteración de la conciencia de los soldados por consumo de drogas en varios personajes. El más importante, el capitán Benjamin L. Willard (Martin Sheen), aparece totalmente drogado en la escena inicial, dentro de una habitación en la que se ve un ventilador de techo que se mezcla con las imágenes de helicópteros, la jungla y explosiones de Napalm, en una suerte de locura alucinógena que ya marca de qué va a ir la película.

La música de “The End”, estructurada en tres crescendos con intervalos que destilan cierta paz con Morrison casi recitando, va imprimiendo a la secuencia un progresivo dramatismo hasta el final, en el que se libera la psicodelia, se cruzan todos los límites, y un exótico fraseo en guitarra eléctrica, sumado a la base rítmica con percusión de neto corte oriental, dibuja un clima musical de claras reminiscencias indostánicas. Resulta curioso que tanto la secuencia inicial de la película como la canción de The Doors se gestaran con muchas similitudes, pues ambas fueron extendidas y recompuestas, modificadas de lo que eran en su origen, y esos cambios, lejos de dañar el resultado lo mejoraron, obteniéndose una síntesis musical de componentes orientales, con reminiscencias del misticismo chamánico muy presente en The Doors, y elementos típicamente occidentales, como el acompañamiento del piano eléctrico Fender Rhodes, de tonos graves, habitual en la banda, complementado con un sintetizador en escalas diferentes. Esa dicotomía Oriente-Occidente se ve reflejada asimismo en la cinta.

Este es el fin”. Y el título de la película arrastra claros componentes del apocalípsis bíblico. “This is the end, beautiful friend / This is the end, my only friend”. Pero, ¿cuál es el significado de “amigo”? Ese hermoso y único amigo es el “fin”? ¿Ese fin que puede representar a la “muerte”?

En 1969, cuando le preguntaron sobre la letra de la canción, Morrison declaraba: “The End… no sé lo que intentaba decir en realidad. Cada vez que la escucho significa algo nuevo para mí. Nació como una simple canción de despedida, quizá a una chica, aunque veo que puede considerarse también algo así como un adiós a la infancia. Realmente no lo sé. Creo que es lo suficientemente complejo y universal en su imaginería como para que pueda ser casi cualquier cosa que quieras que sea.[3] Esa chica a la que hacía referencia era su novia Mary Werbelow, con la que había roto.

Entrevistado por Lizzie James, y preguntado específicamente por el significado de la frase “My only friend, the end”, Morrison dijo: “A veces el dolor es demasiado para examinarlo, o incluso para tolerarlo… Eso no lo hace malo, sin embargo, o necesariamente peligroso. Pero la gente teme a la muerte incluso más que al dolor. Es extraño que teman a la muerte. La vida duele mucho más que la muerte. En el momento de la muerte, el dolor se acaba. Sí, supongo que es un amigo.”

“The End” vuelve a aparecer en el desenlace de Apocalypse Now, cuando Willard, luego de caer prisionero y sufrir enjaulado en el campamento del coronel Kurtz (Marlon Brando), cumple la misión por la que llegó hasta allí. El asesinato de Kurtz, por quien Willard sentía fascinación pese a las atrocidades que cometía con su ejército privado, aparecía justificado, pero esa justificación moral no era, en esencia, la única basa, sino que había un metamensaje mucho más complejo, que la canción de The Doors ayudaba a escribir casi subliminalmente.

Aquí cabe aclarar ciertas cosas. En primer lugar, la versión de “The End” usada en Apocalypse Now es diferente a la canción original de 1967, pues es una mezcla especialmente editada para la película, que resalta los insultos que Morrison suelta en el tema. La mezcla enfatiza, además, ciertos aspectos de la letra de la canción, como la palabra “matar”, pero también oculta otros, de contenido sexual, que traían aparejados riesgos que evidentemente los realizadores no estuvieron dispuestos a correr. Veamos.

