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EAST OF EDEN (1955) - Leonard Rosenman: Al este de Edén atonal -

EAST OF EDEN (1955)

Leonard Rosenman: Al este del Edén atonal

por Eduardo J. Manola

Cuando la era dorada del sinfonismo y el romanticismo tardío impuesto por los grandes compositores venidos de Europa comenzaba su declive en Hollywood, una nueva camada de músicos cinematográficos con ansias de renovación estética se asomó al escenario musical de la década del cincuenta. Los clichés románticos y los convencionalismos que imperaban desde el nacimiento del sonoro con nombres tan representativos como los de Max Steiner, Alfred Newman o Miklos Rozsa, debían adaptarse a las nuevas presiones de los productores, a su vez preocupados en la búsqueda de nuevos formatos con los que atraer a las nuevas generaciones a las salas de cine.

Ese grupo de nuevos compositores no desdeñaba de la música sinfónica ni, por supuesto, de la música clásica o culta, pero era consciente del cambio y tenían en sus venas la savia renovadora del jazz, la electrónica y una impronta compositiva más moderna y compleja, abierta a nuevas sonoridades y experimentaciones.

Uno de esos compositores jóvenes fue Leonard Rosenman, tan importante como incomprendido, que hurgó en las raíces de la atonalidad pergeñada por el pionero Arnold Schönberg, músico vienés creador de la técnica dodecafónica, quien fue su maestro y guía musical. En 1952 obtiene una beca para estudiar en Massachussets con el compositor italiano Luigi Dallapiccola, seguidor de la Segunda Escuela de Viena y muy influido por el serialismo de Alban Berg y Anton Webern, que también incidirá en la carrera de Rosenman en el cine.

A partir de ese momento, y para costear sus estudios, Rosenman dedica buena parte de sus horas a dar clases de piano, y es esta particular y acaso nimia circunstancia la que conectará al músico neoyorquino con el séptimo arte, de manera absolutamente casual y no buscada. En 1954, el libretista Howard Sackler, conocido por su obra teatral “The Great White Hope”, llevada al cine en 1970 por Martin Ritt con James Earl Jones en el papel protagónico, y por co-escribir el guion de Tiburón 2 (Jaws 2, Jeannot Szwarc, 1978), estrenaba en Broadway la tragedia griega “The Women of Trachis”, y Rosenman había sido contratado para escribir la música incidental. Un joven actor que formaba parte del elenco de la obra le pidió tomar lecciones de piano. El actor era James Dean y entre ambos cimentaron una profunda amistad, dada la afinidad común a la rebeldía juvenil.

Pasaría un año para que Dean se  hiciera con el papel principal de la película Al este del Edén (East of Eden), que dirigía el gran Elia Kazan y que estaba basada en la potente y exitosa novela de John Steinbeck publicada en 1952, una historia que gira en torno al amor y al odio, la lucha entre el bien y el mal oculto en las personas y la delgada línea que separa ambos conceptos. Fascinado con su amigo y profesor de piano, y convencido de que era el músico ideal, Dean arregla una reunión entre Rosenman y Kazan. El objetivo: convencer al director para que le encargue al compositor la música del film. En la entrevista, y mientras conversaban, Rosenman toca para Kazan algunas de las piezas que tenía compuestas, y el perspicaz cineasta advierte de inmediato que había encontrado el músico perfecto para delinear la fuerza emotiva de la obra de Steinbeck.

Sin embargo, Rosenman dudaba. No le seducía demasiado ingresar en el mundo del cine. La situación lo ponía en la encrucijada de optar entre esa oportunidad y seguir su primigenio proyecto de trabajar en la música de concierto. Pero tras conversar con sus amigos Aaron Copland y Leonard Bernstein, quedó convencido de que le convenía aceptar el desafío. Y lo hizo escapándole a toda convención musical y a cualquier modelo impuesto y, echándole mano al dodecafonismo que bebía de su maestro Schönberg, construye un híbrido que no desdeña el empleo de la tradicional Americana, importante por la ambientación ruralista de la historia, e incluye música serial para pintar las complejidades de los personajes centrales y sus turbulentas relaciones. Por ejemplo, el eje central de la novela, Cal Trask (James Dean), es representado por acordes malsanos, apoyados en notas convulsas sobre la sección de metales y la percusión, que destacan el terremoto emocional que lo acosa desde una infancia sin afecto. Como contrapunto, el tema que corresponde a su padre (Raymond Massey), lo construye sobre cuerdas y maderas, denotando su bondad, ternura y nobleza. Esta forma de estructurar los temas permanece en la partitura, pero a medida que los personajes van cambiando sus conductas, así también Rosenman modifica la música que los apoya. Algunos de los personajes, incluso, llegan a silbar los leitmotivs, convirtiéndolos en piezas diegéticas.

Muchos han considerado que la primera partitura completa que utiliza el dodecafonismo en la historia del cine fue otra de las películas a las que Rosenman le puso música. Se trata de La tela de araña (The Cobweb) dirigida por Vincente Minnelli y estrenada también en 1955 pero pocos meses después de Al este del Edén. Sin embargo, en ésta ya se podía percibir el germen de esa técnica que el compositor pretendía introducir en su obra.

También fue innovadora la forma de trabajo de Rosenman. Durante el rodaje de East of Eden, cada día se reunía a solas con Elia Kazan y le tocaba al piano las melodías que había estado componiendo el día anterior, las apreciaban y analizaban juntos y debatían sobre cuáles eran aptas para ser incorporadas al film, cuales descartaban y cómo mejorar otras. Este particular método beneficiaba la orquestación de las piezas a la hora de realizar la grabación de la música y el montaje definitivo de la película.    

Junto a colegas contemporáneos como Alex North, Jerry Fielding, y Elmer Bernstein, Leonard Rosenman fue uno de los pioneros en introducir el jazz en la música cinematográfica, así como en trabajar la atonalidad y el dodecafonismo en el cine, sin olvidar el extraordinario trabajo de Jerry Goldsmith para El planeta de los simios.

Al este del Edén es una banda sonora muy interesante desde el punto de vista de la técnica musical, ya que implementa la tonalidad y la atonalidad para delinear los aspectos contradictorios de la personalidad del personaje central, colocándola en un pie de igualdad con las mejores partituras de la música de cine. Como bien dice Lamberto Del Álamo: “…es, sobre todo, una obra cuidadosamente planificada y perfectamente adaptada al género cinematográfico, que aporta sensación de unidad al guion, crea la atmósfera adecuada, colabora en la sintaxis narrativa y contribuye a la caracterización del personaje central en toda su complejidad. Cualidades todas estas que definen, sin lugar a dudas, una perfecta banda sonora cinematográfica.”[1]

Pese a todo, la Academia de Hollywood no recompensó el trabajo y la innovación de Rosenman, algo por lo que el rebelde compositor siempre sintió resentimiento y no ocultó expresar. Años más tarde, el Oscar le llegaría por partida doble pero, irónicamente, no por música compuesta por él sino por la adaptación de piezas de la música clásica de Haendel y Schubert para Barry Lyndon (Stanley Kubrick, 1975) y de canciones folk de Woody Guthrie interpretadas por David Carradine para Esta tierra es mi tierra (Bound of Glory, Hal Ashby, 1976). Al recibir esta segunda estatuilla, Rosenman comenzó su ya célebre speech con una ironía: “Ustedes deben saber que yo también escribo música original, no?”

Referencias

[1] Del Álamo, Lamberto, El cine y su música – Secretos y claves, Rialp Ediciones, 2020, pág. 195.

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