The Movie Scores titanes péplum Arrivano i titani

COLECCIÓN PÉPLUM

Los titanes (Arrivano i titani) (1962)

Arrivano i titani – March – music by Carlo Rustichelli

Los titanes (Arrivano i titani, Duccio Tessari, 1962). Italia-Francia. Con Giuliano Gemma, Pedro Armendáriz, Antonella Lualdi, Jacqueline Sassard, Sergey Nubret, Gérard Séty…

 

Cuando encara el rodaje de Los titanes, su ópera prima, el realizador Duccio Tessari ya ha participado en los guiones de sugestivos péplums como En la corte del Gran Khan (Maciste alla corte del Gran Khan, Riccardo Freda, 1961) o Puños de hierro (Maciste contro il vampiro, Giacomo Gentilomo y Sergio Corbucci, 1961). Su aportación a estos filmes se deja notar tanto en el perfil irónico conferido a Maciste (Gordon Scott) como en la comicidad de algunas situaciones de peligro. Todo ello podemos hallarlo también visitando la mitológica Los titanes, cuyo tratamiento humorístico impregna la partitura compuesta por Carlo Rustichelli, cuajada de jocosas citas musicales.

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La trama, escrita a cuatro manos entre Tessari y Ennio De Concini, explica como los dioses olímpicos maldicen al tiránico Cadmos, Rey de Creta (Armendáriz) por asesinar a su esposa para unirse a Ermione (Lualdi). La Sibila le advierte que alcanzará su fin cuando su hija legítima, aún un bebé, Antíope (Sassard), conozca a un hombre, «pero si la matase, en ese mismo instante el corazón del soberano dejaría de latir». Cadmos se rebela contra ellos, proclamándose único dios de la isla.

Seguidamente, presenciamos como la nueva Reina, desnuda y bajo la atenta mirada del Sumo Sacerdote (Fernando Rey en breve pero sustancioso papel), se deja impregnar por los vapores que la tornan invulnerable, al igual que hicieran con Cadmos. En una cita inspirada por el Sigfrido de Los Nibelungos: La muerte de Sigfrido (Die Nibelungen: Siegfred, Fritz Lang, 1924) o, pongamos por caso, el más cercano El tesoro de los Nibelungos (Sigfrido, Giacomo Gentilomo, 1957), durante el baño vaporoso, la mujer olvida despojarse del collar que representa al toro, icono cretense; paradójicamente, lo ha sustraído del cuerpo frío de su antecesora. Tessari retomará esa idea en el clímax.

Años después, Júpiter libera del inframundo al titán Crios (Gemma; rubio para la ocasión, en su debut como protagonista y encarnando al héroe que le proporcionaría merecida fama hasta su total consagración con el euro-western). Aunque los titanes sufren condena por desafiar al padre de los dioses éste les ofrece amnistía a cambio de que el menos fuerte pero más inteligente de los siete hermanos acabe con Cadmos.

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Giuliano Gemma como el titán Crios
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Crios y el cíclope

Crios pronto camina como un hombre entre los cretenses, «vulnerable, mortal». 

Las acrobacias del sonriente titán sobre los tejados y carpas cretenses eludiendo o debilitando el ataque de los soldados recuerdan las evoluciones de Burt Lancaster en El halcón y la flecha (The Flame and the Arrow, Jacques Tourneur, 1950) y El temible burlón (The Crimson Pirate, Robert Siodmak, 1952) -no resulta difícil ver en Aquiles (Séty), amigo mudo de Crios, un remedo del gesticulante Nick Cravat que acompaña a Lancaster en esos filmes-. Inciso: Gemma era un verdadero atleta, escogido por Tessari tras admirar su famoso salto mortal durante una pausa en el rodaje de Messalina (Messalina venere imperatrice, Vittorio Cottafavi, 1960), épico donde Tessari participó como guionista. Tessari fichó a «Cara de Ángel» Gemma tanto por su blanca sonrisa como, sobre todo, por no necesitar doble en las secuencias de acción. Fin del inciso.

Crios termina prisionero. Desde una obertura en el techo de la mazmorra subterránea donde comparte cautiverio, que, casualmente, comunica con la sala del trono -en una deliciosa idea de guión-, será el primer hombre que contemple, fascinada, la princesa, quien se halla cautiva como él, pero en su palacio de las mil y una noches, rodeada por sirvientes femeninas. El enamoramiento deviene inevitable. 

