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George Antheil

BIOGRAFIA

Trenton, New Jersey, Estados Unidos, 8 de junio de 1900 – New York City, New York, Estados Unidos, 12 de febrero de 1959 (59 años) 

 

El enfant terrible que abrazó el futuro y lo hizo música 

 

George Johann Carl Antheil fue un pianista y compositor norteamericano, uno de los máximos exponentes de la vanguardia musical europea durante los años veinte. Emerge como un joven marcado por el eco de las máquinas. Sus padres, Henry William Antheil y Wilhemine Huse, de antepasados alemanes y polacos, formaban una familia acomodada gracias a su negocio de venta de zapatos, y el pequeño George, envuelto en un hogar bilingüe y obsesionado por los teclados, pasaba tardes enteras descifrando armonías en medio del ruido de los talleres, hasta lograr que le trajeran un piano, lo que anticipaba su espíritu rebelde y creativo.

 

A los seis años comenzó a estudiar piano, y poco después lo enviaron a Filadelfia para formarse con Constantin von Sternberg, alumno aventajado de Liszt, del que aprende no sólo su virtuosismo al piano sino su profundo conocimiento en teoría musical. En 1919, se traslada a Nueva York para estudiar con el expresivo Ernest Bloch, quien en un principio rechazó los primeros intentos de Antheil por considerarlos “vacíos y pretenciosos”, pero terminó finalmente rindiéndose ante la energía desbordante del aprendiz, que se ganó el respeto del maestro.

 

Pletórico de audacia, le urgía componer, pero la falta de apoyo económico lo sumía en la desesperanza, hasta que conoce a Mary Louise Curtis Bok, esposa de Edward Bok, que en 1923 fundaría el famoso Curtis Institute, y se convertiría en su mecenas luego de que Antheil le enseñara los bocetos de una sinfonía en 1921.

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Así consigue la financiación que le permitirá dedicarse a la música durante las siguientes dos décadas sin tener que preocuparse por el dinero ni la subsistencia. En 1922, terminada su Primera Sinfonía (Zingareska), que es estrenada por Leopold Stokowski y la Philadelphia Orchestra en mayo de ese año, el joven Antheil se embarca con destino a Europa en busca de fortuna, ansiando convertirse en un “nuevo y notorio compositor y pianista ultramoderno”, según confiesa a sus más allegados.

 

La primera oportunidad se le presenta en junio de 1922, cuando da un concierto de piano interpretando obras de Chopin, Stravinsky y Debussy, a las que adiciona, como la tercera y última parte del recital, cinco piezas propias que la crítica recibe con beneplácito. El Telegraph las califica de primarias y novedosas, “vestidas de un inexplicable proceso alquimista”.

 

Tras ello, Antheil viaja primero a Budapest y luego a Berlín, donde estrena con gran éxito su Primera Sinfonía, pero acuciado por problemas económicos se traslada a París, y allí conoce a Stravinsky, a quien reconoce como su mayor influencia musical. Allí también se codea con los más conspicuos exponentes de la avant-gardé y el dadaísmo: Picasso, Satie, Pound, Yeats, Man Ray, Hemingway y Joyce lo abrazaron como portavoz musical del futurismo, y con ellos entabló gran amistad.

 

El interés de Antheil por el modernismo y el futurismo le hace ganar el apelativo de enfant terrible, y lo lleva a crear su célebre Ballet Mécanique, cuyo éxito y fama le significaron, al mismo tiempo, su mayor estigma, pues no consiguió nunca componer una obra que pudiera eclipsarla o, al menos, igualarla. La pieza la compuso para acompañar el cortometraje dadaísta homónimo, dirigido por Dudley Murphy y Fernand Léger, con fotografía de Man Ray, que se estrenó en Viena en 1924.

George Antheil biografía
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Su impresionante y absolutamente vanguardista orquestación la concibió para dieciséis pianolas en cuatro partes, dos pianos, tres xilófonos, siete campanas eléctricas, tres hélices de avión, una sirena, cuatro tambores y un tam-tam. Sin embargo, las dificultades técnicas que derivaban de la programación de la obra, ya que resultaba imposible mantener tantas pianolas sincronizadas, hace que Antheil vaya modificando y adecuando la orquestación en nuevas versiones sucesivamente hasta 1953, cuando decide revisarla en profundidad y adaptarla a salas de concierto para tan sólo una veintena de instrumentos, entre los que incluye cuatro pianos.

