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EL CID (1961)

Miklos Rozsa: Arqueología musical en las raíces de España

por Eduardo J. Manola

El Cid – Overture – Miklos Rozsa – The City of Prague Philharmonic Orchestra and Chorus, Conducted By Nic Raine

Tras su anterior colaboración con Samuel Bronston en la banda sonora de la superproducción bíblica Rey de reyes (King of Kings, 1961) dirigida por Nicholas Ray, el compositor húngaro Miklos Rozsa, ya consolidado en Hollywood y considerado el padre de la música del cine épico, y uno de los maestros de la era dorada del sinfonismo cinematográfico, fue nuevamente convocado por el productor estadounidense, esta vez para crear la base musical para El Cid, el nuevo proyecto de la Bronston Productions afincada en España, que contaría con Charlton Heston como el legendario héroe ibérico Rodrigo Díaz de Vivar, luchador incansable contra el invasor moro liderado por Ben Yussuf (Herbert Lom), envidiado y finalmente desterrado por su rey, Alfonso de Castilla (John Frazer) y su hermana Doña Urraca (Geneviéve Page), mientras busca recuperar el amor de su prometida Jimena, una luminosa Sophia Loren en el cúlmen de su eterna belleza. Con Heston, Rozsa había coincidido en Ben Hur en 1959, cuya partitura se llevó el Oscar de la Academia.

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A pesar de que la elección de Rozsa para ponerle música a semejante hito del cine colosal podría considerarse indiscutible, considerando además el antecedente de Rey de reyes, lo cierto es que Bronston había optado por el compositor italiano Mario Nascimbene, ya que en la producción intervenían también capitales italianos. Sin embargo, Nascimbene terminó por rechazar el ofrecimiento pues Bronston pretendía que la partitura adaptara la ópera del siglo XIX “Le Cid” de Jules Massenet, a lo que el maestro milanés se negó. Por su parte, la banda sonora de King of Kings no había tenido una acogida unánime de la crítica, aunque Bronston había quedado muy conforme.

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El compositor italiano Mario Nascimbene

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El célebre productor de origen ruso Samuel Bronston que instaló sus estudios en España para aprovechar sus paisajes y los beneficios de menores costos. Intentó convencer a Nascimbene para que compusiera la banda sonora de El Cid antes de encargársela a Miklos Rozsa.

Descartado Nascimbene, Bronston le encargó la tarea a Rozsa y le dio plena libertad para trabajar, desistiendo de su previa pretensión de basar la música en la ópera de Massenet, y le alquiló una hermosa casa en Madrid para el compositor y su familia. “Me encantó el país, me encantó la gente y también el personaje de El Cid”, escribiría Rozsa en sus memorias, al tiempo que destacaba que la vida en España influyó profundamente en su trabajo y le sirvió de inspiración. Entusiasmado e imbuido del ambiente y el clima español, se lanzó a una sesuda y comprometida investigación de la historia del Cid Campeador, así como también de la poesía y las fuentes musicales medievales del país, que le llevó más de un mes.

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INVESTIGANDO LAS FUENTES

El primer paso fue contactar en Madrid al el prestigioso filólogo e historiador español Ramón Menéndez Pidal, experto y máxima autoridad en el estudio de la figura de Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid. Menéndez Pidal introduce a Rozsa en el estudio de las Cantigas de Santa María, un conjunto de 417 composiciones musicales en honor a la Virgen María, escritas en galaico-portugués y en notación musical mensurada que fueron recopiladas por orden del rey Alfonso X el Sabio durante la segunda mitad del siglo XIII. Las cantigas constituyen una de las colecciones relativas a la canción monofónica más importantes de la literatura medieval occidental, un gran tesoro musical de la edad media. Presentan un estilo netamente trovadoresco y paralitúrgico, diferenciándose de la temática abiertamente profana en la que discurrían los juglares y trovadores del resto de Europa y de la música sacra de la época. La mayoría de las cantigas relatan milagros ocurridos con la intervención de la Virgen, y el rey Alfonso alentaba a sus poetas y juglares para que inspiraran sus obras en la santa madre de Cristo.     

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El historiador Ramón Menéndez Pidal, especialista en la vida de El Cid Campeador, fue la primera fuente de investigación a la que recurrió Miklos Rozsa para fundamentar musicalmente la partitura de El Cid. Las Cantigas de Santa María, recopiladas por el rey Alfonso X el Sabio, fueron la fuente más importante en esos exhaustivos estudios. 

