La historia de la canción «Stayin’ Alive» no puede separarse de la película para la que fue concebida, Fiebre del sábado noche (Saturday Night Fever, 1977). Ver a Tony Manero (un jovencísimo John Travolta) pateando las calles de Nueva York con sus botas rojas de tacón cubano al ritmo machacón de aquel endiablado riff tocado al unísono por el bajo y la guitarra, nos transporta mágicamente a la época de las camisas de cuellos infinitos, de las cadenas doradas sobre pechos peludos y de los peinados afro, en la que la vida ordinaria de este joven italoamericano se transforma cada sábado por la noche, cuando se convierte en una estrella de baile de una discoteca de Brooklyn.
La película, quizás sin proponérselo deliberadamente, catapultó ese fenómeno que fue la música disco, nacida del rhythm & blues de Filadelfia, desde el underground hasta el público masivo y la clase media
«Stayin’ Alive»
SATURDAY NIGHT FEVER (1977) – FIEBRE DEL SÁBADO NOCHE
Bee Gees: Fagocitados por la criatura
por Eduardo J. Manola
«Stayin’ Alive» – music by The Bee Gees
A mediados de los años setenta, el productor Robert Stigwood —mánager de los Bee Gees y dueño de la discográfica RSO— encargó al popular grupo manés británico escribir canciones para un proyecto cinematográfico aún embrionario, que ni siquiera tenía título definido; solo existía la idea general de una historia sobre la cultura disco.
Tras mucho pensar, Stigwood encontró la inspiración que buscaba en la revista New York, semanario dedicado a la cultura, el estilo de vida y la política de la ciudad, fundado por el editor Clay Felker y el ilustrador Milton Glaser como competencia del The New Yorker, que desde la década del veinte lideraba las noticias del ambiente social neoyorquino.
En 1976, New York publicó «Tribal Rites of the New Saturday Night» (Ritos tribales del nuevo sábado noche), un artículo del escritor británico Nick Cohn que describía la escena de la música disco de los setenta. Para escribirlo, Cohn investigó la subcultura de la clase trabajadora americana y, entre otros sitios icónicos, visitó la discoteca Odyssey 2001 en el barrio de Bay Ridge de Brooklyn. Todo lo que Cohn describió en el artículo, le sirvió a Stigwood para diseñar los ambientes, escribir el argumento y delinear los personajes que necesitaba para la película que tenía en mente.
Por su parte, los Bee Gees (los hermanos Barry, Robin y Maurice Gibb) venían de casi veinte años de carrera. Tras sus inicios como niños prodigio en Manchester, se mudaron a Australia, donde crecieron artísticamente, y regresaron a Inglaterra sumergiéndose en el pop barroco y la psicodelia, componiendo el magnífico álbum doble Odessa (1969) y Cucumber Castle (1970), y partiendo a América para consolidarse en el rock melódico y las baladas, hasta que fueron girando, por expreso pedido de Stigwood, en 1975, hacia la música bailable que los músicos negros estaban creando en Filadelfia, el germen de la música disco. Así estaban los Bee Gees cuando los llamó Stigwood para trabajar en su nueva idea cinematográfica.
EL ICONO DE LA MÚSICA DISCO QUE NACIÓ EN UN CASTILLO FRANCÉS
Cuando se definió el título original del film, Saturday Night, ya en la etapa de postproducción, Stigwood les pidió a los Bee Gees que compusieran una canción con ese nombre, para que sirviera de bandera a la película. En aquel momento, los hermanos Gibb estaban en Francia, trabajando en su nuevo álbum, Children of the World (1976), concretamente en el Château d’Hérouville, un castillo que el compositor francés Michel Magne había comprado en 1962 para convertirlo en su residencia e instalar su estudio privado de grabación.
Un incendio producido en mayo de 1969 destruyó buena parte de la mansión y Magne, comprometido económicamente, decidió convertir el castillo en un estudio-residencia para músicos, ofreciéndoles alojamiento, comida y sala de grabación. Por allí desfilaron artistas como Elton John, Pink Floyd, David Bowie, Jethro Tull o Cat Stevens.
Parte del material que los Bee Gees venían creando para Children of the World fue utilizado para alimentar lo que necesitaba la película de Stigwood, pero cuando encararon el encargo de componer «Saturday Night» se resistían, les causaba repulsión, porque había un tema de la banda escocesa The Bay City Rollers que se llamaba exactamente igual, y que era un éxito en 1976.
Por tanto, decidieron desecharlo e inspirarse en otra cosa. Así nació «Stayin’ Alive», que compusieron en una escalera del castillo, sin apoyarse en un guion concreto y sin ver imágenes de la película, lo que, por cierto, explica el carácter plenamente conceptual de la canción, que no describe escenas, sino una atmósfera.
Muy a pesar de la asociación que la canción tenía con las pistas de baile, los Bee Gees decidieron que el mensaje debía ser serio, debía mostrar la «supervivencia en las calles de Nueva York» y «la lucha cotidiana de su gente por mantenerse a flote».
