Fruto de aquella colaboración directora/compositora que sorprendiera con Cien libros juntas (2025), la nueva banda sonora de Mercè Pons para el nuevo documental de la realizadora Marga Melià es una obra más extensa que la anterior, compleja, camerística e intimista. Frederic Torres analiza para TheMovieScores el nuevo trabajo de la compositora mallorquina.
BSO REVIEW
SUPORTANT EL PARADÍS (2026)
Música compuesta por Mercè Pons
La historia del nuevo documental de la periodista y cineasta Marga Melià, tras la buena acogida obtenida por su anterior proyecto, Cien Libros Juntas (2025), se remonta a 2009, según confiesa la realizadora, y se trató además de su primer proyecto artístico, consistente en realizar una veintena de entrevistas a reconocidos artistas locales mallorquines tales como Miquel Barceló, Agustí Villaronga, Carme Riera o Rossy de Palma, sobre el proceso de gentrificación, que entonces no era conocido por esta denominación, para publicarlas en formato de libro.
Ahora, lo ha reeditado, toda vez que ha recuperado aquellas entrevistas al objeto de transformar su propósito inicial y reconducirlo hacia la gran pantalla, amplificando si cabe aún más el proyecto original, de plena vigencia hoy en día, y no solo en Mallorca. Para ello ha contado de nuevo con la colaboración de la compositora Mercè Pons, quien ya estuvo presente en la citada Cien Libros Juntas, iniciando así una colaboración que a la vista de los resultados, cabe adelantarlo, ha resultado altamente fructífera.
Y es que la partitura de la también mallorquina Pons, mucho más extensa que la de su anterior proyecto conjunto, es una obra de características intimistas (camerística), y de una elaboración compleja dentro de su aparente homogeneidad, pues tras una primera escucha aislada (el álbum se lanzó en plataformas digitales a finales de agosto, de manera que ya estaba disponible cuando la película se presentó el 31 de agosto en el festival Atlàntida mallorquín, y antes de su estreno oficial en Palma, el 4 de septiembre), al oyente le puede asaltar cierta sensación de abundamiento formal y tonal, deliberada debido a las exigencias de la realizadora, como a continuación se explica, pero que en una escucha más atenta permite percibir la gran riqueza de sus aspectos motívicos e instrumentales.
Esto es así porque la compositora ha basado la orquestación de su trabajo, entre otros, en la flauta (Marta Alcover), el fagot (Josep Tatay), y en el trío de cuerda conformado por el violín (Ramón Andreu), el chelo (Dimitri Struchkov), y la viola (María José Gómez de la Vega), que van cobrando protagonismo en función de la secuencia que se trate (también entran la fundamental arpa, la trompa y el vibráfono, además de un coro femenino).
De manera que Pons va introduciendo de modo sutil sonoridades y texturas dentro de ese corpus concordante, mediante las que significar la implicación emocional del espectador a lo largo y ancho de todo el metraje. Un ejemplo de ello es la tristeza que produce ver cómo el lugar donde has nacido ha acabado por convertirse en una especie de parque temático generando en el lugareño un sentimiento de extrañamiento en su propia casa (“Parc Temàtic”), que Pons representa con la flauta, la cual, en su diálogo con la cuerda, se convierte en una metáfora de la súplica de los isleños pidiendo soluciones a este importante problema (“Cercant Respostes”).
El motivo se introduce en la música que abre la película (“Paradís?”), en la que aparecen todos los compuestos para la partitura, y en donde las notas largas de la cuerda son expresión simbólica de la resignación de los mallorquines frente a la desmedida invasión turística que padecen, recurso que se va a emplear a lo largo del metraje.
El empleo del arpa produce una sensación incómoda, ya que va seguido de tres notas repetidas, facilitando esa percepción de masificación que no cesa, y que convertida en recurrente, se transforma de manera ocasional según requiera la secuencia (caso de “El Caló des Moro”, donde es el fagot el que lo amplía), conceptualmente de manera similar (salvando todas las distancias que se quiera, sobre todo las presupuestarias) al del plectro con que se toca la lira en el tema del “regreso a casa” (“Ithaca”), coincidente con el tensar del arco por parte del protagonista, en la partitura del sueco Ludwig Goransson para la película-acontecimiento del año, La Odisea (The Odissey, 2026), de Christopher Nolan.
Suportant el Paradis – «Paradís?» – music by Mercè Pons
Así, la compositora hace dialogar todos sus recursos en esa secuencia citada, con el chelo, el violín y las sutiles notas del arpa, más la trompa y el coro femenino, al objeto de trasladar al espectador a una preciosa cala mallorquina, totalmente masificada en la actualidad por el simple hecho de haberse convertido en viral a partir de un selfie publicado en redes sociales.
