The Room - 2019 - reseña - crítica - the Movie Scores

Crítica.

En la línea del subgénero del cine de terror de las mansiones embrujadas, pero con una vuelta de tuerca pretendidamente original, la propuesta del director francés Christian Volckman intenta adentrarnos en los recovecos de la mente y los sueños hechos realidad pero, ¿lo consigue?

THE ROOM (2019)

Un cuarto muy oscuro

por Eduardo J. Manola

The Room - 2019 - reseña - crítica - the Movie Scores

Luego de haberse tomado unas largas vacaciones, el director francés Christian Volckman, especializado en cortometrajes musicales, vuelve a la pantalla grande con una aproximación al género fantástico. Trece años después de su ópera prima Renacimiento (Renaissance, 2006), un largometraje de animación con el que obtuvo premios en los certámenes de Annecy, Chicago y Fantasporto, el cineasta galo intenta con The Room, presentada en los festivales de Sitges y Donostia,  un nuevo aporte al cine de “mansiones encantadas”, a través de una historia que promete mucho en sus primeros treinta minutos, pero a partir de allí se convierte en una triste sucesión, sin solución de continuidad, de lugares comunes, sinsentidos y situaciones en las que los protagonistas asumen conductas y toman decisiones absolutamente irracionales.

 

Matt (el belga Kevin Janssens) y Kate (la ya famosa ucraniana Olga Kurylenko) son una pareja que decide dejar la ciudad y (¡¡¡oh, sorpresa!!!) comprar una gran mansión para reciclar en un páramo alejado y solitario (como debe ser). Luego de unos quince minutos de introducción en la vida del nuevo hogar, trabajos de limpieza, reparaciones y reformas (todo sazonado con los típicos divertidos momentos domésticos y bromas entre los enamorados, flamantes propietarios), descubren casualmente (¿¿??) una habitación oculta en la que, también por casualidad, advierten que cualquier deseo se hace realidad en forma inmediata. Por supuesto que la parejita sucumbirá a todas las tentaciones que el lector imagine sin mucho esfuerzo, cumpliendo hasta el hartazgo con todos los anhelos, a través de la maravillosa habitación: fiesta, champán, dinero sin límites, sexo desenfrenado, excentricidades de todos los colores. Una orgía materialista y consumista en toda regla. El cuarto es como la lámpara de Aladino, la vida se convierte en un cuento de hadas. Pero el paraíso esconde algunas condiciones que deberán respetar aquellos que piden los deseos, y habrá algunos de esos deseos que sería mucho mejor no pedirlos. Cuidado con lo que deseas, no vaya a ser que te lo concedan.

The Room - 2019 - reseña - crítica - the Movie Scores

De la felicidad absoluta se pasa a la sorpresa, la angustia, el dolor y, finalmente, la desesperación. Pero lo que había comenzado como una película con cierto interés, aún cuando se trate de un nuevo refrito de la temática de las mansiones embrujadas, se deshace muy rápido cuando la trama entra en su nudo: Kate ve cumplido su deseo más profundo, tener el hijo que la naturaleza le negaba. A partir de allí la pareja sufrirá un verdadero descenso a los infiernos, a través del crecimiento vertiginoso y antinatural del vástago, dudas existenciales y un complejo de Edipo presentado con cierta solvencia, logrando una atmósfera agobiante y opresiva en algunos pasajes, quizás lo mejor de la cinta.

 

Sin embargo, la combinación de terror y ciencia ficción es fallida desde su inicio, porque redunda en los clichés de esos géneros que ya vimos mil veces, solo reemplazando la habitual presencia fantasmal de las mansiones embrujadas por la “habitación” del título, sin convencer ni entretener, un pecado imperdonable para una película que se ubica en el fantástico. Ni siquiera la solvencia actoral de Kurylenko y Janssens, que hacen lo que pueden, logra amortiguar la caída. Se siente como si el director, en cierto momento, hubiera decidido abandonar cualquier atisbo de sutileza y se rindiera al facilismo más convencional, a lo más burdo y gastado del género del terror. El guion del propio director, Eric Forestier, y la cortometrajista y excelente montadora, Sabrina B. Karine, es raquítico y se repite para sumar a una interminable lista de vueltas de tuerca, en busca de generar sorpresa en un espectador, al que ya nada sorprende.

The Room - 2019 - reseña - crítica - the Movie Scores

Hay por allí quien ha querido ver en The Room un ejercicio solapado de crítica social al consumismo y al capitalismo. Permítanme que me ría. Si en el ánimo de Volckman hubiera existido algún hálito de pretendida (y pretenciosa) crítica, pues lo ha dejado bien oculto, tanto como el aladinesco cuarto de los deseos. Tampoco llega a buen puerto el tímido escarceo que se intenta en el aspecto ético, cuando Matt recrimina a Kate por haber cumplido su deseo de ser madre. Estas premisas podrían haber ubicado al film en una categoría diferente, pero a los guionistas se les escapa la liebre en su afán de acumular efectos especiales, persecuciones laberínticas, falsos paisajes que se despliegan en nuevos falsos paisajes, transfiguraciones y robos de identidad, un inentendible e inexplicado enjambre de cables que la mansión guarda como venas en sus entrañas y dos finales consecutivos, el último de los cuales es tan innecesario como ridículo. 

 

Muy lejos ha quedado la reconocida y premiada habilidad del cineasta francés para la captura de movimiento en su trabajo de animación. El ingreso en la producción de carne y hueso le ha quedado grande y ha dejado al descubierto debilidades y carencias. Se han apagado algunas luces que iluminaban su carrera. Quizás debiera pedirle algún deseo a ese cuarto tan singular, tan mágico y tan oscuro, que nació de su imaginación.

THE ROOM ,  Francia – Luxemburgo – Bélgica, 2019. Dirección: Christian Volckman. Duración: 100 minutos. Guion: Christian Volckam, Eric Forestier y Sabrina B. Karine (sobre una idea de Christian Volckman). Producción: Jacques-Henri Bronckart, Olivier Bronckart, Lilian Eche, Yael Fogiel, Laetitia Gonzalez, Christel Henon. Fotografía: Reynald Capurro. Música: Raf Keunen. Reparto: Olga Kurylenko, Kevin Janssens, Joshua Wilson, John Flanders, Francis Chapman

Este artículo fue escrito para EL ESPECTADOR IMAGINARIO nº 108 – diciembre 2019 – Para leer el artículo original pinche aquí

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