Un exhaustivo análisis de la banda sonora compuesta por Michael Giacchino para acompañar las nuevas aventuras del equipo de superhéroes marvelitas. Nuevamente olvidado (una absoluta injusticia), por la Academia el año pasado, el compositor vuelve a empeñarse en la tradición orquestal y, quizás por ello, resulta castigado en los premios, a los que ni siquiera es nominado.
BSO REVIEW
THE FANTASTIC FOUR: FIRST STEPS (2025)
Los 4 Fantásticos: Primeros Pasos
Música compuesta por Michael Giacchino
Estrenada esta aventura de la denominada “Primera Familia” marvelita en julio del pasado verano de 2025, la música de Giacchino, uno de los pocos compositores que sin desdeñar el uso puntual de la electrónica cuando es necesario (o de cualquier otro elemento musical que haga su aporte a la partitura), sigue empeñado en la tradición orquestal a la hora de manejarse profesionalmente en la industria de Hollywood, frente a esa ola de composiciones indistinguibles de cariz electrónico rebozadas de epatante percusión sintetizada tan del gusto de los actuales productores, ha sido la gran olvidada del pasado año al quedar ausente en cualquier entrega de premios oficial (Globos de Oro, Oscar, etc.)
Y es que en la actualidad se ha generado una sensación de homologación tal cuyo resultado no ha sido otro que la música resulta indistinguible, se trate del proyecto que se trate, aunque sigan existiendo compositores (Britell, Gorannsson, Pemberton, Greenwood, etc), capaces de enfrentarse a esta moda “autoimpuesta” entre un gran número de los mismos creadores musicales, pues Giacchino hace ya años que no consigue entrar ni en la short-list de los premios de la Academia (las quince que se proponen desde el gremio de compositores).
No obstante, el compositor sigue ofreciendo trabajos que el espectador recuerda al salir de la película, incluso silbándolos mientras abandona la sala. Y esto, hoy en día, es considerado old school, es decir, pasado de moda y perteneciente a otros tiempos, cuando en realidad se trata de una música que lo tiene todo, pues es fresca, brillante e innovadora.
Afortunadamente, no todo el mundo se ha rendido a aquel concepto tan uniforme y gris de la música cinematográfica, y en Disney siguen confiando en el trabajo de Giacchino. Y, sobre todo, en Marvel. Tanto suyos como los de su hijo (léase el sensacional trabajo de Mick para la serie de televisión, Star Wars: Tripulación Perdida –Star Wars: Skeleton Crew, 2025).
De manera que cuando se plantea la adaptación de los 4F para debutar en el Universo Cinematográfico Marvel (UCM), dejando de lado cualquier argumento y complicidad con las tres anteriores entregas, inmediatamente se recurre a Giacchino como el único compositor capaz de afrontar el nuevo reto que ofrece el proyecto, situado en una especie de década distópica de los sesenta, con avances tecnológicos muy superiores a los de aquella época, parejos a unos derechos civiles bastante más avanzados, pues solo cabe observar el rol de La Mujer Invisible, Sue Richards (Vanessa Kirby), esposa del cerebro del grupo, Mr. Fantástico, alias de Reed Richards (Pedro Pascal), dentro del grupo y su relación mediática con la sociedad.
El cuarteto lo completan La Cosa, alias de Ben Grimm (Ebon Moss-Bachrach), y el hermano de Susan, Johnny Storm, la Antorcha Humana (Joseph Quinn), aquí reconvertido en una especie de lumbreras juvenil, completamente opuesto al personaje de los cómics, mucho más alocado y ligón, a quien nunca se le ha visto un libro en la mano y sí mucha pasión por los coches de carreras. Este es pues el cuarteto que ha de afrontar a la gran amenaza cósmica que es Galactus (Ralph Ineson), cuya primera aparición en los cómics de Los 4 Fantásticos se produjo en el número 48, con fecha de marzo de 1966, de la cabecera original, en el primero de los tres números que constituyó la denominada “Trilogía de Galactus”, con guion del mismísimo Stan Lee, y dibujo del gran Jack “Rey” Kirby.
