A CLOCKWORK ORANGE (1971)

La naranja mecánica

Walter (Wendy) Carlos: Eclecticismo musical de la mano de un trans

por Eduardo J. Manola

Una pantalla rojo sangre. Unos inquietantes sonidos electrónicos, como de otro planeta. Y la metálica tonalidad de unos golpes de timbal surgidos de un sintetizador. Así comienza La naranja mecánica (A Clockwork Orange), el film de Stanley Kubrick que rompió con todos los moldes de una época que ya comenzaba a cuestionar los vicios, convencionalismos y prejuicios de la sociedad occidental.

Ya en los títulos principales, la marcha del “Funeral de la Reina María” (Funeral Music for Queen Mary), que el compositor inglés del siglo XVII Henry Purcell escribió para esa precisa ocasión, se revela fusionada en la música electrónica que los trémulos dedos de un Walter Carlos en el umbral de su transformación sexual, engendran desde las recónditas sonoridades extraídas del teclado del prototípico sintetizador que Robert Moog venía desarrollando, y que el compositor había ayudado a definir. Clasicismo y modernidad se regeneraban en una simbiosis musical tan reaccionaria como la misma película a la que se aplicaban.

Malcolm McDowell y Stanley Kubrick

Basada en la exitosa novela del escritor británico Anthony Burgess, publicada en 1962 y enmarcada en la tradición literaria de relatos distópicos ingleses como “1984” de George Orwell y “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, la adaptación cinematográfica del siempre singular Stanley Kubrick no podía menos que estampar su marca muy personal y representar la ultraviolencia desatada en la historia de Burgess de la manera más descarnada y, a la vez, poéticamente polémica en su desprejuiciada puesta en escena y tratamiento visual.

Stanley Kubrick rodando La naranja mecánica

ULTRAVIOLENCIA Y BEETHOVEN

El personaje central, Alex DeLarge (un extraordinario Malcolm McDowell en los albores de su carrera), es un delincuente juvenil, depravado y brutal, que combina sus placeres (sexo desenfrenado, con o sin consentimiento, drogas y frenética ultraviolencia), con su fanatismo musical por Beethoven, en especial por su Novena Sinfonía. Es el líder de una pandilla de jóvenes criminales tan inadaptados como él, ladrones y violadores, a quienes llama “drugos” (droogies) y dirige en una serie de violentas fechorías hasta que es traicionado por ellos, capturado por la policía, condenado a prisión, y liberado dos años después al someterse voluntariamente a una terapia de aversión, una novedosa técnica psicológica de rehabilitación conductista experimental conocida como método Ludovico. Tanto estas teorías experimentales como la psiquiatría, los sistemas carcelarios, la corrupción política, y la propia sociedad son objeto de crítica, bajo el maquillaje de una realidad social futurista y distópica.  

La abundancia de expresiones “nadsat” que pululan en la novela, una ficticia jerga adolescente inventada por el propio Burgess, que mezcla términos basados en el idioma ruso, ciertas voces de la jerga rimada cockney y palabras generadas por la mente del autor, contribuye a la creación de un clima de ficción e irrealidad que es respetado por Kubrick en la película, e incluso exacerbado por una puesta en escena que transita entre el surrealismo, el kitsch, la psicodelia y el pop.

El título de la novela fue motivo de diversas controversias en cuanto a su real significado. Hubo quienes creyeron encontrarle referencias antropológicas, ya que la palabra “orang” significa “persona” en el idioma malayo. Burgess había vivido durante varios años en Malasia, así que era probable que el autor hubiera pretendido construir un juego de palabras y que el título significara en realidad “El hombre mecánico” o “El hombre con mecanismo de relojería”, con la intención de aludir a que una máquina se puede programar: Alex era “programado” por el método Ludovico para rechazar la violencia. Sin embargo, Burgess había adjudicado el título a la derivación de la vieja expresión cockney “as queer as a clockwork orange”, que podría traducirse como “tan raro como una naranja de relojería”.

