grindhouse - the movie scores

Estudio.

El creador de la prestigiosa revista argentina CINEFICCIÓN se suma a nuestra lista de colaboradores con este verdadero viaje en el tiempo a los recovecos de la historia de las producciones del género fantástico y de terror que pasaron por la televisión argentina en los albores de la década del setenta.

Nostalgia hasta los tuétanos, este recorrido por aquellas piezas tan bizarras como entrañables para todos aquellos que tuvimos la fortuna de vivirlas en cuerpo y alma cuando no existía internet ni reproductor alguno, es una cita imperdible para la evocación y el recuerdo. Un lujo que hacía tiempo esperábamos permitirnos se ha hecho realidad. Darío Lavia está aquí, apareciendo entre las sombras, corriendo el pesado telón de la memoria. Nos honra y enriquece TheMovieScores.

GRINDHOUSE y horror independiente en la TV argentina

por Darío Lavia

Cine clase B, exploitation, grindhouse, low budget movies, slasher, sleaze films, cine bizarro… en la década del ’80 ningún televidente tenía remota idea acerca de estos conceptos pero, sin darse cuenta, ya comenzaban a ser adoctrinados en la materia a través de la familiar pantalla televisiva. Y desde luego, no por una decisión consciente de los programadores de los canales por exhibir estas películas sino, simplemente y como ha ocurrido siempre, por mediar la fortuita circunstancia de venir en diversos paquetes para televisión.

 

Por su despliegue y puesta en escena, a primera vista, estas producciones podían ser tomadas como telefilmes… pero, en verdad, se trataban de productos cinematográficos cuya llegada a nuestro público sería a través de la televisión. De esta manera, el cinéfilo despierto pudo comenzar a tomar nota de estilos, estéticas y temáticas así como realizadores, productores y estudios especializados en un cine sórdido y oscuro cuyas cartografías y lineamientos aún no figuraban en ninguna bibliografía.

 

La primera asignación como realizadora para Stephanie Rothman, joven discípula de Roger Corman, sería Blood Bath (1966), teniendo que fusionar lo rodado previamente por Jack Hill con una película yugoslava adquirida por Corman y agregar escenas nuevas para que el conjunto maride bien… o al menos, maride. El Canal 11 de Argentina nos ofreció dos versiones de la misma película, una bajo el título de Cuadro de terror y otra como El rastro del vampiro. Ambas se vieron, con meses de diferencia, en el primigenio Cine fantástico de 1970.

 

Lustros más tarde, The Velvet Vampire (La vampiresa, 1971), otra realización de Rothman y Night of the Cobra Woman (La noche de la mujer cobra, 1972) de Andrew C. Meyer, ambas para New World, el sello de Corman, impregnaron los bulboraquídeos de los trasnochadores ochentosos.

Fue David L. Hewitt otro independiente de quien se vieron Dr. Terror’s Gallery of Horrors (Regreso al pasado, 1967) y Journey to the Center of Time (Viaje al centro del tiempo, 1967),  ambas para un sello propio, American General Pictures. Una serie de desgracias relatadas por Fred Olen Ray en el libro «The New Poverty Row: Independent Filmmakers as Distributors» (McFarland, 1991), obligaron a AGP a arriar velas a fines de la década del ’60.

 

Hewitt, sin embargo, no se daría por vencido, estableciéndose como artesano freelance en FX y facturando un largometraje más, The Lucifer Complex (El complejo de Lucifer, 1978), que no llegó a tener exhibición en salas y pasó directamente a la televisión norteamericana… y más tarde, por gentileza de Los especiales de ATC, a la vernácula.

Blood Mania - 1970 - the movie scores

Colega suyo, el guionista Robert Vincent O’Neill intentó el camino de la dirección haciéndonos llegar una rareza sórdida titulada Blood Mania (Manía sangrienta, 1970). Pasarían lustros hasta que, alineado en las huestes de la New World Pictures (ya no propiedad de Roger Corman), realizara Angel (Ángel, 1987), thriller urbano cuyo éxito daría pie a varias secuelas. Ambas se vieron por la TV argentina.