The Fantastic Four: First Steps – «Fantastic Four Main Theme Extended Version» – music by Michael Giacchino
Sin embargo, la inspiración directa no procede tanto de aquellos añejos cómics, como de la versión Ultimate publicada entre 2004 y 2009, creada por Brian Michael Bendis, Mark Millar y Adam Kubert principalmente, lo que genera una especie de actualización de los personajes sin perder de vista el escenario original de los mismos, con un resultado que se antoja brillante durante la primera hora de proyección, en la que el espectador parece trasladarse a la década sesentera (Giacchino refuerza esa sensación con una versión pop de su tema central, “Carseat Drivers”, por ejemplo) de una Tierra denominada 828, según el cartel que se superpone en pantalla (número que no es otro que el del cumpleaños de Kirby), proporcionando una sensación retro-futurista muy creíble.
Como creíbles resultan las imágenes semi-documentales del despegue inicial, cuyo resultado convierte a los cuatro tripulantes del cohete, tras ser bañados por los rayos cósmicos durante su misión espacial, en cuatro superseres poseedores cada uno de ellos de sus propias características, ya de sobra conocidas (“Fantastic Four, First Cue”), épica secuencia que rememora cómo fue aquella aventura, en la que el compositor emplea electrónica de apoyo para construir el memorable tema central de la película, gracias a la reunión de una serie de geniales músicos de estudio dirigidos por Cliff Masterson.
La orquestación de Jeff Kryka, quien conoce bien a Giacchino, es sencillamente espectacular y eficiente (el tema anterior citado es una buena muestra de ello), así como el operador de Pro Tools, Florian Spies, perfectamente coordinado con el grupo orquestal, así como con el vocal, The London Voices, dirigido por Ben Parry, en el que se cuenta también con la vocalista Grace Davidson. Esa conjunción se percibe en la secuencia de apertura, cuando Sue confirma en el baño de su cuartel general que está embarazada de Reed (“”Pregnancy Testing 1, 2, 3”), con el tema central sonando de manera etérea, casi indetectable.
Lo mismo se puede decir de determinados temas diegéticos, caso de la cabecera del programa nocturno al que son invitados los protagonistas (“The Ted Gilbert Show”), compuesto junto a Andrea Dratzman (también autora de la canción “Let Us Be Devoured”, que se escucha durante los créditos finales), al más puro estilo del popularísimo y longevo Ed Sullivan Show, que se emitió en prime time en los EEUU desde 1948 hasta 1971.
Como, en otro tipo de diégesis, lo es la nana que H.E.R.B.I.E., el robot doméstico del grupo, le canta al recién nacido Franklin (“H.E.R.B.I.E.’s Lullaby”, compuesta por Matthew Wood), además de la cabecera de los dibujos animados que hasta los mismos protagonistas ven en la tele (“The Fantastic Four Power Hour (Cartoon Theme)”).
Toda esta normalidad es interrumpida con la aparición de Silver Surfer, alias de Shalla-Ball (Julia Garner), a quien aquí se le cambia de sexo (en realidad, se trata de la amada de Norrin Rad, el original “Estela Plateada”, como se le denominó en los cómics que publicó la editorial Vértice a finales de los sesenta y principios de los setenta del pasado siglo en castellano), cuya aparición (“Herald Today, Gone Tomorrow”, de tono oscuro y amenazante) provoca el pánico al anunciar, como la heraldo de Galactus que es, su llegada a la Tierra.
The Fantastic Four: First Steps – «Pregnancy Testing 1, 2, 3» – music by Michael Giacchino
El grupo reacciona ofreciéndose para viajar al espacio al encuentro del tal Galactus (“Out to Launch”, épico fragmento con el tema central de protagonista, gracias a la complicidad de los coros), a quien encuentran en el espacio profundo a bordo de su monumental nave cósmica, ante la que los protagonistas parecen simples hormigas (el tema que Giacchino le dedica es “A Galactus Case of the Munchies”, con protagonismo de unos coros de carácter apocalíptico, al igual que en “Bowel Before Me”), no solo por el tamaño, sino por la dimensión más allá del bien y del mal que Galactus representa.