Esa intencionada dualidad —ritmo festivo y mensaje sombrío— conectaba perfectamente con el tono real y el trasfondo social de la película que, más allá del espectáculo disco, buscaba retratar, aunque sin mojarse demasiado, la frustración social, la violencia y la escasez de oportunidades de la clase trabajadora urbana.
Letra en inglés y en español
STAYIN’ ALIVE
Well, you can tell
By the way I use my walk,
I’m a woman’s man:
No time to talk.
Music loud and women warm,
I’ve been kicked around
Since I was born.
And now it’s all right. It’s OK.
And you may look the other way.
We can try to understand
The New York Times’ effect
On man.
[Chorus:]
Whether you’re a brother
Or whether you’re a mother,
You’re staying alive, staying alive.
Feel the city breaking
And everybody shaking,
And we’re staying alive,
Staying alive.
Ah, ha, ha, ha, staying alive,
Staying alive.
Ah, ha, ha, ha, staying alive.
Well, now, I get low and I get high,
And if I can’t get either,
I really try.
Got the wings of heaven on my shoes.
I’m a dancing man
And I just can’t lose.
You know it’s all right. It’s OK.
I’ll live to see another day.
We can try to understand
The New York Times’ effect
On man.
[Chorus]
Life going nowhere.
Somebody help me.
Somebody help me, yeah.
Life going nowhere.
Somebody help me.
Somebody help me, yeah.
Staying alive.
MANTENIÉNDOSE VIVO
Bueno, puedes notar
Por la forma en que camino,
Que soy un hombre de una mujer:
No hay tiempo para hablar.
La música alta y las mujeres cariñosas,
Me han echado
Desde que nací.
Y ahora está bien. Está bien.
Y puedes mirar al otro lado.
Podemos intentar comprender
El efecto del New York Times
En el hombre.
[Estribillo:]
Tanto si eres un hermano
Como si eres una madre,
Te mantienes vivo, te mantienes vivo.
Sientes la ciudad quebrarse
Y a todos temblar,
Y nosotros nos mantenemos vivos,
Nos mantenemos vivos.
Ah, ha, ha, ha, nos mantenemos vivos,
Nos mantenemos vivos.
Ah, ha, ha, ha, nos mantenemos vivos.
Bueno, ahora, me deprimo y me alegro,
Y si no puedo ninguna de las dos cosas,
Realmente lo intento.
Tengo las alas de cielo en mis zapatos.
Soy un hombre de baile
Y no puedo perder.
Sabes que está bien. Está bien.
Viviré para ver otro día.
Podemos intentar comprender
El efecto del New York Times
En el hombre.
[Estribillo]
La vida no va a ninguna parte.
Alguien que me ayude.
Alguien que me ayude, sí.
La vida no va a ninguna parte.
Alguien que me ayude.
Alguien que me ayude, sí.
Me mantengo vivo.
Cuando se la presentaron, Stigwood puso cara de «esto no es lo que les pedí». «La tomas o la dejas», fue la firme y definitiva postura del trío, y sus argumentos terminaron por convencer al productor, quien más tarde vio cómo lo que le ofrecían fue mucho mejor que su idea original. Para compensarle, los Gibb le entregaron otro tema que sería también icónico, «Night Fever», y cuyo título conectaría con el de la película, que ya se llamaba, definitivamente, Saturday Night Fever. Y todos contentos.
Si bien hoy resulta inseparable la imagen de John Travolta caminando por Brooklyn, la canción no fue compuesta específicamente para esa escena. Sin embargo, en el montaje final, se convirtió en el eje de una de las secuencias más icónicas del cine, donde Tony Manero camina con confianza por la calle, la música marca el ritmo, identidad y actitud, y el personaje queda definido sin necesidad de diálogo.
LA GRABACIÓN: BROMA Y LATIDOS
«Stayin’ Alive» se grabó en los Criteria Studios de Miami, donde los Bee Gees grababan sus temas habitualmente. Maurice, el hermano multi-instrumentista de los Gibb, tocó el riff con el bajo, seguido de cerca por las guitarras de Barry y de Alan Kendall. Y allí ocurrió uno de los episodios más curiosos de la historia de la música pop.
El baterista Dennis Bryon tuvo que abandonar las sesiones por una emergencia familiar, y al no encontrarse un sustituto con la urgencia requerida, se tomó una decisión insólita: reutilizar unos fragmentos de la línea de batería de «Night Fever» y montarlo en bucle (loop) para construir el ritmo de «Stayin’ Alive». El resultado fue un beat mecánico, constante y casi hipnótico, que terminaría definiendo el sonido disco.