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En el trabajo final Rozsa utiliza en total seis cantigas para construir la partitura. Para la escena de la cena de la boda (“Wedding Supper”) emplea la número 3 variando sus compases y apoyándose en un dúo de guitarras y otro de arpas, mientras que para la secuencia de la entronización de Alfonso («Coronation»), sobre la base de una potente fanfarria, aprovecha la cantiga 100, cuya temática remite a un juramento medieval. Por su parte, las espléndidas escenas del duelo de Calahorra entre Rodrigo y el paladín que defiende los honores de Doña Jimena y la ciudad en disputa («Fight for Calahorra»), se apoyan en una formación de cuerda, trompetas y cornos franceses basada en la cantiga 266.

“Wedding Supper”

«Coronation»

«Fight for Calahorra»

Un solo de guitarra española prevalece en la escena de la emotiva reunión de Rodrigo con las mellizas y Jimena («The Twins»), con base en la cantiga 322, y la 189 sirvió de referencia para las melodías de los inicios de la película con guitarras acústicas y flautas. 

“The Twins”

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Menéndez Pidal le muestra a Miklos Rozsa las Cantigas de Santa María.

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Rozsa comprendió que la música para El Cid debía incorporar el lenguaje de la época medieval y reconoció que en su enfoque decidió combinar ese estilo feudal con el morisco, con el fin de representar una España dividida. Para las piezas inspiradas en fuentes musicales árabes reutilizó ideas y trabajos que ya había tratado al componer la banda sonora de El ladrón de Bagdad (The Thief of Bagdad, Ludwig Berger, 1940).

Además de las Cantigas, que Rozsa estudió y de las que extrajo las partes más melódicas como base, también utilizó como fuente el Llibre Vermell conservado en el monasterio de Montserrat y que es un recopilatorio de manuscritos musicales del siglo XIV. En esta fuente se inspiró para el tema de la obertura de El Cid, con su tinte marcial apoyado en una enérgica sección de cuerdas que transmite la sensación de trote equino, en un clima caballeresco que solo el maestro húngaro podía desarrollar con tamaña efectividad y elegancia. A todas esas influencias y fuentes habrá que adicionar, además, el aporte que el compositor obtuvo de una colección de canciones populares españolas que recopilara el musicólogo Felipe Pedrell, que Rozsa se encargó de interpolar en el tejido de la partitura.

Rozsa lo recuerda en su autobiografía: «Pasé un mes estudiando intensamente la música de la época. También estudié las canciones populares españolas que Perdrell había ido recogiendo en los primeros años de este siglo. Con estas dos fuentes tan diferentes a las que recurrir, estaba listo para componer la música. Como siempre, intenté absorber estas materias primas y traducirlas a mi propio lenguaje musical.»

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Fiel a su estilo enraizado en la cultura del leitmotiv, recurso que elevó a sus mayores cotas, creó quince temas y cuatro motivos diferentes, distribuyéndolos entre marchas gloriosas, fanfarrias y melodías representativas de personajes y situaciones que hablan de heroísmo, villanía, traición y amor.

En sus memorias, Rozsa recuerda: “En las secuencias de batallas de El Cid, los técnicos de efectos sonoros intentaban una y otra vez persuadir al director para que eliminase la música que interfería con sus preciosos “clangs”. Yo insistía en que, sin música, la escena perdía emoción. Durante el estreno sufrí un shock: en una secuencia la música paró de golpe cuando no había acabado. Y sólo para que se escuchase el “clang” de una espada”. La anécdota marca las diferencias creativas que el compositor sufría con los realizadores y los equipos técnicos, algo que el público ignora: el complicado quehacer de la cocina de un film, donde un enorme y sacrificado trabajo musical puede terminar descartado sin contemplaciones. Ejemplos de ello hay decenas.

Sin perjuicio del enorme trabajo de investigación de las raíces culturales e históricas de la música del período que quería representar fielmente, hay que destacar que la partitura cuenta con un gran porcentaje de música original de Rozsa, en rigor de verdad 33 de los 41 temas que componen la obra completa.