BURGESS Y LA MUSICA

El autor de La naranja mecánica era, además de escritor, compositor. Nació el 25 de febrero de 1917 en Harpurhey en el centro de Manchester, Inglaterra y estuvo ligado a la música desde sus primeros días. Su madre, Elizabeth Burgess, era cantante y bailarina en el music hall de Glasgow y Manchester, y su padre, Joseph Wilson, tocaba el piano en varias salas de música. Anthony compuso su primera sinfonía a los 18 años, estudió Literatura Inglesa en la Universidad de Manchester y luego de titularse en 1940, colaboró con las organizaciones Royal Army Medical Corps y Army Educational Corps, fue director musical de la banda del ejército, y poco tiempo después se mudó a Malasia, en donde mientras trabajaba sufrió un desmayo que terminó diagnosticándose como un tumor cerebral. Para no dejar desamparada a su esposa decidió emplear el tiempo que le quedaba en escribir novelas que le garantizaran ingresos por derechos de autor, iniciando así su prolífica producción literaria, y para fines de 1960 ya había publicado varias novelas, entre ellas “Time for a Tiger” (1956), “The Doctor Sick” (1960), y “The Worm and the Ring” (1960).

El novelista Anthony Burgess

En 1961 regresó a Inglaterra y le llamó la atención la vida que llevaban los jóvenes del momento, muy diferente a la suya. La música, de la que jamás se apartó, tenía entonces al pop y al rock como base fundamental de los movimientos sociales y las modas de la época, con The Beatles, The Rolling Stones o The Animals entre los modelos a seguir. Anthony Burgess, escuchaba música clásica. Allí comenzó a escribir La naranja mecánica, una distopía en la que combinó las miserias de la sociedad contemporánea, enfrentó al individuo con el Estado y sus falencias, exacerbó la violencia sin sentido y los excesos, y creó un contrapunto entre un ambiente de decadencia con una atmósfera sofisticada, de la mano de composiciones clásicas como las sinfonías de Beethoven.

CLASICISMO ELECTRONICO DE RELOJERIA

Walter Carlos, un compositor nacido en 1939 en Rhode Island, Estados Unidos, se había convertido en un pionero de la música electrónica a partir de su trabajo de asesor de Robert Moog en el desarrollo de su famoso sintetizador en 1966 y de la edición de su álbum “Switched-On Bach” en otoño de 1968, en el que presenta un novedoso ensamble de fragmentos de diversas piezas del celebérrimo compositor germano del período barroco ejecutadas en el Moog serie 900, prototipo que había ayudado a diseñar. Se sustituía una gran orquesta con un sintetizador, algo que hoy no llama la atención, pero que en aquella época era impensable. Tal fue el éxito del disco que fue admitido en el catálogo de música clásica, vendió un millón de copias obteniendo el disco de platino, ganó tres premios Grammy, y colocó al compositor en un lugar destacado de la música moderna. A ello siguió su segundo álbum, “The Well-Tempered Synthesizer” publicado en 1969.

Sinfonia to Cantata nº 29 – Switched-On Bach – Walter Carlos

Walter Carlos

Robert Moog

En esos tiempos, se asoció con la productora Rachel Elkind y se fue a vivir con ella, armando un estudio de grabación en el que se puso a trabajar en nuevos proyectos de música electrónica basada en piezas de la música clásica. En 1971, Carlos se acercó a la novela de Burguess. Mientras la leía sintió la inspiración para componer un tema musical. Esa pieza original sería “Timesteps” y formaría parte de un poema musical que Carlos comenzó a desarrollar basado en la novela, una composición autónoma con una extraña afinidad por el mecanismo de la relojería. Se había enamorado de la historia, que tenía a la música como uno de los elementos centrales: su protagonista amaba la Novena Sinfonía de Beethoven.

