Paloma Peñarrubia interview

Entrevista a Paloma Peñarrubia

Compositora nativa de la electrónica, como ella misma se define, Paloma es una artista ecléctica, capaz de abordar cualquier proyecto por distinto y arriesgado que sea la manera de enfocarlo, tanto desde lo que ella denomina su “zona de confort”, la electrónica, como a la participación instrumental (grabó con la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias para Bajo la Piel de Lobo, 2018), pasando con la música camerística (Sangre, 2020; Los Últimos Pastores, 2024) o el jazz (Isósceles, 2022), y se trate de teatro (La Grieta, entre Animales Salvajes, 2016; Masacre en Nebraska, 2020)), danza (Crudo, 2014; Ígnea, 2020), videoinstalaciones (Objetos, 2017; Cábalas I, 2020), cortometrajes (Black Bass, 2020) y largometrajes.

 

No hay impedimento alguno para que la compositora se adentre de un modo u otro en la propuesta que le plantean. Reciente ganadora del premio MUSIMAGEN por la citada Los Últimos Pastores, y poseedora de la Biznaga de Plata, “Mujeres en Escena”, a los oficios cinematográficos en el Festival de Cine de Málaga, además de nominada al Goya a la mejor canción (“Un Paraíso en el Sur”) de La Vida Chipén (2021), como también en diversas ocasiones a los premios ASECAN, Paloma Peñarrubia disfruta este reconocimiento, que le resulta gratificante, pero sin desviarse un ápice de su manera de vivir, de su conexión con el entorno rural en el que siempre se ha establecido, primero en el interior de su Málaga natal, y ahora en el entorno rural asturiano, donde se siente más acorde con la niebla y con las temperaturas de la tierra, además de rodearse de esa vida campestre que tanto necesita como opción vital y creadora (no muy lejano, por cierto, de los dos hermanos pastores).

 

Artista sincera, siempre curiosa y en constante proceso de aprendizaje, Paloma también ha ejercido de docente en la Universidad de Málaga, además de ser el alma máter de proyectos de vanguardia que se han ido sucediendo unos a otros, como las flores no lloran, durante la pasada década, y BROMO, que combina música experimental con arte digital y con el que ha tocado en festivales como LEV, VOlumens, Eufonic o Videocittá, así como cofundadora del festival FLAMA, definida en su propia web como “una plataforma para la integración de la mujer en la música electrónica experimental y medios sonovisuales”, en la que podría encuadrarse perfectamente uno de sus últimos trabajos, como lo es la música de la película de Albertina Carri, ¡Caigan las Rosas Blancas! (2025), con la que ha vuelto de nuevo a trabajar con la electrónica.

 

Como reza en la introducción de lasfloresnolloranmusic.com, cuya web sigue activa a pesar de haber sido ya sucedido el proyecto por otros de diversa índole, Paloma, “rodeada de controladores Midi, guitarras, ukelele y otros objetos audibles, crea en tiempo real una red melódica y rítmica, prácticamente desde cero. Se aferra a la sofisticación electrónica, con una carga emocional profunda. Planos sonoros que te atrapan en un sueño de paisajes en evolución, de desarrollos largos e intensos y de numerosos movimientos que narran la intimidad de un discurso transformándose en sonidos.” Ella nos lo cuenta en primera persona. Tranquilamente, desde la puerta de su casa…

Frederic Torres, 6 de noviembre de 2025 

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