En un fragmento de la letra de “The End”, que no fue incluido en el film, se escucha: 

          The killer awoke before dawn, / He put his boots on, / He took a face from the ancient gallery, / And he walked on down the hall. / He went into the room where his sister lived, / And then he paid a visit to his brother, / And then he walked on down the hall. / And he came to a door, / And he looked inside; / Father? / Yes, son? / I want to kill you. / Mother? I want to…

Traducido: El asesino se despertó antes del amanecer, / Se puso las botas, / Tomó un rostro de la antigua galería, / Y siguió caminando por el pasillo. / Entró en la habitación donde vivía su hermana, y luego visitó a su hermano, y siguió caminando por el pasillo. / Llegó a una puerta y miró dentro. ¿Padre? / ¿Sí, hijo? / Quiero matarte. / ¿Madre? Quiero…

Este fragmento no aparecía en la canción original en los inicios de la banda, sino que Morrison lo incluyó en un concierto, en una de sus habituales actuaciones sobre el escenario, libre de todo límite y lanzado al exceso, como lo hacía usualmente en cada cierre.

Paul Rothchild, productor del grupo en aquella época, decía: “The End era siempre una pieza cambiante. Jim lo usaba como una tela inacabada para sus trozos, piezas y fragmentos poéticos y los pequeños pareados y cosas que tenía ganas de decir…[4]

Como se puede ver, la frase final “Mother, I want to…” quedaba inconclusa, y así era cantada en los conciertos, hasta que una noche Morrison la completó sorpresivamente sobre el escenario: “Mother? I want to…… fuck you.”

El revuelo que causó semejante línea provocó diferentes reacciones del público y la prensa, a favor y en contra. Morrison intentó una explicación: “Algo se desencadenó de pronto. Justo en aquel mismo momento, me di cuenta de qué iba la canción entera; hacia dónde se había encaminado todo.”[5] En simultáneo, salió a la luz la obsesión de Morrison por el mito griego de Edipo Rey (el ser que mató a su padre y se casó con su madre) y su admiración por la interpretación que Nietzche hacía de la tragedia griega[6].  

Morrison había trabajado en una producción estudiantil de Oedipus Rex (Edipo Rey) en la Universidad Estatal de Florida. Manzarek recordó: “Jim estaba dando voz en un escenario de rock ‘n’ roll al complejo de Edipo, en ese momento una tendencia ampliamente discutida en la psicología freudiana. No estaba diciendo que quería hacerle eso a su propia madre y padre. Estaba recreando un poco de drama griego. ¡Era teatro!” A partir de allí, “The End” mantuvo el polémico fragmento en su letra definitiva y así fue grabada. 

Si bien, como dijimos, ese fragmento de letra no se incluyó en el montaje definitivo de la escena final de Apocalypse Now, las imágenes de Willard acercándose a Kurtz para asesinarlo parecen calcadas del texto de Morrison, y la mera inserción de la canción en la película, por sí sola, indicaría que Coppola buscó aparejar su concepción y sus mensajes con lo que las imágenes del desenlace del film intentaban significar: ese final, el fin, “The End”, el bello y solitario amigo, una paradoja que puede encontrarse en los textos apocalípticos, que son el compendio de la anunciación de ese “fin”. El fin de un presente en descomposición da a luz un tiempo mejor, pero como todo parto nacerá del dolor, el dolor del juicio final.

La relación con el título de la película es innegable, y la perfecta adaptabilidad de “The End” a esa suerte de viaje iniciático pergeñado por Coppola y Millius, no hizo más que completar la simbología: “el fin” del padre siniestro (Kurtz) a manos de Willard, un hijo conceptual que, luego de un descenso a los infiernos, culmina su misión en lo más profundo de la selva, y queda liberado para consumar el complejo de Edipo. Pero, cuál sería la figura de la madre en el mito? La humanidad?, la vida?, la moral?, la naturaleza?

