En sus inicios en la música cinematográfica, Elmer Bernstein recibió la ayuda de algunos de los más grandes compositores de aquella época, entre ellos, y en especial, de John Green y Alfred Newman. Así lo reconoció en distintas ocasiones. Además, confesó que sus más grandes ídolos eran Miklós Rózsa, Bernard Herrmann y Max Steiner, y que por entonces eran todos como una gran familia, algo que no considera no ocurrió en años posteriores. Sin perjuicio de ello, dijo haber notado algunos celos y envidia por parte de algunos colegas por el éxito que obtuvo su partitura para El Hombre del Brazo de Oro.