 

La nueva instrumentación de la pieza fusiona ruidos y emplea el ritmo de la forma en que los futuristas italianos pretendían que debía concebirse lo que ellos denominaban “la nueva música del siglo XX”. Sin embargo, el estreno del Ballet Mécanique años más tarde en los Estados Unidos fue un completo y demoledor desastre, más que nada por el descontrol que ocasionaba el aire que expelían las hélices que formaban parte de esa peculiar instrumentación. 

 

Luego de esa explosión de vanguardia, su música se relajó: el jazz, el neoclasicismo y el neo-romanticismo se fueron infiltrando en su lenguaje musical. Al mismo tiempo comienzan los desencuentros con Mary Louise Curtis, cansada de la actitud de su protegido, abandonado a fiestas y reuniones elitistas, mientras este le exigía que le aumentara su asignación económica.

 

Fracasa con piezas como la Jazz Symphony y el Concierto para piano nº 1, y por ello acepta componer una ópera que llamará Transatlantic, con la que sí tendrá éxito y le abrirá las puertas de su Estados Unidos natal, donde le encargarán otra ópera, que será Helen Retires. Escrita junto a John Erskine y estrenada en 1934, esta obra le deparará otro nuevo fracaso.

 

De regreso a Europa, y con las transferencias de dinero de la Curtis suspendidas, intenta incursionar en el cine a través de Once in a Blue Moon (1935), una olvidable producción de Ben Hetch y Charles McArthur. Acuciado económicamente, no tiene más remedio que volver a América, aceptando la oferta de Hollywood de la mano de Cecil B. De Mille, para quien compone la música de Buffalo Bill (The Plainsman, 1936), y Corsarios de Florida (The Buccaneer, 1938).

En 1939 termina su Sinfonía nº 3 (American), considerada uno de sus mayores logros. Presionado por las deudas, advierte que debe hacer algo más que componer música. Así, se convierte en columnista de la revista Esquire, escribiendo sobre criminología, la Segunda Guerra Mundial o historias de amor.

 

Junto a su mujer, crea una columna muy popular destinada a corazones solitarios, la Boy Advises Girl. En 1941 colaboró con la actriz Hedy Lamarr en la invención de un sistema de salto de frecuencia (frequency-hopping) que más tarde se volvería clave en las telecomunicaciones modernas, y patenta también junto a la actriz un torpedo con control-remoto.

 

En 1942 compone la Sinfonía nº 4, evocadora de la guerra, construida como una circular tragedia optimista, tejida a partir de las noticias de Stalingrado y Polonia, que lo perturbaban mientras escribía. El éxito es brutal y supone para Antheil el respiro económico que necesitaba. Influida poderosamente por las composiciones de Shostakovich, la obra adopta la forma clásica de cuatro movimientos y está impregnada de un profundo pesimismo, fruto de la guerra que devastaba el mundo por entonces.

Gracias al éxito de la Cuarta Sinfonía, Antheil logra cierta independencia económica que le permite aceptar una nueva oferta de Ben Hecht para regresar al cine componiendo la música del film noir romántico El espectro de la rosa (Specter of the Rose, 1946), mientras mantiene una febril actividad creativa que le conduce a escribir nuevas óperas, un concierto para violín, música de cámara y sus dos últimas sinfonías, la nº 5 en 1947 y la nº 6 en 1948.

 

En 1949, Antheil firma contrato con Columbia y tiene la oportunidad de componer la música para cuatro películas de Humphrey Bogart: Tokyo Joe, Sirocco, In a Lonely Place, y Knock on Any Door. También escribe las bandas sonoras de Éramos Desconocidos (We Were Strangers, 1949), su única colaboración con John Huston; El fantasma del río (House by the River, 1950), a las órdenes de Fritz Lang; y El luchador de Kentucky (The Fighting Kentuckian, 1949) protagonizada por John Wayne.  

