La esperada secuela del Joker de Todd Philips fue recibida por crítica y público de manera muy dispar. Hay quienes la consideran una joya y quienes la han definido como «una mierda». Lo cierto es que la cinta no ha pasado desapercibida y ha generado polémica, más allá de su fracaso en taquilla. Nuestro colaborador Frederic Torres nos deja aquí su opinión sobre el film y sobre su singular banda sonora, cuya versión incidental volvió a estar a cargo de la islandesa Hildur Gudnadóttir
BSO REVIEW
JOKER: Folie à Deux (2024)
Música compuesta por Hildur Gudnadóttir
por Frederic Torres
Cuando Joker se presentó en el Festival de Venecia de 2019, el año anterior a la pandemia, el asombro fue mayúsculo cuando se alzó con el máximo galardón de uno de los festivales más relevantes del mundo, caracterizado por su apoyo al denominado «cine de autor».
Todd Philips, el director de Resacón en Las Vegas (The Hangover, 2009), quien había coescrito el guion junto a Scott Silver y Bob Kane, había dado en la diana recreando el origen del conocido personaje de DC, el mayor villano de Batman, mostrando sus debilidades, sus frustraciones y la desatención por parte de una sociedad cada vez más alienada y propensa a engrandecer la brecha social entre los ciudadanos de una Gotham City convertida en metáfora de cualquier metrópoli estadounidense, todo lo cual abocaba a un Arthur Fleck (con una interpretación que le valió el Oscar a Joaquin Phoenix), harto de soportar tanta desidia, desprecio e, incluso, violencia, hasta el punto de desequilibrarse por completo y transformarse en el temible Joker, con el terrible balance de contar seis muertes entre sus manos, entre ellas la de su madre, su jefe, y el presentador de televisión que más admiraba, y convertirse acto seguido en una figura icónica, aplaudida por miles de fans.
Arthur venía pues a resultar una suerte de monstruoso hijo de una sociedad enferma, por esquizofrénica, autodenominado Joker, y la historia ponía en ese momento su punto final. Tomando como referencia Taxi Driver (Ídem, 1976) y El rey de la comedia (The King of Comedy, 1982), ambas películas de Martin Scorsese, parecía que todo lo que había que contar sobre Fleck y su transformación en el citado Joker, estaba dicho. Pero no era así.
Cinco años más tarde, el mismo equipo de guionistas, el realizador Philips entre ellos, vuelve a la carga para insistir en los destinos de Fleck, quien en esta ocasión y tras recalar en el psiquiátrico de Gotham, la institución mental conocida como Arkham, se encuentra «casualmente» con Lee Quinzel (excelentemente interpretada por Lady Gaga), para caer rendidamente enamorado de un flechazo por ella, justo antes de ser llevado a juicio por el fiscal Harvey Dent (Harry Lawtey), quien pretende aplicarle la pena de muerte por los asesinatos cometidos durante la historia narrada en el film anterior.
Pero he aquí que para esta historia de amor «fou», a los responsables de la presente secuela no se les ocurre otra cosa que tomar una de las sendas más arriesgadas vistas en el cine de las últimas décadas y, en un doble salto mortal, superar las transgresoras propuestas del film anterior mostrando el enamoramiento de los protagonistas a través de toda una retahíla de clásicas canciones, tan admiradas e interiorizadas por ambos que se convierten en el modo de expresión de sus sentimientos.
Original y casi suicida forma de contar una historia, este musical desesperanzado y triste, además ahonda en los mecanismos represores de la sociedad actual que se ceban en los más débiles, dentro de una sociedad cada vez más desestructurada (por carencias de asistencia social desmanteladas poco a poco en favor de intereses privados) y alienada (que solo busca el referente icónico capaz de empujarles a dar el salto en el vacío que mucha gente está esperando llevar a cabo ante la ausencia de unas expectativas de futuro nada halagüeñas -y cuya máxima expresión, hasta el momento, tomó forma durante el asalto al Capitolio impulsado por el expresidente Donald Trump), en donde el valor del rol que se representa es solamente aquello que cuenta dentro de una sociedad tan mitómana como lo es la norteamericana.
Esta reflexión sobre la propia personalidad y las luces y sombras que esconde, que coartan la verdadera individualidad de la persona, se presenta como uno de los principales nudos gordianos del film, que asalta la naturaleza de la verdadera relación entre la enamorada pareja protagonista, y que además de incitar a la reflexión, genera un nuevo proceso de desazón en el propio Fleck, quien deberá afrontar de una vez por todas las consecuencias de la tozuda realidad, abandonando la fantasía «fabricada» aún a costa de su propia felicidad, e incluso de su propia integridad.
La idea, que no es nueva, ya se desarrolló en los cómics ochenteros del más famoso personaje marvelita, Spider-man, cuando la bella y sensual Gata Negra, se enamoraba del lanzarredes, pero no soportaba a su alter ego, el para ella aburrido Peter Parker, lo que provocaba su ruptura.
