De plena actualidad por Arriba Tutto (2026), la película que acaba de estrenar José Mota, la compositora, Alicia Morote, es una murciana trashumante, y no solo por vivir en una vorágine de movimiento perpetuo al que la naturaleza de la labor audiovisual muchas veces obliga, sino por su continuo ir y venir entre su actual trabajo como docente en el Conservatorio Superior de Salamanca, y su ciudad natal, Murcia, con paradas obligatorias en Madrid, que visto así, pilla de camino.
Graduada en el Real Conservatorio de Música de la capital, y con un máster en el campus del Berklee valenciano conseguido con una beca, gracias al cual grabó en 2016 su estupenda pieza inspirada en H.G. Wells, The Door In the Wall, Morote pasó a participar en musicales, cortometrajes, series televisivas y documentales, mientras de paso trabajaba (y aprendía) como arreglista para compositores de la talla de Alberto Iglesias.
Todo este puzle creador le ha ido proporcionando una experiencia y un aprendizaje únicos, gracias a los cuales ha ido conformando un voz propia y única, diferenciada y reconocible a la vez, que le permite afrontar obras tan dispares como sus trabajos para la directora Beatriz Silva (los cortos, Lyuba Mañana -2022-, y Hadas -2023-, y el largo, Todos los Colores -2026-), el realizador Miguel Ángel Calvo Buttini (El Siglo de Galdós -2020-, la película televisiva Emilia -2022-, con la figura de Emilia Pardo Bazán de protagonista, así como un próximo documental sobre Pío Baroja), además del citado Arriba Tutto, de Mota.
Pero es en el terreno más personal, al que la compositora no desea renunciar, donde su voz encuentra acomodo, de resultas de lo cual es fruto su obra Sigh (2025), pieza orquestal de contundente voz propia y contemporánea, que sirvió para la inauguración de la pasada temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Murcia.
La compositora define esta obra como un cúmulo de trayectorias que parecen contraponerse, que sin embargo ella contempla como un fluir, desde la desesperanza a la aceptación, del lamento a la posibilidad de renacer, del sufrimiento como catalizador de una conciencia más luminosa, como si las tormentas de la vida sirvieran para despejar el horizonte.
Una artista joven, que manifiesta a lo largo de la entrevista sus intenciones de proseguir ambas sendas, las del audiovisual, y la de su progresión creativa personal, sin renuncias y permeabilidad, gracias a las cuales pueda lograr convertir las negaciones en afirmaciones reales que le induzcan a mirar el futuro. Un futuro que ya está aquí y tiene nombre y apellidos: Alicia Morote.