Por su parte, Elkind se enteró de que Kubrick estaba filmando justamente la adaptación al cine de La naranja mecánica y de inmediato pensó que la música de Carlos podría ser interesante para el cineasta, conocido por ser un director exigente y que se involucraba de manera obsesiva con la selección de piezas que conformaban la banda sonora de sus filmes. Ya lo había demostrado en 2001: Una odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, 1968). Sin embargo, en un principio, el cineasta tenía pensado ligar el aspecto musical de la película al rock, y había llevado a cabo contactos con The Rolling Stones para que encarnaran a los droogies y con Pink Floyd para componer el score, pero ambas bandas habían rechazado participar. Hubiera sido cuanto menos interesante ver a Mick Jagger en el papel de Alex.

Wendy Carlos y Rachel Elkind

La centralidad de la música en La Naranja Mecánica era ostensible y Elkind lo sabía. Contactó a Kubrick y le acercó lo que Walter Carlos había compuesto inspirado en la novela, proponiéndole que considerara al “sintetizador” como una forma novedosa y audaz para musicalizar la película. Kubrick pretendía respetar la impronta musical de la novela y llevarla a niveles aún más arriesgados, por lo que aceptó el desafío, contrató a Carlos, y le transmitió su obsesión apenas éste aceptó participar en la producción.

Lo que nunca imaginó el compositor fue que la obsesión de Kubrick se transformaría en un control casi enfermizo sobre cada nota de la banda sonora. Entre otras cosas, le exigió una versión aceleradísima del final de la obertura de “Guillermo Tell” de Rossini, para la descacharrante escena erótica del trío sexual. En su minúsculo pero sofisticado estudio de Nueva York, Carlos reorganizó muchas piezas de música clásica de las que Kubrick ya había obtenido el permiso de uso, experimentando la fusión de los sonidos “de otro mundo” del Moog en la imitación de las sonoridades de los instrumentos clásicos y conocidos del mundo real. Con ello buscó reflejar el extraño futuro distópico de la relojería que proponía la película, frente a la realidad sonora del presente, que todos conocemos bien.  

A Clockwork Orange – William Tell Overture (abriged) Rossini – Wendy Carlos

Así, una particular versión en sintetizador de “El funeral de la Reina Mary” de Purcell, fue convertida en el tema principal de la película y popularizado hasta el infinito en la década del setenta, y la “Marcha de La naranja mecánica”, que Carlos basó en la “Novena Sinfonía de Beethoven” en un magistral desarrollo con arreglos electrónicos, incluyó un segundo fragmento que tiene el record de ser la primera canción en la historia cuyas voces fueron grabadas con el vocoder, un sintetizador de voz creado a mediados de los años sesenta por los Laboratorios Bell, que Carlos adaptó para propósitos musicales, y que más tarde utilizaron grupos como Kraftwerk y Daft Punk, entre otros, para crear efectos de voces robóticas. A propósito, las articulaciones de voz que se escuchan en ese corte son de Rachel Elkind, que trabajó activamente también en la estructuración de los temas, perfeccionando junto a Walter las posibilidades del Moog e incorporando algunas nuevas tecnologías, que incluyeron el “seguidor de espectro” que sirvió como prototipo del vocoder para su uso en la música electrónica.  

Cortar la música para sincronizarla con el montaje de una película era una tarea muy diferente a la de crear un álbum independiente, especialmente en una época en la que todo se hacía físicamente en cinta y película. El proceso de composición para el film y sus pistas era muy técnico y engorroso según Carlos, ya que se debía señalar de alguna manera a los ingenieros de sonido el comienzo de cada pista para su sincronización con las imágenes. Para ello, Carlos grabó el Moog en ocho pistas, y con Elkind usaron un tono de 60Hz pegando un trozo de tono sinusoidal en la cinta para fijarles dicha señal a los ingenieros.