“Betrayal, Ambush”

“The Road to Asturias –  Thirteen Knights”

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UN OSCAR INJUSTO

Mención especial merece la bella melodía que el maestro escribió para “The Falcon and the Dove” (El halcón y la paloma), el característico tema de amor de Rodrigo y Jimena, que contó con una versión instrumental y una canción con letra del célebre Paul Francis Webster que no fue del gusto de Rozsa. La canción, que es interpretada por un coro, fue nominada al Oscar pero sucumbió ante la popular “Moon River” que Henry Mancini compuso para Desayuno con diamantes (Breakfast at Tiffany’s, Blake Edwards), interpretada por Audrey Hepburn. Lo mismo ocurrió con el Oscar a Mejor Música de Drama o Comedia, ambas fueron nominadas y ganó la de Mancini. Podríamos aceptar el premio para “Moon River” pues la competencia entre melodías es más discutible, la calidad e inspiración prima en la elección de una por sobre la otra, pero la inmensa categoría y riqueza de la partitura de El Cid, con un enorme trabajo de investigación sumado a la diversidad de temas y leitmotivs y a la tarea de arreglos y orquestación sinfónica de Rozsa, no tenía punto de comparación alguno frente a un Mancini que estructuró la banda sonora sobre la melodía de “Moon River” y la sazonó con un puñado de temas de raíz jazzística común a su estilo.

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El maestro Miklos Rozsa y Henry Mancini con Audrey Hepburn

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Letra de “The Falcon and the Dove”

Una campana suena en el silencio de la mañana

Un pétalo de rosa cae sobre los muros del castillo gris en algún lugar de España

Mi corazón canta. Oh, mi amor, te necesito

Un halcón en el amor puede ser domesticado por una paloma sólo en España

Usted vino a mí hace mucho, mucho,

Y cuando usted vino el fuego comenzó a crecer

Así que yo sabía, el amor, siempre va a ser el amor

Cuando la magia toma las alas y la gloria de los reyes ha volado

Aún serás mía y sólo mía

Una campana suena en el silencio de la mañana

Un pétalo de rosa cae sobre los muros del castillo gris en algún lugar de España

 

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UNA GRABACIÓN PROBLEMÁTICA

Rozsa viajó a Roma a finales del verano de 1961 para grabar la música que había escrito para la primera mitad de la película. Luego de un intensísimo trabajo de seis días, el compositor quedó, en sus propias palabras, “aturdido”, al escuchar en Londres las cintas que había grabado en Roma. “Todo sonaba plano, como una grabación pre-eléctrica a la antigua», recordaba. Un inesperado fallo técnico en el equipo había inutilizado los resultados, y la partitura entera tuvo que ser grabada de nuevo durante septiembre y octubre, esta vez con la Sinfonia of London, orquesta que había grabado recientemente la partitura de Ernest Gold para Éxodo (Exodus, 1960, Otto Preminger). Poco después de la última sesión de grabación, Rozsa viajó a Münich, y allí en dos semanas grabó 30 minutos de música y luego 12 minutos más para ser incorporados en el álbum que produciría la MGM Records que detentaba los derechos, aprovechando además la oportunidad para escribir breves y sutiles arreglos adecuando la partitura para una más agradable escucha doméstica. La orquesta que dirigió en esas grabaciones fue la Sinfónica de Münich, un distinguido grupo de concierto fundado en 1945 por Kurt Graunke, contando allí con el aporte del orquestador Eugene Zador.

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«Battle Preparations- Starvation Revolt»

«Ride to Valencia»

Sin embargo, todo este sufrido trabajo no se vería recompensado. Las nuevas modas de Hollywood imponían una musicalización más moderada y restringida en las películas, haciendo que la música de apoyo de escenas o incidental se viera reducida. Así, en post-producción los realizadores decidieron hacer una poda de veintitrés minutos de la partitura de Rozsa. El maestro se presentó muy contrariado ante Bronston e intentó convencerlo de mantener la música en su extensión original, pero el productor se rindió a las explicaciones artísticas que le brindó el director Anthony Mann, lo que le ganó el disgusto de Rozsa, quien rechazará el siguiente encargo que le ofrecería Bronston tres años después: la música para La caída del Imperio Romano (The Fall of the Roman Empire, 1964) que dirigió el mismo Mann. Esa banda sonora quedaría en manos de Dimitri Tiomkin.