Tras huir de allí (“The Ligh Speed of Your Life”, un fragmento de pura acción descriptiva, al mejor estilo del compositor, de nuevo con el concurso de la formación coral) y ser atrapados por el campo gravitatorio de un agujero negro (“Nothing Neutron Under The Sun”, otro fragmento de naturaleza descriptiva provisto de una tensión enorme, conseguida gracias al metal, la cuerda, la percusión y los coros), Sue se pone de parto en el peor momento posible (“Starship Birth”, uno de los fragmentos más comentados del film, musicalmente angustioso y expectante a la vez), dando a luz a Franklin, mientras se produce su llegada a la Tierra con las malas noticias consiguientes (“Span-Tastic Voyage”).
Pero tratándose de los 4 Fantásticos todo es posible, y no tardan en urdir un plan, empleando a Franklin como cebo para Galactus, tras el nuevo anuncio de Silver Surfer, quien mantiene cierto romance con Johnny, a pesar de la vibrante persecución entre ellos (escuchada en “The Bridges of Silver Surfer County”, título que, como es habitual en Giacchino, bromea homenajeando grandes frases o títulos del cine, en este caso la romántica película de Clint Eastwood).
El plan en cuestión (“A Mole in Your Plan”, con los coros y el tono apocalíptico del tema central sumados) resulta ineficaz, aunque los protagonistas lo readaptan para que Galactus caiga en el vórtice cósmico que le han preparado al objeto de teletransportarlo a la otra punta del espacio infinito (“A Walk on the City”, con el oscuro tema de aquel interpretado por la sección del coro masculino, y el metal, una vez más, en tono apocalíptico, al estilo del David Arnold de Independence Day -1996-).
The Fantastic Four: First Steps – «Fantastic Four to Be Reckoned With » – music by Michael Giacchino
Y es precisamente en este tramo cuando la película más decae, consecuencia de un guion que no acaba de resolver bien el desenlace, con un Galactus que se pasea por Nueva York cual Godzilla o King Kong, sonriendo de pura maldad, cuando se supone que los humanos no somos nada para esta entidad cósmica, que está más allá del bien y del mal.
Con la vida de su hijo en peligro, Sue pone toda la carne en el asador (“The Other Sue Drops”), como haría cualquier madre, con resultados funestos, hasta que el propio Franklin, todavía un bebé, “salva el día” de manera milagrosa (“Don’t Sue the Baby!”, tema en crescendo conforme se produce la recuperación de Sue), generando muchos interrogantes entre sus progenitores.
La primera parte de los créditos finales, con el tema central brillando en todo su esplendor (“Fanstastic Four to Be Reckoned With”), cierran una película que no acaba de certificar el éxito esperado al recaudar tan solo el doble de su presupuesto (unos doscientos treinta millones de dólares) y quedar por debajo de los seiscientos millones, siendo superada (aunque no muy ampliamente), por el reboot de Superman, de James Gunn, estrenada solo unas semanas después, y con una recaudación ligeramente superior a esos seiscientos millones.
La secuencia poscréditos sugiere claramente la introducción del grupo en el UCM, por lo que los personajes dispondrán de continuidad y de nuevas oportunidades de popularizarse. Esperemos que Giacchino les acompañe, a pesar que sus colegas no consideren su labor, una de las mejores del año pasado, se mire como se mire, como digna de atención a la hora de los siempre injustos premios. Al fan veterano y curtido se le escapa qué puede haber detrás de ese evidente ninguneo contra el compositor (que viene sufriendo desde hace años y que ya dejó de lado su magnífica y soberbia Del Revés (Inside Out) –Inside Out, 2015-) Y a todo esto, los académicos, a por uvas.