John Densmore, el baterista de The Doors, recordó en su autobiografía, «Riders on the Storm», que Morrison, durante la sesión de grabación de “The End” en el estudio, se trenzó en una discusión con los otros miembros de la banda que no entendían la frase “Mother, I want to fuck you”. Llorando y a los gritos, Jim se defendió argumentando: “¿Es que nadie me entiende? Mata todas esas cosas en ti que se te inculcan y que no vienen de ti mismo, que son conceptos ajenos, extraños, que no son tuyos, casi alienígenas, ellos deben morir. Joder a la madre es muy básico, y significa volver a la esencia, a lo que es la realidad…, madre-nacimiento, puedes tocarlo, es la naturaleza, que jamás te va a mentir”. Así, lo que Morrison pretendía transmitir desde su mente alienada por las drogas era esencialmente su interpretación muy personal del mito de Edipo, centrada en recuperar la realidad personal, individual, mediante la muerte de todo concepto extraño a su propio ser. La culminación del incesto que describe Morrison significaría el ocaso de la sociedad y de todo el mundo, la realidad como la conocemos colapsaría en un APOCALIPSIS.

La década del sesenta fue un hervidero de hippies y jóvenes reaccionarios en busca de una utópica libertad total contra el capitalismo y la sociedad occidental, y las artes y, en especial la música, el rock, fueron los vehículos utilizados para expresar esa revolución. Morrison y The Doors fueron iconos de esa rebelión, con sus imágenes alucinógenas de LSD y marihuana. “The End” fue su Caballo de Troya, su descripción personalísima de lo que ellos veían como el final de la sociedad y la cultura tal cual se conocía. Las interpretaciones psicoanalíticas a través de las teorías de Lacan o Freud han producido ríos de tinta.  

Lo interesante de todo esto es ver cómo una canción típica del rock psicodélico, que no fue compuesta especialmente para Apocalypse Now, pudo conjugar con su música y su letra, los sentimientos y tribulaciones de una época signada por la guerra de Vietnam, las drogas y la liberación sexual, a través de la inspiración de un cineasta único que decidió incorporarla a su obra, también única e irrepetible. 

NOTAS:

Preludio: Introducción musical de una ópera en estrecha relación temática con el resto de la obra y que, normalmente, da paso directamente a la primera escena.

La versión de “The End” que se escucha en el film Apocalypse Now tiene una excelente calidad de sonido, mucho mejor que la grabación original de la canción editada por Elektra Records. Ello es así porque la editora discográfica, por equivocación, envío los masters originales en lugar de copias a la productora de Coppola, American Zoetrope, cuando Walter Murch, montajista y también diseñador de sonido, las solicitó para su inclusión en la película.

 «The End» está posicionada en el puesto 336 del ranking de 2010 de la revista Rolling Stone de las 500 mejores canciones de todos los tiempos. A su vez, el solo de guitarra de la canción es el número 93 entre los 100 más grandes solos de guitarra de todos los tiempos del Guitar World.

Este trabajo está parcialmente inspirado en el excelente estudio “Al principio, el fin: “The End” en el preludio de Apocalypse Now” del profesor Vicente García Escrivá publicado en Quaderns de Cine, 2014, nº 9, pág. 79-86, Cine y músicas populares urbanas, revista editada por la Universidad de Alicante.

REFERENCIAS:

[1] COWIE, Peter. El libro de Apocalypse Now: La historia de una película mítica, Barcelona, Paidós, [2000] 2001, pág. 153.

[2] VEGA, Inés. Jim Morrison y The Doors, Madrid, Cátedra, 1991, pág. 27.

[3] VEGA, Inés. Op. cit. pág. 34-35.

[4] DAVIS, Stephen. Jim Morrison: Vida, muerte y leyenda, Barcelona, Robinbook, [2004] 2005, pág. 128.

[5] DAVIS, op. cit. pág. 129.

[6] CRISAFULLI, Chuck. The Doors, When the Music’s Over: The Stories Behind Every Song, New York, Thunder’s Mouth Press, 2000, pág. 38-39.

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