Gordon Scott

Reseña.

Celebramos el centenario de este actor asociado al cine aventurero, quien por seis veces encarnara a Tarzán, protagonista de películas como la que nos ocupa, Puños de hierro, fantasía oriental terrorífica muy influenciada por el péplum, del que extrae a Maciste, el hombre más fuerte del mundo.

PUÑOS DE HIERRO (Maciste contro il vampiro, 1961)

EL HÉROE FRENTE AL HORROR

por Josep Ferran Valls

PUÑOS DE HIERRO (Maciste contro il vampiro, Giacomo Gentilomo y Sergio Corbucci, 1961. Italia. Con Gordon Scott, Gianna Maria Canale, Jacques Sernas, Leonora Ruffo, Rocco Vitolazzi, Mario Feliciani y Van Aikens.

 

Gentilomo es un veterano cuando encara la realización de esta aventura con base de péplum fantástico-terrorífico. Empieza en Cinecitta como guionista y asistente de dirección a mediados de los años treinta del pasado siglo. A finales del mismo ya dirige sus propios films. Adopta un estilo barroco, especializándose en el género melodramático. Dicho barroquismo, unido a un gusto exquisito por lo pictórico -él mismo fue pintor y se adivina a Gustave Doré en los fotogramas espectrales de este filme-, mediante la secuenciación y «tempo»-heredados del melo- lo aplica en Maciste contro il vampiro de manera precisa, dinámica y emotiva; se conjugan, entre otros, elementos amorosos y de venganza.

 

Parece seguro que Corbucci apoyó a Gentilomo «a la regia». ¿Se deben a su puesta en imágenes la secuencia de créditos, o la posterior, marcadas por un componente telúrico muy grato al co-escritor del libreto junto al bromista Duccio Tessari -de quien es fácil reconocer el tono de comedia de situación impreso a la secuencia en la taberna, muy similar al de la escena análoga que Tessari co-redactó para la precedente En la corte del gran Khan, también con Scott como Maciste-?

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En cualquier caso, aunque fuese a través del papel y la tinta, el sello de Corbucci se halla presente en la introducción, por lo que tiene de comunión entre el hombre, la tierra y el mar: Maciste (ya hemos dicho que lo asume Scott, magnífico, por cierto, en todas las facetas del personaje) se define por su trabajo; aquí es labrador, ara los campos auxiliado por bueyes. Entre los terrones, descubre un enorme tronco enraizado.

 

Esforzadamente, con las manos desnudas, lo arranca. Lo levanta sobre su cabeza. Oye gritos de socorro pues el hermano pequeño de su prometida («la rubia buena» Guya; la Ruffo), Ciro (Rocco Vitolazzi) es atacado por un monstruo marino. Maciste no duda en asir su hacha y lanzarse al agua desde lo alto del precipicio. Tras exterminar a la criatura en «off» visual lleva al chico hasta la playa, filmada en picado: erial casi marciano cuya superficie de piedra lisa se desmenuza en extrañas grietas irregulares.

 

Maciste, bajo producción Ambrosiana, conserva su extracción humilde, unida al deseo de luchar contra la opresión, características gratas al personaje pero, a diferencia de La Panda, conocemos a su madre, no ha «nacido de la roca» e incluso dispone ya de prometida al comienzo del filme.

 

Precisamente el trágico (melodramático) asesinato de la progenitora (Emma Baron) junto al secuestro de Guya por parte de los piratas vampiros -liderados por el enigmático monstruo vampiro Kobrak (Guido Celano)-, desalmados que arrasan el poblado maritimo, matando a quienes les molestan y apoderándose de las mujeres, desencadena el deseo de venganza del titán. Acompañado por Ciro, Maciste emprende camino hacia Salmanak, reino de «las mil y una noches» donde el maduro superviviente supone que llevan a las féminas.

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Así, la historia se enmarca en un entorno de fantasía oriental, donde conocemos al sultán Omar (Mario Feliciani), títere de su consorte («la morena mala» Astra; la Canale), secuaz a su vez de Kobrak. Mas pronto la acción oscilará desde ahí hasta sus subterráneos, habitados por el alquimista Kurtik (Sernas), las personas petrificadas por los vampiros y los hombres azules. 

 

Kurtik, en guerra contra Kobrak, auxilia a Maciste, quien, secundado por el ejército azul, viaja a través del bosque neblinoso que cercan los esbirros de Kobrak, seres temibles privados de rostro, sin voluntad, quienes derrotan a los soldados de Kurtik. Hacen prisionero a Maciste tras amenazarlo con matar a Guya, prisionera de Astra. Sin embargo, es la propia Astra, enamorada del coloso tras ser salvada «in extremis» por él cuando iban a devorarla las arañas gigantes de Kurtik, quien libra a Maciste de enloquecer bajo la titánica campana golpeada sin cesar por los humanoides sin cara, pues Astra suministra al forzudo cera para los oídos. 

 

El clímax tendrá lugar en el reino escondido de Kurtik. Kobrak adquiere la apariencia de Maciste para derrotar al brujo en su propio terreno. El regreso del titán permite que ambos combatan cuerpo a cuerpo.

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La película, obra maestra en su género, se nutre por el terror «bizarre» -las apariciones / desapariciones fantasmales de Kobrak, su garra y antebrazo peludos reclamando la copa de sangre recien extraída a las prisioneras- y las gestas musculares -Maciste, liberándose de cepo y grilletes, arranca una columna y derriba con ella el portalón de la sala palaciega para, a renglón seguido, hacerse con las cadenas que le permitirán derrotar a los soldados del sultán, por decenas-. 

 

A todo ello no es ajeno el uso desquiciante de la crueldad -las ancianas arrojadas a los tiburones porque Amahl, capitán del barco de Kobrak, solo necesita esclavas jóvenes- sumado al irónico del humor -p. ej., la bailarina, en la taberna, se contonea bajo los compases de la melodía oriental de Angelo Francesco Lavagnino que pronto introduce variaciones a ritmo de «twist»-. En el apartado sensual, el triángulo Maciste/Guya/Astra como gigante bueno/heroína rubia/morena perversa se decanta a favor de la pareja y en contra de la mujer pérfida aterrorizada, usada por el vampiro mas redimida por amor a Maciste.

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