DE LA TV AL CINE

John Florea, antiguo fotógrafo de la revista Life, se dedicó a dirigir para televisión, pero en sus tiempos libres realizó junto al buzo Ricou Browning Island of the Lost (La isla perdida, 1968) sobre unos náufragos que arribaban a las costas de una isla prehistórica. Más tarde este film se convertiría en papilla para paquetes de sindicación llegando también a una pantalla perdida: la argentina.

 

Podría decirse que Frank Telford fue pionero de la TV, dirigiendo series para el medio a comienzos de los años ’50, convirtiéndose más tarde en productor eficaz y prolífico. En Sábados de súper acción se vio su único largometraje cinematográfico, Bamboo Saucer (El platillo volador, 1968), producto sobre OVNIS pero también peligro rojo (o mejor dicho, amarillo).

The Bamboo Saucer - 1968 - the movie scores
The Bamboo Saucer (1968)

También realizador abnegado de TV que se animó al cine fue Bernard Girard, de quien vimos en pantalla chica un filme fantástico que fue originalmente para cine: The Happiness Cage (El usurpador de la mente, 1972), opus de ciencia ficción hoy recordado como primer protagónico de Christopher Walken. 

 

Otro realizador de extensa foja televisiva, Alan J. Levi, se tomó un descanso del agobiante ritmo en el lote de Universal Television para filmar un slasher canónico titulado Blood Song (1982). A pesar de que era la época de ebullición del subgénero, Levi retomó de inmediato su agenda de series y telefilmes y hoy en día los historiadores mencionan Blood Song por haber sido afectado por el infamante sello «Video Nasty» en Gran Bretaña.

 

Felizmente la cúpula de programadores de Canal 11 no se lo tomó tan a pecho, y la largaron un atardecer de Sábados de súper acción con el excitante título de La demencia y el hacha.

La primera impresión acerca de The Resurrection of Zachary Wheeler (La resurrección de Zachary Wheeler, 1971) es que se trata de un telefilme pero no, fue una realización cinematográfica grabada en videotape y transferida a fílmico para su exhibición en salas. Su director, Bob Wynn, se dedicó el resto de su carrera a dirigir eventos y tómbolas televisivas.

INDEPENDIENTES E INTEGRADOS

Uno de los más famosos destajistas del horror, Al Adamson, también estuvo poblando nuestros recovecos de la memoria en los años ’80.

 

Blood of Dracula’s Castle (Sangre para Drácula, 1969), Horror of the Blood Monsters (Los hombres vampiros, 1970) y Blood of Ghastly Horror (El hombre con el cerebro sintético, 1972) asomaron en las trasnoches de nuestra pantalla chica pero, sin duda, su opus más popular (a juzgar por la cantidad de veces que Canal 11 lo reprisó a mediados de los ’80) fue Dracula vs. Frankenstein (1971), a pesar que primero había impactado en cines bajo el extravagante título de Las orgías de Drácula.

 

Otro realizador de las lides del exploitation, Carl Monson, filmó en la década del ’70 una media docena de títulos de los cuales la TV argentina nos ofreció solo el primero, Blood Legacy (Legado de sangre, 1971), que usualmente surcó el Cine de trasnoche de Canal 11, tal vez debido a que los programadores no se animaban a darlo más temprano.

 

Del ignoto Larry G. Brown se vio An Eye for an Eye (Psicosis mortal, -1973), realización que podríamos considerar perteneciente a la categoría grindhouse. Este rótulo también se aplica a Warlock Moon (El círculo demoníaco, 1973) de otro ignoto, William Herbert, que pesadilleó a los trasnochadores habitués de Aurora Grundig y también del 13.

Dracula vs Frankenstein - the movie scores
Dracula vs. Frankenstein (1971)

Si hablamos de grindhouse, un prócer de la especialidad fue Andy Milligan, autodidacta que se lanzó a escribir, producir y dirigir cine exploitation para proyectarse principalmente en el circuito de cines especializados. Su primer opus que cruzaría el Río Grande sería The Ghastly Ones (1968), estrenada en México como Espectros.