Ante la preferencia de Melià por una música homogénea y coherente, de similar color y tono (cuyo orden cronológico no se sigue en el álbum preparado para su comercialización, cabe suponer que en aras de buscar mayor heterogeneidad en la escucha), algo que se percibe durante las primeras secuencias de la película (la citada “Paradís?”, pero también en “Artistes contra el Turisme” y “Mallorquins Enfadats”, que repiten el mismo tema), Pons introduce alteraciones dentro de esa recurrencia (caso de “Assessins de Paisatges”, el primer corte del álbum), en donde sin salir de la senda emprendida, se produce una evolución gracias a la participación de elementos electroacústicos que buscan (y consiguen) generar la deseada y casi imperceptible variación sensorial del espectador, creando un espectro sonoro cambiante según la instrumentación empleada en cada escena.
Según las necesidades que revista la secuencia, los instrumentos o el coro adquieren diferente protagonismo, caso de la flauta, convertida en lamento en su diálogo con la cuerda, tal como se ha indicado anteriormente, pero también protagonista del recuerdo de la infancia (“Infància”). En cambio, el fagot traslada al añorado pasado (“Mallorca Era un Paradís”, fragmento en el que las dinámicas, el ritmo sincopado y a contratiempo, semejan suspiros/lamentos ante la pérdida sufrida), mientras que la cuerda y el coro, en contrapunto, representan la súplica del pueblo mallorquín que reclama soluciones antela invasión turística.
Suportant el Paradis – «Assassins de paisatges» – music by Mercè Pons
Los silencios, tan importantes en cualquier obra narrativo-musical que se precie, devienen imprescindibles en esta ocasión, pues se convierten en el eco de la resignación y la pena (por ejemplo, en “Com erem els mallorquins?”), donde la flauta, de nuevo, utiliza uno de los motivos principales de la partitura a la hora de expresar el anhelo por mirar atrás en el tiempo, que deviene en una reflexión conclusiva acerca de una realidad presente en la que ya nada ni nadie son (ni pueden ser) como antes.
La intención de la realizadora es mostrar la contradicción musical con las imágenes (ya presente en el mismo título de la película), hasta el punto de no variar de registro ni siquiera cuando las secuencias muestran a los turistas divirtiéndose (“Parc Temàtic”, “Aquagym”, “Mallorca Destí Vacacional”, “Tursitificació”), ante la problemática generada (“Colapse”, “Despropòsit”, “Desaparació”, “Ja No Som Noltros”), y en la consiguiente reacción de los locales frente a la citada gentrificación (“Manifestació”, “Cremada de Símbols de Mallorca”, “Posar Límits”, “La Nostra Imatge”).
Las posibles soluciones se contemplan desde esa misma óptica musical (“Cercant Respostes”, “Seguir Filant”, y la magnífica “Reflexions Finals”), que alude a la señalada sensación de similitud temática y formal cuando se procede a una escucha aislada, pero que en realidad esconde una planificada y cuidada gama de variedad temática e instrumental. Es una música que conecta con el alma de la película, en la que aquellos artistas entrevistados hace años (“Material Arxivat”) ya anticipaban lo que ahora es toda una realidad, y que en palabras de la propia compositora se caracteriza por ser dolorosamente dulce y serenamente tensa.
Suportant el Paradis – «Aquagym» – music by Mercè Pons
Una música imbuida de una maravillosa tristeza y melancolía, cabe añadir, que permite una inmersión plena en las imágenes del documental que tan acertada y oportunamente propone Melià, al tiempo que proyecta un halo capaz de conectar con el estado vital de quien esté bajo su poder de sugestión y evocación durante su audición.
Una partitura que vuelve a mostrar la exigencia con la que esta artista mallorquina se emplea en sus composiciones audiovisuales, a la altura (aunque en otro registro) de sus otros trabajos de composición contemporánea, tarea que alterna con su desbordante creatividad (terminada ya la segunda parte de su Fantasia sobre la Atlàntida, basada en el conocido texto del clásico decimonónico, Jacint Verdaguer, mientras se ha estrenado recientemente la Simfonia Joan Alcover, dedicada al prestigioso poeta insular), a través de unos registros orquestales de altos vuelos, que invitan a esperar con la lógica impaciencia cualquiera de sus novedosas composiciones.
Ha sido el caso de Suportant el Paradís, obra enorme en su formato camerístico, que vuelve a verificar y confirmar la visión poliédrica, poética e inconformista, de una artista provista de una única e indeleble voz propia.