La genial solución no se conoció sino hasta tiempo después, cuando se supo que la acreditación de un tal «Bernard Lupe» como baterista (ficticio) en la canción, había sido una broma interna, un homenaje y una parodia indirecta a la técnica y pericia del percusionista y baterista, leyenda del funk, Bernard «Pretty» Purdie. El guiño confundió durante años a oyentes y periodistas, provocando además que muchos artistas buscaran infructuosamente a ese tal «Lupe» para contratarlo para sus propias grabaciones.
Más insólita resulta la anécdota que los Gibb contaron en una entrevista: cuando grabaron «Stayin’ Alive» quisieron imprimirle un ritmo acelerado, como emulando el corazón humano, así que hicieron que el teclista Blue Weaver se acostara en el suelo, le aplicaron unos electrodos en el pecho y los conectaron a la consola de grabación. En seguida, hicieron que el baterista, munido de auriculares, tocara el ritmo al compás de los latidos del corazón de Weaver.
Cuenta la leyenda que, años más tarde, un equipo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Illinois llegó a la conclusión, y así lo hizo saber en un informe científico, que la singular base rítmica de «Stayin’ Alive» era una guía ideal para escuchar mientras se realizan las típicas compresiones en el pecho para reanimar a una persona que acaba de sufrir un infarto, considerando que los 103 latidos por minuto que se registran en la canción configuran un ritmo preciso y efectivo para conseguir que un corazón parado vuelva a latir.
Así, la American Heart Association recomendó utilizar el ritmo de la canción para practicar las maniobras de RCP. De esta manera, podría decirse que, como sugiere el título de la canción, su ritmo, ese elemento de reanimación, ayuda al infartado a «mantenerse vivo».
BLANCO SOBRE NEGRO
Es un hecho que los músicos negros estuvieron en la cúspide de la mayoría de los fenómenos de la música pop, siempre llegaron primero. Pero 1977, y «Stayin’ Alive» vinieron a hacer «palidecer» esa primacía negra. Eso fue lo insólito, que unos chicos nacidos en la Isla de Man, británicos y más blancos que la leche, crearan el emblema, el mascarón de proa con el que la música disco rompería los moldes y se metería de lleno y con total justicia en esa cultura bailable de masas que habían inventado los negros, haciendo, además, que muchos, negros y blancos, ganaran muchísimo dinero.
Si bien «Stayin’ Alive» no había sido considerada en principio para ser lanzada como un sencillo, cuando la gente la escuchó en el tráiler de la película, miles de llamadas llegaron a las emisoras de radio preguntando adónde se podía comprar el single. Stigwood vio el filón y mandó a RSO a editar de inmediato la canción (acompañada por «If I Can’t Have You» en el lado B) antes del lanzamiento de la banda sonora en la que también aparecería.
Saturday Night Fever fue un éxito descomunal, y la banda sonora estaba en todos lados, marcando tendencia y convirtiéndose en el disco más vendido de la historia hasta la aparición del álbum Thriller de Michael Jackson. Transformó la música disco en un fenómeno cultural global, redefinió el papel del soundtrack como producto comercial autónomo, y convirtió a los Bee Gees en iconos de una era, que dominaron durante meses simultáneamente las listas con múltiples canciones relacionadas con el film, incluyendo la balada romántica «How Deep Is Your Love». Un caso casi sin precedentes.
«Stayin’ Alive» fue, en sí mismo, un fenómeno pop, un verdadero «himno» de la música disco que, sin proponérselo, cambió la estética musical de los Bee Gees y su propia vida. Cuando en febrero de 1978, el sencillo llegó al número uno del Billboard Hot 100 de los Estados Unidos, permaneciendo así durante cuatro semanas, nadie podía imaginar que los Bee Gees pudieran acabar fagocitados por su propio éxito. Es que, aunque les dio fama mundial, también los encasilló como «grupo disco», eclipsando otras facetas de su carrera. Ya no serían esa banda melódica, serían el símbolo blanco de la música bailable en todo el mundo.
Cuando ese fenómeno cultural comenzó a declinar y, a finales de los setenta, sufrió una fuerte y sostenida reacción «anti-disco», pasando de ser dominante a desprestigiado en pocos años, el nuevo status quo afectó negativamente a los Bee Gee. Pese a intentar denodadamente contrarrestar el estigma de ser una «banda de música disco», cosa que, en realidad, no eran, porque eran mucho más que eso, algo se había roto. Parecía que el público se había cansado de ellos.
Quizás el destino quiso que los tres chicos blancos pagaran de esa forma el atrevimiento de haberse apropiado de un estilo musical que, en principio, no les pertenecía.
Sin embargo, en el recuerdo de todo amante de la música bien nacido, siempre permanecerá grabado el desparpajo de aquel Tony Manero, bamboleándose por las calles de Nueva York al son del endiablado riff de la canción que lo convirtió en un sobreviviente, que lo ayudó a «mantenerse vivo», mientras el falsete de Barry Gibb, único e irrepetible, rompía con todos los moldes. Para deleite de blancos… y negros.