 

Una década más tarde, Milligan reharía aquel mismo argumento pero bajo el título de Legacy of Blood (Legado de horror, 1978), largometraje que convertiría a Canal 13 en involuntario emisor de cine grindhouse al proyectarla en su Trasnoche 13 una otoñal noche del ’86.

 

De los nueve largometrajes del adalid de los independientes William Girdler, Asylum of Satan (El asilo de Satán, 1972), su debut directorial, y The Manitou (El manitú, 1978) nos llegaron vía catódica, este último convirtiéndose en oneroso caballito de batalla de Canal 11 y, a la postre, traumático ícono de culto para sus precoces televidentes.

Auténtico clan dedicado en cuerpo y alma al fantástico, papá Albert y sus hijos Charles y Richard Band son responsables de una imponente filmografía volcada al terror y a la ciencia ficción. Luego del éxito mayúsculo de Noche de brujas de John Carpenter, la compañía que lo distribuyó, Compass International Pictures, cobró instantáneo prestigio. 

 

En afán de ampliar sus fronteras, Charles colocó con tal compañía dos producciones propias al hilo: la primera, Tourist Trap (Museo de la muerte, 1978), dirigida por David Schmoeller, llegó a nuestros cines; pero la segunda, The Day Time Ended (El fin del tiempo, 1980) de John Bud Cardos, solo lo hizo vía televisiva, por donde la detectamos en Cablevisión en 1987 y en Súper acción en 1989.

 

Empecinado, Band no cejaría hasta conformar una red propia de producción y distribución, que se llamaría Empire y, luego de su debacle, una segunda intentona que sería Full Moon. Entre ambas, coparían el mercado hogareño del VHS y la TV por cable, aunque esa es otra historia.

 

De los varios filmes de terror realizados por otro guerrero del cine, William Grefé, la TV argentina solo propaló Stanley (íd., 1972), una especie de Ben, la rata asesina pero con ofidios, vista en el Cine de suspenso de Canal 9 allá en 1980.

 

De Charles B. Pierce, aventurero de los géneros, se vieron solamente Town That Dreaded Sundown (El pueblo que temía el anochecer, 1977) y Legend of Boggy Creek (La leyenda del arroyo Boggy, 1972), sobre cierta criatura pariente cercana del Piegrande de los bosques. Con el correr de los años el tema daría pie a varias secuelas, de las que la TV argentina ofrendó Return to Boggy Creek (Regreso al estero pantanoso, 1977), filmada por Tom Moore.

 

Colega de Pierce, Earl Smith le prestó una mano para varios de sus guiones, animándose a realizar su única película como director, The Shadow of Chikara (La montaña de las sombras, 1977), cuyo carácter de culto menor sería establecido por su emisión en Viaje a lo inesperado y, años después, Súper acción.

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Charles Band con TheMovieScores en Sitges 2019, con su ejemplar de Cineficción

Joy N. Houck Jr. debió ser un amante del terror y la ciencia ficción; su padre, Joy N. Houck había fundado la distribuidora Howco para aprovechar una cadena de docenas de salas en el medio oeste norteamericano. Houck Jr. dirigió en los ’70 una media docena de largometrajes pero por azares de sindicación televisiva, solo llegaría a nuestras retinas Creature from Black Lake (La criatura del lago negro, 1976), que tocaba un monstruo aledaño al de Boggy Creek.

 

Bill Rebane, especialista en fantástico independiente oriundo de Letonia, realizó una loca filmografía de terror y ciencia ficción durante los ’70. Tres de sus películas se vieron por la televisión argentina: Invasion from Inner Earth (Invasión del centro de la Tierra, 1974), The Alpha Incident (El incidente Alfa, 1978) y The Capture of Bigfoot (La captura de Bigfoot, 1979). Sin embargo, no por ello cobraron status de culto.

 

Para terminar con la temática de Piegrandes, también circuló en nuestras pequeñas pantallas la extraña película de Donn Davison titulada Legend of McCullough’s Mountain (El monstruo de la montaña, 1976), en verdad un descarado remontaje de Legend of Blood Mountain (1965), producción de terror regional con tintes cómicos. El resultado final, por su carácter sórdido y oscuro, quedó predestinado a las trasnoches u otro horario marginal.