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EDICIONES DISCOGRÁFICAS

El Cid era una producción de Samuel Bronston distribuida por Allied Artists. En esos momentos, Rózsa seguía bajo contrato con MGM, así que llegó a un acuerdo con Bronston por el cual prestaba los servicios del compositor a cambio de los derechos del álbum de la banda sonora. La exigencia de MGM estaba justificada pues Rózsa era, después de todo, su compositor «estrella», y los álbumes de Ben-Hur y King of Kings se habían convertido en títulos emblemáticos para MGM Records. Además, para encarar el trabajo en El Cid, Rózsa tuvo que renunciar a componer la música de Rebelión a bordo (Mutiny on the Bounty, Lewis Milestone, 1962), como se había planeado originalmente, debiendo entonces Bronislau Kaper asumir ese encargo para el estudio.

El álbum de la banda sonora de El Cid fue lanzado originalmente en vinilo por MGM Records (E/SE 3977) en 1961 en Estados Unidos, con una portada desplegable, seguido de posteriores ediciones en vinilo de Polydor en el Reino Unido en 1961 (2353 046) y MCA Records en los Estados Unidos en 1986 (25005). La primera discográfica en lanzar la banda sonora en CD fue EMI Europe (CDP 79 3301-2) en 1989, y la siguió Sony en los Estados Unidos en 1991 (AK 47704), y luego Chapter III (CH 37502-2) en 2001.

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Los masters de las grabaciones de Rozsa desaparecieron cuando los activos físicos de la empresa de Bronston pasaron por varias manos y se perdieron de manera inexplicable e irremediablemente. En los últimos años, nuevas surgieron nuevas ediciones realizadas por los directores James Sedares para Koch International (3-7340-2HI) en 1996 en Estados Unidos (versión muy criticada por los entendidos), y Nic Raine para Tadlow Music (TADLOW005) en 2008 en Gran Bretaña, conduciendo la City of Prague Philharmonic Orchestra and Chorus. Esta última edición se dispone en 3 CDs y reconstruye la partitura completa, con 140 minutos de duración con bonus tracks y 5 vídeos de las recording sessions. En 2009, el sello británico Silva Screen editó una versión de la Tadlow reducida a 2 CDs (SILCD1299).

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EPÍLOGO

Típica partitura de la Edad de Oro del cine americano, El Cid sufrió los vaivenes del cambio cultural de la música de cine en los albores de la década del sesenta y, por ello, no recibió el reconocimiento que se merecía, y el Oscar le fue esquivo. Para Rózsa, según confesó, la épica banda sonora le sirvió como un punto de inflexión para su carrera, pero lo cierto es que después de El Cid escribió trece partituras más, y ninguna de ellas alcanzaría su brillantez.

Con El Cid quedó demostrado el enorme poder de la música para profundizar el dramatismo de una película, haciendo que el lenguaje narrativo se eleve junto con la experiencia sensorial cinematográfica. Rozsa era un experto en estas cuestiones, un verdadero maestro con una inmensa capacidad para dar brillo musical a su inspiración.

“Valencia for the Cid!”

“The Legend and Epilogue”

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El Cid es, sin lugar a dudas, una obra magnífica, por su contenido, basado como vimos en una exhaustiva búsqueda de la autencidad musical histórica, y por su desarrollo apoyado en una instrumentación y orquestación tan espléndida como absolutamente ajustada. Una de las mejores bandas sonoras de la historia del cine. Una muestra indiscutible y perdurable del genio de Miklos Rozsa.

Por si hiciera alguna falta a estas alturas.

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Desde que se decidió su producción, en la MGM estaban determinados a que QUO VADIS (1951), fuera un film épico religioso tan históricamente preciso como fuera posible. Así que dieron instrucciones al compositor Miklos Rozsa para que se encargara de ello a conciencia. Rozsa, licenciado en musicología, hizo un esfuerzo considerable para cumplir con la demanda del Estudio, viajó a Roma para investigar textos y bajorrelieves antiguos, se empapó de toda la información que encontró relativa al período histórico que debía representar musicalmente, y consiguió crear una partitura memorable.

SOUNDTRACK MONTAGE Original Motion Picture Soundtrack IVANHOE (Richard Thorpe, 1952) tema en el montaje «Rebecca’s Love» tomado del CD editado por Soundtrack Factory – 2016 Music Composed and Conducted by MIKLOS ROZSA. Si te ha gustado este vídeo te invitamos a SUSCRIBIRTE a nuestro canal de Youtube THEMOVIESCORES.

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