Contar todo esto a través de canciones, superpuestas además a los solos de chelo debidos a la islandesa Hildur Gudnadóttir, quien repite de nuevo como responsable de la música incidental (tras haber obtenido también la estatuilla dorada por su trabajo en el film que le antecede), no solo suponía un reto mayúsculo, sino que por el tono triste y desesperanzado del que se hace gala, podía resultar demasiado antipática para el público generalista, como desgraciadamente parece que está sucediendo a tenor de su fracaso en taquilla, además del desprecio generalizado que la crítica le ha otorgado (ensañamiento en redes sociales aparte), quienes parecen no haber entendido en absoluto la propuesta del antaño felicitado Philips.
Joker Folie à Deux – «It’s Showtime» – music by Hildur Gudnadóttir
Y es que algún antecedente similar, como Dinero caído del cielo (Pennies from Heaven, 1981), la inestimable obra maestra que rodara Herbert Ross a principios de los ochenta, no hacía presagiar un resultado económico nada halagüeño.
Pero lo cierto es que, polémicas aparte, Philips resulta coherente hasta el último aliento y ofrece una obra tan inclasificable como profundamente romántica, que sabe tocar la fibra sensible no solo de un Arthur Fleck que toma conciencia de su verdadera condición, sino también del espectador sensible, más allá de lo que digan o dejen de decir las taquillas.
Así pues, para ello, los responsables de la película echan mano de todo un ramillete de estándares populares de la música ligera norteamericana, entre otras cosas porque son las que conocen los protagonistas, las que han aprendido y se saben de memoria, solo que están filtradas por la gravedad del chelo de Gudnádottir, y comienzan por desgranarse ya en el cortometraje animado que antecede el comienzo de la trágica ficción real en que se convertirá la película, tiulado La Sombra del Joker (Me and My Shadow, en el original), en el que tras la fanfarria de la Warner y el conocido tema de las «Merrie Melodies», de George Daugherty, la desgajada sombra del Joker interpreta, merced a la voz de Jamal Moore y Nick Cave, «Slap That Bass/Get Happy/ What the World Needs Now Is Love», tres composiciones debidas respectivamente a George Gershwin, a Harold Arlen y Ted Koehler (para el musical Repertorio de Verano (Summer Stock, 1950), que cantó Judy Garland, y a Burt Bacharach y Hal David, antes que la presencia del chelo de Gudnadóttir abra la función («It’s Showtime») presentando la humillante vida cotidiana de Arthur en Arkham, bajo la atenta vigilancia de su guardián Jackie Sullivan (Brendan Gleeson).
Joker: Folie á Deux – «Slap That Bass Get Happy What The World Needs Now Is Love» – music by Gershwin/Arlen/Koehler/Bacharach/David
Ya entrados en el metraje de ficción, Arthur canta su primera canción, «For Once in My Life», de Ron Miller y Orlando Murden (que fue interpretada en primer lugar por Connie Haines, aunque la popularizó Stevie Wonder en 1967), no sin antes haber conocido a Lee cantando con el coro, y escuchado en el patio del psiquiátrico «When the Saints Go Marching In», un himno clásico de autores desconocidos, pero muy popular gracias a la trompeta de Louis Armstrong.
En este sentido, sobresale también alguna canción de corte diegético, como «Dancing in the Moonlight», que canta King Harvest, escuchada en el coche policial del convoy que lleva a Arthur de vuelta a Arkham tras acudir a los juzgados por primera vez.
Pero como es de esperar, el protagonismo musical recae sobre la pareja protagonista, de manera que cuando tratan de huir del psiquiátrico al calor del incendio provocado por Lee durante el pase de Melodías de Broadway 1955 (The Band Wagon, 1953), secuencia en la que aparecen Jach Buchanan y Fred Astaire, ambos cantan bajo una intensa lluvia a modo de liberación y rebeldía, en la secuencia más lírica de toda la película, «If My Friends Could See Me Now», de Cy Coleman y Dorothy Fields, canción compuesta para el musical Sweet Charity, que interpretó Shirley MacLaine, en 1966 (quien repetiría en la versión llevada al cine tres años después y estrenada por estos lares con el título de Noches en la ciudad), cuya coda corre a cargo de la compositora islandesa («Rooftop Fantasy»), que suma ese toque triste ya comentado.
Después de su captura, Arthur es arrojado a una celda de castigo, y allí Lee, que consigue visitarle, le canta «Folie à deux», escrita por la propia Lady Gaga, y arreglada por The Brian Newman Quartet, con la música de Gudnadóttir también entremediada.