Invasion from Inner Earth - 1974 - the movie scores
Invasion from Inner Earth (1974)

James T. Flocker, multitasking hombre de cine, se vinculó con Gold Key, distribuidora de cine para TV que le hizo circular dos oscuridades del género, Ghosts That Still Walk (Sentencia infernal, 1977) y The Alien Encounters (Encuentros extraterrestres, 1979). Como corresponde a toda rareza con semejante título, Viaje a lo inesperado las estrenó para consumo de su ávida grey.

 

John Patrick Hayes fue otro incansable trabajador del cine que comenzó con un cortometraje nominado al Oscar en 1959 pero el resto de su carrera iría por senderos más oscuros. De sus tres películas de terror de los ’70, la TV argentina nos ofrecería solo una, Grave of the Vampire (La tumba del vampiro, 1972), que asomó en el Cine de suspenso de Canal 9.

 

Legado de un veterano, luego de una extensa carrera pródiga en títulos fantásticos, Nathan Juran se retiró con The Boy Who Cried Werewolf (Maleficio de la luna llena, 1973). Pero no nos llegó a salas cinematográficas sino al Cine fantástico de Canal 11 (y años después, Súper acción).

 

Párrafo aparte merece Mike Findlay, que junto a su esposa Roberta, confeccionaron toda una filmografía de cine erótico y kinky. Si bien su conexión con Argentina proviene de The Slaughter (1971), exploitation de los crímenes del clan Manson, nuestra TV solo consiguió darnos su siguiente opus, Shriek of the Mutilated (El aullido del mutilado, 1974), que damnificó las sinapsis del público de Súper acción de principios de los ’90.

El filipino Eddie Romero es aludido por historiadores y fans como autor de la trilogía de Blood Island. Pero en virtud de nuestros visionados televisivos se lo ubica por Twilight People (El creador de monstruos, 1972), adaptación del Dr. Moreau de H.G. Wells con John Ashley y, especialmente, Beyond Atlantis (La tribu de los ojos perla, 1973).

 

Superstition (Superstición, 1982) de James W. Roberson no provenía de Hollywood sino del Canadá, producida por los agitadores de taquillas Mario Kassar y Andrew Vajna para el sello Carolco. Pero no llegó a los cines argentinos sino a un ciclo propio de los sábados a la noche, Hollywood en castellano, impresionando a la generación que pudo verla en cualquiera de las dos emisiones que Canal 11 registró en la temporada ’87.

AIP Y GRINDHOUSE

Producido por AIP para cines, Blood and Lace (Sangre y encaje, 1971) de Philip S. Gilbert, fue otro legítimo grindhouse, con gore y desnudos, que lógicamente habrán quedado fuera de las copias que Canal 11 ofreció en Hollywood en castellano.

 

AIP también fue responsable de la proliferación de un breve ciclo de hombres de dos cabezas, que se inició con The Incredible Two-Headed Transplant (El monstruo de dos cabezas, 1971) de Anthony Lanza y The Thing With Two Heads (El regreso del monstruo de dos cabezas, 1972) de Lee Frost. A esta se sumaría Deahtmaster (El ataúd maldito, 1972) dirigida por el actor Ray Danton, con su anacrónico atractivo de hippies vampiros; las tres poblarían las grillas de Viaje a lo inesperado.

 

Antes de encauzar su carrera a la realización de telefilmes y de cine catástrofe para la gran pantalla, Jerry Jameson anduvo por el pantanal del cine oscuro e independiente, ofreciendo Bat People (Gente murciélago, 1974), otra rareza de AIP que veríamos por TV.

Trabajador del fotograma y polifacético, Arthur Marks tendría un período de ebullición en los ’70, contribuyendo al ciclo de blaxploitation de AIP. Una de esas rarezas fue J.D.’s Revenge (1976) con Lou Gossett Jr., vista en Viaje a lo inesperado como La venganza de J.D. Walters y rebautizada por Canal 11 con el sensacionalista título de Reencarnación diabólica.