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En 1952, comienza una estrecha colaboración con el productor y director Stanley Kramer, cuyo primer proyecto en común, El francotirador (The Sniper, 1952), dirigido por el canadiense Edward Dmytryk, está considerado la obra maestra de Antheil en el cine. La segunda película con Kramer, también dirigida por Dmytryk, Hombres Olvidados (The Juggler, 1953), no alcanza esa excelencia.

 

Lanzado a la dirección, dejando la Columbia y asociado al productor Harry Cohn, Kramer rueda No serás un extraño (Not as a Stranger, 1955), un drama de gran factura técnica que propone interesantes cuestiones relacionadas con el ejercicio de la medicina; y Orgullo y pasión (The Pride and the Passion, 1957), ambientada en la invasión napoleónica de España, donde un grupo de guerrilleros capitaneados por Frank Sinatra y Sofía Loren, con la ayuda y asesoramiento del militar británico encarnado por Cary Grant, transportan un gigantesco y pesado cañón para que no caiga en manos de los franceses.

 

Antheil compone para este film una partitura épica con pinceladas de patriotismo hispano, inspirándose en el estilo de Manuel de Falla, con un bellísimo tema de amor, quizás el mejor de toda su carrera cinematográfica, que si bien no fue extensa, sí fue importante.

 

Llegó a firmar más de una treintena de bandas sonoras, entre las que se cuentan, además de las ya mencionadas, Angels Over Broadway, The Plainsman and the Lady, y That Brennan Girl. Orgullo y pasión tendrá el triste honor de ser la última banda sonora de George Antheil, que muere dos años después de un ataque al corazón a la edad de 58 años.

Antheil fue también novelista —Death in the Dark (1930) escrita bajo seudónimo—; autor del bestseller autobiográfico Bad Boy of Music (1945); crítico musical en Modern Music; y un curioso entusiasta de la endocrinología femenina (publicó el curioso Every Man His Own Detective).

Fue un compositor que jamás logró quitarse de encima el estigma de rebelde en una época convulsa social y musicalmente como lo fue la primera mitad del siglo XX, pero, al mismo tiempo, dejó una obra regada por las reminiscencias del estilo y la vieja escuela operística que dominó el siglo XIX.

 “En la Ópera del XIX”, explicó el propio Antheil en su autobiografía, “la voz y la orquesta siempre iban de la mano, y cuando era necesario contraponerlos musicalmente, todavía, en un sentido dramático, ellos presentaban diferentes aspectos de un mismo patrón. En el cine todo es diferente. Los personajes de un drama nunca conocen cuál será su destino, pero la música siempre lo sabe. Un comentario orquestal siempre es posible, pero éste puede comentar la acción sin necesidad de ilustrarla. La música de cine puede ir contra la voz y por supuesto, contra el diálogo, pero, y eso es lo mejor de todo, también contra el mismo concepto de acción”.

George Antheil biografía
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En un programa de radio de la CBC en 1950, le dijo a Lawrence Morton: “Los problemas que genera la música de cine son muy excitantes. El compositor pasa constantemente por diferentes situaciones dramáticas, pero todas ellas tienen un lugar común, todas reflejan su particular y peculiar estilo. Tú debes tener un especial instinto para la dramaturgia.

 

«Al componer muy pequeñas piezas tienes que encontrar el camino que las mantenga a todas ellas juntas. Esa cohesión, encontrar un sonido musical para la película es lo más difícil. Y esto es lo que une a la música de cine y la vieja ópera. Ésta murió porque su uniformidad la convirtió en un cliché y ahora los compositores buscan un nuevo estilo de ópera. Creo que el cine se asemeja a escribir directamente ópera para la pantalla”.

 

George Antheil fue una figura cinematográfica en toda su dimensión, ello pese a que no se encontraba muy a gusto en ese ámbito y su mayor interés estuvo siempre en la música de concierto. Escuchó el insistente pulso del maquinismo, y supo reinventarse como cronista, cineasta sonoro, inventor y literato. Su vida fue música en constante metamorfosis, y su legado, entre pianolas, hélices, sirenas y torpedos, sigue resonando en cada acorde que abraza la audacia de su talento.

Eduardo J. Manola - 12 de agosto de 2020

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Sehnsuchtshafen
4 years ago

Wie kommst du darauf, dass Antheil sich «erfolglos» der spanischen Musik zu nähern versuchte?