Una nueva reseña de Frederic Torres para TheMovieScores. Esta vez le toca el turno a la banda sonora compuesta por Max Richter para la oscarizada película de la directora china Chloé Zhao, que narra la emotiva historia de Agnes (premiada Jessie Buckley), la esposa de William Shakespeare (Paul Mescal), en su lucha por superar la pérdida de su hijo.
BSO REVIEW
HAMNET (2025)
Música compuesta por Max Richter
A Carol
Para la nueva película de la oscarizada directora Chloé Zhao, tras su inesperado paso por la factoría Marvel con los Eternals, en 2021, saldado con un fracaso de taquilla en salas (luego suavizado un tanto gracias al streaming televisivo), se optó por el compositor Max Richter, de origen alemán (aunque británico de formación, ya que se graduó en composición por la Universidad de Edimburgo, además de en la Royal Academy of Music de Londres, habiendo estudiado con grandes personalidades de la música contemporánea como Luciano Berio, en Florencia), quien comenzara su trayectoria artística a finales de los ochenta con el minimalismo como principal referente, siendo cofundador de la agrupación conocida como Piano Circus, especializada en interpretar y generar obras a partir de compositores como Arvo Pärt, Philip Glass, y Steve Reich.
En este grupo anduvo durante un decenio, para pasar a partir del nuevo milenio a desarrollar su carrera en solitario con álbumes de inmediato y reconocido prestigio como Memoryhouse (2002), The Blue Notebooks (2004), Song from Before (2006), o su recomposición sobre Las Cuatro Estaciones, de Vivaldi (2012), hasta llegar a su proyecto cumbre, Sleep (2015), en el que en colaboración con la artista visual Yulia Mahr, fraguó una experiencia de ocho horas y media a partir de 31 composiciones de entre veinte y treinta minutos de duración, basadas en variaciones sobre cuatro o cinco temas de inspiración mahleriana (existe una versión reducida de tan solo una hora, titulada From Sleep), y que se ha interpretado en representaciones al aire libre en las que se invitaba a los espectadores a conciliar el sueño durante su representación (de ahí el título).
Hamnet – «Of Agnes» – music by Max Richter
En mitad de todo ello, Richter tuvo tiempo e interés de acercarse al cine y a la televisión, con trabajos como Vals con Bashir (Waltz with Bashir, 2008), del director Ari Folman, con quien repitió en El Congreso (The Congress, 2013), para luego expandir sus encuentros cinematográficos a proyectos de mayor enjundia, como María Reina de Escocia (Mary Queen of Scots, 2018), o la película de ciencia-ficción, Ad Astra (2019), de James Gray, donde también le acompañaron en el apartado musical Nils Frahm y Lorne Balfe, sin desmerecer las series televisivas, caso de la creada por Damon Lindelof y Tom Perrotta, The Leftovers (2014-17), o el episodio titulado “Nosedive”, de la popular serie de ciencia-ficción británica, Black Mirror, en 2016.
Zhao, por su parte, después de haber empleado música previa de Ludovico Einaudi para Nomadland (la película aludida ganadora del Oscar en 2020, que también le proporcionó el premio a la mejor dirección a la realizadora), casos de los temas “Oltremare” (del álbum Divenire, de 2006), “Petricor” (incluido en Elements, de 2015), o alguna que otra pieza de Seven Days Walking (de 2019), además de algunos temas específcos, como el “Epilogue”, del islandés Ólafur Arnalds, escrito y presentado en plataformas digitales allá por 2012, en esta ocasión y tras su alimenticia colaboración con Ramin Djawadi para el proyecto marvelita citado, recurre a Richter para una colaboración por completo original, más colaborativa y personal.
El compositor, una vez vistas las excepcionales interpretaciones de Jessie Buckley, merecedora de un justísimo premio de la Academia, como Agnes, la mujer de Shakespeare, que encarna un también muy acertado Paul Mescal, opta en primera instancia por hacer una aproximación respetuosa a la época, con una música de carácter isabelino (de la que el mejor ejemplo es el arreglo y la nueva grabación de la canción tradicional “My Robin to the Greenwood Did Go”, escuchada en la primera parte de los créditos finales), con instrumentos propios de la época como la zanfona, las violas y las nyckelharpas (violas de teclas, de origen sueco, tocados a partir del frotamiento de las cuerdas).
Todo ello, gracias a una orquestación a cargo del propio autor, secundado por Dave Foster, y contando con la dirección orquestal de Hugh Brunt, a la que cabe añadir vocalistas femeninas (Grace Davidson para los solos, pero también con presencia de algunas sopranos y altos) y masculinos (tenores), además de las London Voices, al objeto de destacar esa relación casi sobrenatural que la protagonista, Agnes, mantiene con la naturaleza, y de las que el bellísimo plano y secuencia iniciales resultan bastante elocuentes y significativas (los fragmentos “Of Agnes”, “Look at Me”, “Of the Sky”).
