Billy Wilder, conocido por su maestría en el cine, también prestó atención a la música en sus películas, utilizando bandas sonoras para realzar el ambiente y la narrativa. Su enfoque musical varió según la película, desde melodías pegadizas hasta composiciones más sutiles, pero siempre buscando complementar la historia.
Cuando Cameron Crowe, en su libro Conversaciones con Billy Wilder (Alianza Editorial, 1999, pág. 138), le preguntó al director por qué razón había hablado poco de la música a lo largo de los años, este respondió:
«… porque soy incapaz de silbar, cantar o tocar el piano. Soy completamente amusical (sic). Pero soy musical en lo que se refiere a la música para una película. En ese aspecto, soy muy maniático».
Crowe le preguntó enseguida si «dedicaba mucho tiempo a las bandas sonoras de sus películas cuando las estaban componiendo».
«Sí, siempre», contestó Wilder, «y me las tenían que interpretar para asegurarme de que era la música que correspondía. Fuera [Frederick] Hollander o [Franz] Waxman, o incluso [André] Previn, que luego prácticamente se ha lavado las manos respecto al hecho de haber trabajado alguna vez en Hollywood.
» Se habría muerto de hambre y, sin embargo, en sus memorias o sus entrevistas dice que Hollywood le “sedujo”. Es algo del pasado y no está dispuesto a hablar de ello (risas). Le obligaron; estaban dispuestos a romperle los huesos si no hacía la banda sonora de… ¡no sé cuántas películas hizo!».