Joker: Folie á Deux – «For Once in My Life» – music by Ron Miller/Orlando Murden
Joker: Folie á Deux – «If My Friends Could See Me Now» – music by Cy Coleman y Dorothy Fields
Joker: Folie á Deux – «Folie á Deux» – music by Lady Gaga
Después, durante su entrevista con el popular personaje televisivo Paddy Meyers (Steve Coogan), Lee y Arthur se decantan por una versión muy especial de la clásica «Bewitched», de Richard Rodgers y Lorenz Hart, perteneciente al musical Pal Joey, que Sinatra cantaba en la adaptación fílmica de finales de los cincuenta. Y no menos clásica es «That’s Entertainment», perteneciente a la maravillosa y ya citada Melodías de Broadway 1955, que Lee canta por primera vez en los alrededores del palacio de justicia, y que viene a convertirse de alguna manera en su leitmotiv.
Una vez dentro es «When You’re Smiling (The Whole World Smiles With You)» la canción que da entrada a Arthur a la sala del juzgado. Y cuando más tarde, este y su abogada, Maryanne (Catherine Keener), hablen sobre la negativa influencia de Lee para la buena resolución de su caso, el número musical que la pareja de protagonistas interpreta es «To Love Somebody», de Barry y Robin Gibb, dos de los hermanos que integraron el popular grupo The Bee Gees, quienes con ella lanzaron su segundo single en solitario.
Poco después, Lee le dedica a Arthur «(They Long to Be) Close to You», también de Bacharach, aunque la popularizaron los Carpenters, para acto seguido culminar las secuencias en el juzgado con el número musical titulado «The Joker», de Leslie Bricusse y Anthony Newley, concebido para el musical, The Roar of the Greasepaint-The Smell of the Crowd, desconocido por estos lares, y versioneada en su momento tanto por Sammy Davis Jr. como por Shirley Bassey, precedido también por la música de Gudnadóttir («Dumb Laugh»), insistiéndose en esa efectiva superposición entre las diferentes partes musicales de la propuesta en aras de una superlativa coherencia, plenamente alcanzada.
Joker: Folie á Deux – «That’s Entertainment» – music by Arthur Schwartz
Joker: Folie á Deux – «When You’re Smiling (The Whole World Smiles With You)» – music by Larry Shay, Mark Fisher and Joe Goodwin
Joker: Folie á Deux – «To Love Somebody » – music by Barry & Robin Gibb
Cuando Arthur toma las riendas de su caso, lo hace asumiendo su papel de Joker, y para cantar junto a Lee su canción emblemática, «Gonna Build a Mountain», compuesta también por la pareja Bricuse/Newley, perteneciente al musical Stop the World, I Want to Get Off, adaptado al cine en 1966 (y no estrenado por estos lares).
Y mientras Lee se pinta como una clown para estar a la altura de su pareja (asemejándose ya de forma evidente a la Harley Quin de los cómics), canta «I’ve Got the World on a String», de Arlen/Koehler, que popularizó Cab Calloway en el mítico The Cotton Club, y que después versionaron Bing Crosby y Frank Sinatra.
Por último, cuando Arthur llama a Lee, en la secuencia más emocionante de la película, le deja en su contestador «If You Go Away/Ne me quitte pas», popularizada por Jacques Brel y versioneada en los EEUU por Rod McKuen, en el infructuoso intento de que ella no le abandone.
Y en el número final, reaparece «Gonna Build a Mountain», ahora cantada en solitario por el desolado Arthur. Toda una retahíla de canciones, salpicadas aquí y allá por la música de Gudnadóttir, quien irremediablemente aquí se ve abocada a ceder protagonismo.
Joker: Folie á Deux – «Gonna Build a Mountain» – music by Bricusse/Newley
Joker: Folie á Deux – «I’ve Got the World on a String» – music by Arlen/Koehler
No obstante, en los créditos la balanza se equilibra, pues si bien la primera canción que se escucha, en versión de Lee, es «That’s Life», de Dean Kay y Kelly Gordon (también se escucha en versión de Sinatra durante el metraje, tal como ya sucedía en la película anterior), seguida de «True Love Will Find You in the End», de parte de Arthur, a continuación toman el relevo «The Real You», y «The Other Half», fragmentos ambos de carácter incidental debidos a Gudnadóttir.
Un album complementario editado en compacto por parte de Lady Gaga, Harlequin, con versiones más estandarizadas y asequibles de las canciones principales de la película, y un single con «Die With a Smile», un dueto entre Lady Gaga y Bruno Mars, que debía haber formado parte de la excepcional colección de canciones de la película, completan una de las experiencias musicales más inusitadas y redondas vista y escuchadas en mucho tiempo en una sala de cine.
Una auténtica pirueta con doble salto mortal, por recurrir a alguna metáfora circense, acorde con el carácter de los protagonistas. El cine, señoras y señores, sigue mereciendo la pena.
Joker: Folie á Deux – «That’s Life» – music by Dean Kay & Kelly Gordon
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por Eduardo J. Manola
Una banda sonora a contracorriente, áspera y no convencional, que lleva la crispación a niveles agobiantes y transmite esa energía al personaje, transformando el pasado que condiciona su vida en un presente escalofriante. Mujer e islandesa, Hildur Gudnadottir rompió los moldes de la música del cine de superhéroes. O deberíamos decir «de villanos»??