Tratando de “conseguir lo máximo a partir de lo mínimo”, dada la pretensión de Richter de no resultar invasivo, muy atento a dar paso al silencio musical, añade elementos como el harpa, como ocurre durante el incipiente noviazgo de los protagonistas, en el que el escritor en ciernes, William, le relata el mito de Orfeo y Eurídice a Agnes, reconvirtiendo el instrumento en una especie de eco de la lira griega (en “Of Orpheus”), del mismo modo que el piano (interpretado por el propio Richter) aparece con maneras delicadas y etéreas en determinados pasajes (“See Things that Others Don’t”, “Of Earth and Heaven”, y “Of Remembrance”), que otorgan una fuerza emocional, apenas susurrada, al espectador, expresando la naturaleza del amor y de la relación con gran belleza, siempre en términos estructuralmente minimalistas.
Hamnet – «My Robin to the Greenwood Did Go» – music by Max Richter
No obstante, Richter también echa mano de disonancias y abstracciones atmosféricas a fin de representar la angustia que les supone a la pareja la enfermedad y muerte de su hijo, Hamnet (interpretado magistralmente por el jovencísimo Jacobi Jupe), para lo que se apoya ocasionalmente en texturas de formas electrónicas, casi imperceptibles (como muestran los cortes “An Abysm of Time”, “Of the Heart”, y “Of a Ghost”), dejando para la secuencia final el empleo a mayor escala de la formación orquestal, cuando Agnes llega al teatro “El Globo”, donde se va a representar la obra en la que William trata de exorcizar sus propios demonios tras la muerte del amado hijo (”I Was the More Deceived”, y “The Great Globe Itself”).
La polémica llega en el impresionante final de la película, cuando Agnes se percata que la obra de su marido representada a la que asiste expresa el duelo por la pérdida del hijo de una manera única y compartida, pues aunque Richter compuso música para esta secuencia, fue la propia Buckley quien sugirió a Zhao el empleo del emotivo y popular fragmento “On the Nature of the Daylight”, que el compositor compusiera para su segundo álbum, el citado The Blue Notebooks, y que desde entonces ha sido empleado en numerosas ocasiones tanto en cine como en televisión, caso de Shutter Island (2010), de Martin Scoresese, o La Llegada (Arrival) (Arrival, 2016), de Denis Villeneuve, en el primer caso, y El Cuento de la Criada (The Handmaid’s Tale, 2017-25), y The Last of Us (2023-), en el segundo.
Hamnet – «On the Nature of Daylight» – music by Max Richter
Y ello porque en el caso de la citada y extraordinaria película del canadiense Villeneuve, el tema, incorporado al principio y al final del filme en cuestión, fue motivo suficiente, considerada su significativa aportación global a la trama, para no tener en cuenta la magnífica partitura que el malogrado compositor islandés, Jóhann Jóhannsson, compuso para aquel proyecto, y que le valió una nominación a los Globos de Oro, que hacía preludiar la posterior nominación a la Academia. No fue así, y en cambio, en esta ocasión, a pesar de emplearse en el final de Hamnet, en la secuencia de mayor peso dramático de toda la historia, la partitura original sí ha merecido el reconocimiento de los académicos, aunque precisamente esa popularidad preexistente pueda haberle pasado factura a la hora de obtener la codiciada estatuilla.
Como quiera que sea, Richter pertenece al mundo de la música, y solo tangencialmente acude al audiovisual como vía de expresión. Algo que antes se valoraba puntualmente por parte de la Academia (los sendos Oscar otorgados a compositores como Ryuichi Sakamoto o Tan Dun, son un buen ejemplo), y que ha pasado a ser moneda común en los tiempos que corren, pues autores y autoras como Jonny Greenwood, Mica Levi, o Jerskin Fendrix, por citar algunas de las preferencias de los académicos en los últimos tiempos, suelen aparecer entre los nominados, siendo un claro ejemplo el del año pasado, donde tan solo el francés Alexandre Desplat, con su potente partitura para la adaptación de Frankenstein perpetrada por Guillermo del Toro, y el sueco Ludwig Göransson, a la postre, vencedor por Los Pecadores (Sinners), la sorprendente película de Ryan Coogler que consiguió el mayor récord de nominaciones de la historia del cine, fueron los exponentes más representativos del gremio.
Hamnet – «The Great Globe Itself» – music by Max Richter
Hamnet – «Of the Undiscovered Country» – music by Max Richter
En definitiva, una nominación que es un justo reconocimiento a la contribución de Richter a una película que consigue retratar con emoción y profundidad el duelo y el sentimiento de pérdida por un ser querido, en la que el compositor se muestra contenido y respetuoso, a la altura de las pretensiones que la historia demanda, conceptual y contextualmente hablando, por mucho que la decisión de la directora (con la aprobación del compositor, cabe señalar) haya dejado huérfano al espectador en los culminantes propósitos que el compositor había elaborado para la catarsis final con su música original, y que tal vez se desvele algún día.
El tema que remata los créditos finales (“Of the Undiscovered Country”), puede tal vez ofrecer alguna pista sobre ello. Hermosura y dolor en conexión con la naturaleza. El preámbulo de ese “país desconocido” que es la muerte. En definitiva, desesperación y duelo, provenientes del amor, como parte de la existencia. Y todo ello sublimado por el arte. Música para la vida misma. También para esta deslumbrante y sentida película.