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Tessari da la vuelta a las convenciones del género al relegar la fuerza a un segundo plano en favor de la astucia y la agilidad de Crios. Otro cautivo, Rator (Nubret), «uomo forte» negro, lo reta en el calabozo para luego litigar contra él frente al rey. Mas Crios se zafa de su abrazo sin dificultad gracias al aceite con el que se ha untado, reduciendo a su oponente. El rubio termina ganándose la confianza del rey gracias al ingenio. Debe participar en una cacería humana contra Rator para poder ayudarlo a huir, saltando los dos al mar desde un precipicio (presumiblemente, Gemma sólo fue doblado aquí, por mostrar inseguridad a la hora de realizar esa caída libre desde 30 metros). Rator, en adelante, ejercerá como amigo a la par que compañero revolucionario: en un apunte cruel típico del péplum, lo contemplaremos maniatado, sufriendo la amenaza de un rodillo de púas.

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Durante el último tramo, cuando la situación se torna apurada para Crios, Júpiter libera a sus hermanos, quienes, al grito de «paso a los barbudos» y gracias a su musculatura, equilibran la desigualdad numérica. En la época, la referencia nada inocente al copioso bello facial de estos personajes hizo las delicias de los entendedores, pues con el apodo de «barbudos» fueron conocidos los guerrilleros de la -por entonces, idealizada- Revolución Cubana, «hombres que entraban y salían de la oficina de Cienfuegos», quienes, según Hugh Thomas, «no bebían, no saqueaban, se comportaban como santos; ningún ejército se había comportado así en La Habana». Precisamente, Tessari no rehuye el componente ideológico de la película, aunque lo reviste de comedia: el pueblo de Creta desconoce el significado de la palabra «libertad»; unos a otros se miran extrañados cuando Crios la pronuncia, sin embargo, al hacerlo, se inicia la revuelta contra la tiranía.

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Esta co-producción italo-francesa auspiciada por Franco Cristaldi, rodada, en su mayor parte, en tierras españolas, hace servir durante el prólogo y el clímax La Cueva de las Maravillas (Aracena, Huelva) -hermoso enclave cubierto por estalactitas y estalagmitas- como escenario natural para ilustrar La Gruta de los Vapores; también las visitas al infierno que salpican el metraje. Por otro lado, la arena donde, bajo la mirada de la corte, se derriba un toro -cita culta al personaje de Ursus- semeja una plaza de lidia; Tessari era aficionado a este salvaje festejo. 

Péplum de 107 minutos de duración -por tanto, superior a la media-, presupuesto holgado, verosímil ambientación, recurso al travelling para dinamizar las secuencias, Los titanes rebosa erudición clásica: recordemos como De Concini amalgamaba mitos de forma regocijante en los dos primeros «Ercole» que filmó Pietro Francisci.

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 Pues bien, con el concurso del jocoso Tessari, Los titanes no se queda atrás, llegando a introducir las apariciones de la Parca o el cíclope Polifemo, quien facilita a Crios el uso de los rayos «jupiterinos»; a mostrar el robo que el rubio perpetra en el averno, hurtando el casco de invisibilidad perteneciente a Plutón con el fin de rescatar a Antíope, presa en la isla de la Gorgona, monstruoso ser al que se enfrenta en combate singular…

El éxito rotundo de la cinta -que incluso propició la composición del twist “Arrivano i titani” de Gianni Meccia- no impidió que Gemma fuese relegado a labores de co-protagonista en los siguientes péplums donde intervino. La razón, a mi juicio, estriba en el hecho de que, pese al giro desmitificador propuesto por Los titanes, el género seguía exigiendo al héroe con hipertrofia muscular o, cuanto menos, algún galán norteamericano consagrado.

Gemma debería aguardar a los «Ringo» de Tessari para convertirse en una estrella nacional. Eso sí, del spaghetti-western.

Intersante vídeo de promoción de Arrivano i titani, presentado por el director Duccio Tessari, en el que Gianni Meccia canta el tema del film

COLECCION PEPLUM Colonna Sonora Originale I GIGANTI DELLA TESSAGLIA aka: GLI ARGONAUTI (1960) temas en el Video Montaje: «Il vello d’oro» «Apoteosi» Música CARLO RUSTICHELLI Conducida por Franco Ferrara

COLECCION PEPLUM Colonna Sonora Originale ERCOLE E LA REGINA DI LIDIA aka: HERCULES UNCHAINED temas en el Video Montaje: «Titoli – Con te per l’eternitá» Música ENZO MASETTI «Con te per l’eternitá» Música y letra ENZO MASETTI, CARLO SAVINA & DARIO BERNAZZA

La obviedad conceptual marcaba que el prestigioso Miklos Rozsa, ya consolidado en el género, era el ideal para componer la banda sonora de Espartaco, pero Douglas y Kubrick no querían ser obvios, ni convencionales, querían romper el molde, querían evitar la impronta musical del maestro húngaro, su sonoridad grandiosa y espectacular apoyada en los vientos y metales…

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