Conocí a Irene Cantos a través de las redes sociales debido a su faceta de pianista, motivo por el cual fue portada de la revista La Mujer en la Música en octubre de 2023, debido a su entrega como intérprete y, sobre todo, a los dos álbumes digitales lanzado a mitad de aquel año, Reflets y Jeux, nucleados en torno a los compositores impresionistas más prominentes, caso de Debussy en el primero, y Ravel en el segundo.
Estos álbumes también incluían música de Manuel Ruíz del Corral, Ana Vázquez Silva, José Buenagu, Miguel Bustamante o Einojuhani Rautavaara, el compositor finlandés fallecido en 2016, y uno de los más importantes de aquel país tras Jean Sibelius, de cuyo estilo y cultura Irene es una gran admiradora.
De esta labor artística se han adjuntado enlaces de Youtube a la entrevista, para quien desee degustarlos. Muchos años de ejercitar un mínimo de ocho horas diarias desde los siete años, habiendo pasado por los conservatorios de Albacete (su ciudad natal), Castellón y Madrid, parecían perfilar hace tan solo dos años de manera incuestionable su futura trayectoria profesional consagrándose de manera absoluta a este instrumento solista. Hasta que llegó la pandemia.
Este inesperado cataclismo colectivo sacudió al mundo de manera dramática, obligando al confinamiento de la población. Tragedias sanitarias vividas aparte, también hubo muchas horas de las que ocuparse durante la forzada reclusión, y a Irene este lapso de tiempo le supuso un inesperado pero también inestimable paréntesis propicio a la reflexión, el momento oportuno para tomar distancia ante esa frenética actividad pianística desarrollada durante casi toda su vida.
Y de ahí, surgió una nueva pasión, la de la componer para el audiovisual, capaz de sentarla delante del ordenador y el teclado hasta doce horas diarias consecutivas. A partir de ese momento, su enfoque varió para ampliarse, y sin desdeñar el aprendizaje ejercitado a lo largo de años, Irene se presentó al concurso de los Gil Soundtrack Awards en aquel 2020, un año en el que se alcanzó una participación inédita, de alrededor de 250 compositores de todo el mundo, debido al citado confinamiento, cuya obligación de poner música al corto de la realizadora argentina Agustina Macri, Somos Tierra, Irene acometió con entusiasmo.
A pesar de no ganar (el premio lo entregaba su admirada Hildur Gudnadóttir), la experiencia le resultó tan grata que a partir de ese momento decidió explorar de cualquier modo y manera este desconocido terreno creativo.
A ello cabe añadir la lectura de algunas obras del poeta alemán Rilke, que han acabado de cimentar las novedosas convicciones de la joven pianista, pues tras la lectura de las Cartas a un Joven Poeta, Irene se aplicó a sí misma lo que ya en la Primera aconsejaba el poeta al joven Kappus, a saber, “adentraos en vos mismo e inspeccionad las profundidades de donde surge la vida; en su manantial encontraréis la respuesta a la pregunta de si tenéis que crear.
Tomadla tal y como suena, sin interpretaciones. Quizá resulte que estéis llamado a ser artista. Entonces aceptad vuestro destino y cargad con él, con su peso y su grandeza, sin preguntar por la recompensa que pudiera venir del exterior. El creador debe ser un mundo en sí mismo y tiene que poder encontrar todo en él y en la naturaleza a la que se ha unido”. Rilke define su respuesta como “honesta”.
De entre muchas otras, es una de las mayores cualidades que definen a Irene, y la que ella más aprecia. Por eso, aunque se le haya “olvidado” comentarlo en la entrevista, su película favorita es El Apartamento, de Billy Wilder. Hay que alabarle el gusto. Y tratar de animarla a responder a la pregunta del poeta: “¿Quién no se sentó aterrado ante el telón de su corazón?” En ello anda…