March from A Clockwork Orange (Ninth Symphony, Fourth Movement – abridged) Beethoven – arreglos Walter Carlos – Rachel Elkind (vocoder)

En determinado momento, y fiel a su estilo tempestuoso y cuasi autoritario, Kubrick estuvo a punto de hacerle a Carlos lo mismo que le había hecho a Alex North unos años antes cuando, sin avisarle, descartó toda la música original que éste había compuesto a su pedido para 2001: Una odisea del espacio, y construyó la banda sonora íntegramente con piezas clásicas. El desplante finalmente no se repitió con Carlos, decidiéndose Kubrick por una amalgama entre música clásica y electrónica que terminó por beneficiar al compositor, a pesar de que el cineasta dejó de lado varias de las composiciones originales que Carlos había escrito, como “Country Lane”, “Orange Minuet” y “Biblical Dreams”.

En la banda sonora original editada al estrenarse la película, digamos la “oficial”, solo aparece un tema original de Carlos, el mencionado “Timesteps”, escrito mientras leía la novela de Burgess. Luego están las piezas clásicas que el compositor arregló electrónicamente, como las ya indicadas de Purcell, Rossini y Beethoven, a las que habría que agregar la magnífica “Theme from A Clockwork Orange (Beethoviana)”, y “Suicide Scherzo” (del Segundo Movimiento de la Novena Sinfonía) también de Beethoven.

Orange Minuet (sample) – A Clockwork Orange – Walter Carlos
Biblical Daydream (sample) – A Clockwork Orange – Walter Carlos
Country Lane (sample) – A Clockwork Orange – Walter Carlos

Asimismo, aparecen los temas que Kubrick tomó prestados de la música clásica en sus versiones orquestales de concierto, como “The Thieving Magpie” (La urraca ladrona) de Rossini, las marchas I y IV de “Pomp and Circumstance” de Edward Elgar, fragmentos del segundo y cuarto movimientos de la Novena de Beethoven, y otro fragmento de la “William Tell Overture” de Rossini. Y finalmente, la conocida canción “Singin’ in the Rain” interpretada por Gene Kelly de la famosa comedia musical homónima, y dos temas de la banda inglesa de folk psicodélico Sunforest, “Overture to the Sun” (de sonoridad renacentista) y “I Want to Marry a Lighthouse Keeper” que, si bien no fueron compuestos para el film, el grupo los regrabó especialmente, aunque el crédito en el disco fue para Terry Tucker y Erika Eigen, respectivamente, dos de las integrantes del grupo.   

Lejos de tirar a la basura su trabajo, Walter Carlos compiló en un álbum los temas descartados por Kubrick, y tres meses después del estreno de la película, lanzó en 1972 a través de la discográfica CBS Columbia, su versión personal de la banda de sonido con el título de “Walter Carlos’ Clockwork Orange. En el año 2000 el sello East Side Digital editó “A Clockwork Orange: Wendy Carlos’s Complete Original Score”, un remasterizado del de 1972 con bonus tracks. Lamentablemente, por cuestiones de derechos no es posible encontrar en internet esta edición. 

EPILOGO

Lo concreto e importante en esta obra capital de la historia de la música de cine, considerada mundialmente ya como una pieza de culto, es que la veterana Wendy Carlos, reconocida pionera de la música electrónica, y el propio Kubrick, con su particular olfato para insertar piezas de la música culta, consiguieron imprimir el tono futurista, al mismo tiempo decadente, contradictorio y opresivo, que el film requería.

Si bien no toda la música destinada a la película se incluyó en el corte final, es un hecho innegable que Carlos allanó el camino para la aparición de muchas bandas sonoras sintetizadas que vinieron en los años siguientes. Hoy en día es muy difícil encontrar un score que no incluya sintetizadores o elementos electrónicos. Pero la banda sonora de La naranja mecánica fue  innovadora en su momento, un verdadero impacto en su experimental complejidad. La extraña tensión creada con la disonancia de los «instrumentos» a través del Moog, como una suerte de impensables covers de las piezas clásicas, aportaron a la película una tonalidad sonora que no tenía rival en aquel momento.

Una experiencia ecléctica con la que Walter (Wendy) Carlos supo predecir el promisorio poder de la síntesis electrónica en el futuro de la música de cine.

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