 

Otro que comenzó en AIP (cuando aún Corman trabajaba para el estudio) fue George Edwards, que luego pasaría a Realart de Jack Broder y, tras varias temporadas abocado al medio televisivo junto a Curtis Harrington, se animaría a dirigir el que sería su único largo, The Attic (El desván, 1980), programado en la Trasnoche de terror de Canal 5 de Cablevisión a mediados de los ’80.

 

El neoyorquino Lee Madden, que irrumpió a fines de los ’60 como realizador de algunos films de motoqueros para AIP, fundaría su propio y efímero estudio para Night Creature (La criatura nocturna, 1978), film del subgénero horror animal con Donald Pleasence que no fue de lo más memorable emitido por Viaje a lo inesperado.

IGNOTOS Y DESCONOCIDOS

Para los historiadores, Octaman (íd., 1971) de Harry Essex fue la primera asignación cinematográfica de Rick Baker (dedicado a la fabricación del hombre pulpo del título), pero para nosotros fue otra creature feature tardía de Súper acción a principios de los ’90.

 

De Eddie Saeta sabemos que empezó en Columbia como cadete de mandados y se hizo eficaz asistente de dirección. A lo largo de su carrera desempeñó esa tarea en ocho producciones de los Tres Chiflados. Eso puede explicar el contacto previo que lo llevó a contratar a Moe Howard para una última aparición como comic relief en Doctor Death, Seeker of Souls (Doctor Muerte, buscador de almas, 1973), único opus directorial de Saeta santificado por Viaje a lo inesperado y Súper acción.

 

The Severed Arm (El brazo mutilado, 1973), del realizador de nudies Thomas Alderman, fue otra rareza ignota del cine exploitation de los ’70 pero conocida en virtud de Súper acción a mediados de los ’80.

 

A pesar de ser producida y distribuida por la Fox, The House on Skull Mountain (La montaña de la calavera, 1974), única película de Ron Honthaner, productor televisivo devenido en director, no nos llegó vía cines sino por el Cine de misterio de Canal 9, en los ’80.

 

Paul Maslansky, otro entrepeneur del séptimo arte, se dedicó a mediados de los ’70 a concretar la que sería su única película como realizador, Sugar Hill (El ejército de los zombies, 1974). Viaje a lo inesperado, Súper acción y hasta el Kenia Sharp Club se encargaron de inocularla para siempre en nuestro galpón de la memoria catódico.

Octaman - 1971 - the movie scores
Doctor Death Seeker of Souls - the movie scores
The Severed Arm - the movie scores
The House on Skull Mountain - the movie scores
Sugar Hill - the movie scores

Otro ignoto, Richard Ashe, fue responsable de Track of the Moon Beast (La bestia de la luna, 1976), creature feature setentera cuyo rastro se pudo seguir por Viaje a lo inesperado, seguidamente Canal 11 y luego en la TV del interior.

 

William R. Stromberg, artesano también de un solo título, legaría una creature feature que pareció no haberse visto más allá de algunas tardes domingueras de ATC, The Crater Lake Monster (El monstruo de la laguna, 1977).

 

Actor de carácter que intervino en algunas películas y series, Walter Stocker filmó un único largometraje, Till Death (Hasta que la muerte, 1978), que sería una especie de negocio de familia pues el guion fue obra de su hijo. Emitida sin penas ni glorias en horario de trasnoche, hoy pocos la rememoran.

 

La gran mayoría de estas películas impregnan cavernas y sinapsis de memorias aletargadas de las generaciones que las visionaron precozmente, en la comodidad de un sillón, o de manera furtiva, a través de una puerta entreabierta o bajo los pliegues de una frazada. Sus escenas han provocado traumas, esto es, recuerdos fuertes, que quedan alojados en esos pliegues de la mente donde guardamos las percepciones infantiles y los recuerdos que nos acompañarán hasta el fin.

The Crater Lake Monster - the movie scores
The Crater Lake Monster (1977). Primer trabajo de Phil Tippet como constructor de miniaturas

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Darío
1 year ago

Excelente maquetación, querido, muchas gracias!